Previamente en A las 21 en
CrossFit:
Los chicos descubrieron un
congelador en el depósito del gimnasio, el cual podría contener el cadáver de una mujer desaparecida, quien a su vez fue la novia
de Jose, el otro entrenador.
Mientras tanto, en la
noche de año nuevo, Carla descubrió que Emma tuvo el congelador perdido durante todo este
tiempo aunque ninguno de sus compañeros sabía nada.
1.06
¿Quién es el Lobo?
I
La Noche de Año Nuevo
Carla estuvo a punto de
echarle el discurso sobre la traición y los amigos que probablemente Emma perderá, por haber tenido en su
poder el congelador que era la pista que buscaban para develar el misterio,
cuando su celular sonó.
CARLA: ¿Lucy?
LUCILA: ¡Carla!
¡Apareció Álvaro!
Carla sintió una puntada de pánico en el pecho.
CARLA: ¿Vivo?
LUCILA: Claro que vivo,
sonsa.
CARLA: Qué bajón. ¿Ya
hablaste con él?
LUCILA: Me dijo que tenía que contarme lo que le
pasó, porque llegó sucio a casa, como si hubiera tenido una pelea. Ahora se fue a
dar un baño y luego hablaremos.
Eso le daba un poco de
tiempo a Carla para adelantarse.
CARLA: ¡Lucy!
Tenés que venir ya mismo a verme. Estoy en... En... Estoy en trabajo
de parto.
LUCILA: ¿Qué?
EMMA: ¿Qué?
CARLA: Necesito que
sostengas mi mano mientras traigo un Carlito al mundo.
LUCILA: Carla, recién estuviste en mi casa. No
parecías embarazada.
CARLA: Oh, gracias, es por
el CrossFit.
LUCILA: ¿Hiciste
CrossFit embarazada?
CARLA: Por nada del mundo
abandonaría el CrossFit. Por eso me fui tan apurada de tu casa. Porque ya
estaba por nacer mi bebé.
LUCILA: ¡Te
fuiste porque te llamaron!
CARLA: Era el bebé.
LUCILA: ¿Tu
hijo que todavía no nació te llamó?
CARLA: Estas app de hoy en
día.
LUCILA: ¿Y
dónde estás?
CARLA: En la casa de Emma.
Tenés que venir ya.
LUCILA: ¿Por
qué estás en la casa de Emma?
CARLA: Porque... Emma es
el padre, Lucy.
LUCILA: ¿Qué?
EMMA: ¿Qué?
CARLA: Por eso quiero que
vengas. Si la Emmatitis es hereditaria, mi hijo se lesionará apenas respire.
LUCILA: ¡Dios
santo! ¡Tenés razón! ¡Voy para allá!
Y cortando la comunicación, Carla se alegró de que hayan conseguido
hablar con Lucy antes de que Álvaro le cuente la verdad.
EMMA: No me dijiste que
estabas esperando un hijo mío.
CARLA: ¿No
crees que tendríamos que haber hecho algo antes para que yo quedara embarazada?
EMMA: ¿Casarnos?
CARLA: Olvidate de eso,
Emma. Lo importante es que Lucy nos va a escuchar primero a nosotros. De esa
manera, podemos explicarle por qué Álvaro fue atacado.
II
3 Semanas Atrás
Vanesa suspiró con genuina emoción mientras Juan le llenaba
la copa de champaña para brindar. Finalmente se encontraba de vacaciones, lejos del
estrés laboral y dispuesta a disfrutar una semana de hermosas playas y
ninguna responsabilidad.
Estaban en la arena,
sentados en unas reposeras, en plena noche y con la luna reflejándose sobre el agua.
VANESA: No sabés lo desesperada que
estaba por un poco de paz y tranquilidad. Es extraño para mí sentirme relajada, sin
ninguna clase de preocupación.
ARIEL: ¡Vane!
¡Vane!
VANESA: Hasta creo que aún lo escucho a Ariel.
ARIEL: ¡Vane!
¡Juan!
JUAN: Ariel...
Y como si fuera el
monstruo legendario que emergía del agua dispuesto a devorarlos, vio a Ariel correr hacia ellos
con tanto entusiasmo que ella sintió que todos sus esfuerzos por relajarse quedaban truncados.
VANESA: Decime que me
golpeé la cabeza y estoy teniendo alucinaciones.
ARIEL: ¡No!
¡Ninguna alucinación! ¡Soy yo, de verdad!
VANESA: Ariel... ¿Qué hacés... Acá? ¿A tres mil kilómetros de nuestra ciudad? ¿En la misma ciudad que yo? Y en esta playa donde... no hay
muchos testigos.
ARIEL: Escuché que ibas a venir aquí para relajarte y
olvidarte de las responsabilidades. Pensé que yo también necesitaba eso. Ya sabés que todo lo que me estresa tu grupo. Así que al menos estaremos
juntos en estas vacaciones. ¿Por qué te estás comiendo tu propio
cabello?
III
Emir y Darío se encontraban frente a
la casa de Jose, el otro entrenador. Desde que se habían enterado que fue el
novio de la chica desaparecida, descubrieron que lo mejor que podían hacer era allanar
ilegalmente su morada. Porque de todos modos no creían que, si eran
descubiertos, la pena fuera menor con todo lo que hicieron previamente.
EMIR: Vane nos ordenó investigar aquí, pero no tenemos la llave
de la casa de Jose.
DARIO: Yo puedo hacer
llaves con mis dedos robóticos.
EMIR: Por supuesto que tus
dedos pueden convertirse en llaves. No sé cómo no lo intuí.
Y con unos sonidos metálicos, Darío metió su dedo dentro de la
cerradura y en un segundo, la puerta se abrió. Entraron.
DARIO: ¿Por
dónde querés empezar a investigar?
EMIR: Sé un lugar donde podemos
buscar primero.
Emir corrió hacia la habitación y Darío lo siguió.
DARIO: ¿El
cajón de su ropa interior?
EMIR: Es que... Los
asesinos siempre guardan algo aquí.
DARIO: Pero... ¿por qué la estás oliendo?
EMIR: Es que... Yo puedo
adivinar cosas de la gente... Oliendo su ropa interior. Ese es mi poder, Darío.
DARIO: ¡Genial!
¿Podrías oler la de Carla y ver si siente algo por mí?
EMIR: No, qué asco. O sea, quiero
decir, sólo funciona con chicos.
DARIO: Podríamos haber olido la de
Ariel cuando sospechábamos de él.
EMIR: ¡Pero
qué asco! O sea, quiero
decir... ¡Oh, qué tonto fui! No me avivé entonces.
DARIO: ¿Y
qué te dice la ropa de Jose?
EMIR: Que tiene sueños húmedos.
DARIO: Eso no nos sirve de
nada.
EMIR: Tal vez no te sirva
a vos. Pero de todos modos, me llevaré una prenda para analizarla en casa después. O sea... Más concentrado.
IV
Mientras tanto, Ivana,
Carla, Rodrigo y Adrián estaban por entrar al gimnasio cuando son abordados por Emma.
EMMA: Chicos, necesito la
ayuda de ustedes. Como Ariel no está, invité a Lucy a que venga con nosotros a entrenar. Y quiero aprovechar
el momento para recuperarla.
IVANA: ¿Vos
sabés que para recuperar algo antes tuviste que haberlo perdido, no?
EMMA: Bueno, tal vez
ustedes no lo sepan, pero Lucy y yo antes éramos novios.
CARLA: ¡Me
estás jodiendo!
EMMA: No, de verdad.
IVANA: Y ella... ¿Lo sabía?
EMMA: Claro. Como todas
las relaciones que genero, fue algo sano y nada posesivo. Por eso ahora quiero
separarla de Álvaro y que vuelva conmigo.
IVANA: Emma, Lucy lo eligió a Álvaro, vaya a saber uno
por qué. Pero nosotros somos sus amigos y debemos respetar sus...
CARLA: ¡Te
vamos a ayudar!
IVANA: ¡Carla!
CARLA: No creo que Álvaro sea el mejor para
Lucy.
El rostro de Emma se
iluminó.
EMMA: Es mejor conmigo, ¿no?
CARLA: De mis males, el
menos. Además, volvería a entrenar con nosotros, que es lo queremos.
El entrenador suplente
salió al exterior del gimnasio.
LUCAS: Chicos, pasen.
IVANA: Oh, por Dios, ¿qué está haciendo Lucas acá?
RODRIGO: Creo que es obvio
que lo está reemplazando a Ariel.
IVANA: Me doy cuenta de
eso, Rodrigo. ¡Lo grave es que Emir y Darío se fueron a revisar la
casa de Jose! Él puede aparecer donde están ellos en cualquier momento.
RODRIGO: Cuando tengan que
investigar a alguien, avísenme. Tengo un poder muy copado donde puedo saber cosas de la
gente con sólo oler su ropa interior.
CARLA: Dejame adivinar. Sólo funciona con hombres, ¿no?
RODRIGO: Sí, ¿cómo sabías?
EMMA: ¿Podemos
dejar de hablar de cosas intrascendentes y concentrarnos en lo que realmente
nos importa? O sea, ¡yo!
V
Hace un año atrás.
Para entender la mágica historia de amor
entre Emma y Lucy, más su posterior separación, tenemos que retroceder unos meses en el tiempo.
Comenzó como un baile formal,
pero no pudieron separarse en toda la noche. Todo marchaba bien y parecía que el cuento iba a
terminar allí, pero Lucila entonces consultó su reloj.
LUCILA: ¡Me
tengo que ir! ¡Ya es medianoche!
EMMA: Pero recién son las 12.
LUCILA: Por eso dije que
ya es medianoche. Me tengo que ir, lo siento mucho.
Y corriendo como una
posesa, Lucila salió del baile mientras escuchaban las campanadas de fondo, anunciando
que su tiempo se terminaba. Pero en la escalera, perdió un zapato de cristal.
Como ya no podía volver por él, lo dejó allí y continuó su carrera hacia el carruaje.
Emma no consiguió encontrarla, pero sí encontró su zapato.
EMMA: Esto es lo único que me queda de ella.
Ahora sólo debo armar un plan increíblemente complicado, como el de ir pie por pie con cada
mujer del reino hasta que encuentre a la chica a la que le entre este zapato,
ya que soy incapaz de acordarme de su cara y además no creo que otra mujer pueda calzar igual.
ALVARO: Si querés, yo puedo hacer ese
trabajo por vos.
Emma se encogió de hombro y le dio el
zapato al misterioso chico.
EMMA: ¿De
verdad? Genial, porque el plan me daba paja.
Y así fue como terminó lo que hubo entre Emma y
Lucy.
VI
3 Semanas antes de la
noche de Año Nuevo
En un lugar a dos días de distancia del
gimnasio, Vanesa no estaba pasando las mejores vacaciones de su vida. Entró en la habitación del hotel que alquilaban
con Juan, convertida en una furia.
VANESA: ¡No
puedo creer que Ariel esté en el mismo lugar que nosotros!
JUAN: Esta playa es
grande. Por suerte logramos confundirlo y abandonarlo en unas rocas, así que será cuestión de tiempo hasta que
alguien comience a aplaudir esperando que sus tutores vayan por él. Pero no seremos
nosotros, así que no va a molestarnos...
ARIEL: ¡Estas
cervezas no me gustan!
JUAN: ¡Hijo
de la re mil!
Vanesa y Juan miraron a
Ariel tirado en la cama, botella de cerveza en mano, quejándose como era su
costumbre.
VANESA: ¡¿Qué estás haciendo en nuestro
cuarto?!
ARIEL: Mi cama es muy
dura. Esta me gusta más.
JUAN: ¿Y
por qué no reclamaste en recepción?
ARIEL: Porque podía generar un clima de
hostilidad y ustedes saben que me destaco por mi capacidad de armar ambientes
relajados y amenos.
VANESA: ¡¿Te
parezco relajada y amena en este momento?!
ARIEL: No mucho. Necesitás vacaciones.
Juan decidió intervenir antes que
Vanesa lo asesinara.
JUAN: Ariel... ¿Por qué no vas a volar un rato? Mi avión está a tres cuadras de acá.
ARIEL: ¿En
serio? Pero no sé manejar un avión.
JUAN: Pero habrás visto a mucha gente
volar uno. Andá e intentalo.
ARIEL: Lo puedo romper.
JUAN: Es un riesgo que
estoy dispuesto a aceptar.
ARIEL: Oh, vamos, ¡llévenme a volar!
Juan suspiró ante los ojos de perrito
de Ariel.
JUAN: Oh, ¡está bien!
VANESA: ¡Juan!
JUAN: No puedo resistirme
a volar, Vane. No son oportunidades que se te abren todos los días.
VANESA: No te das una idea
de las que se te cierran hoy.
VII
Mientras que en la casa de
Jose, Emir se dio cuenta que Darío y él estaban a punto de dejar de estar de incógnitos.
EMIR: ¡Oh,
por Dios! ¡Viene Jose!
DARIO: ¡Encontrá un lugar donde
esconderte!
EMIR: ¿Y
vos?
DARIO: Me convertiré en una heladera.
EMIR: ¿Qué?
DARIO: Gracias a mi
fragmento robótico puedo transformarme en un objeto. Como un Transformer.
Emir parpadeó un par de veces
intentando asimilar la historia.
EMIR: Claro... ¿Y enfriás?
DARIO: Sólo si me enchufan. No soy
un anormal.
EMIR: No, claro. Qué tonto. Si te transformás en una heladera, ¿puedo meterme dentro de vos?
DARIO: ¡Ja!
¡Ya quisieras!
Y mientras Darío se transformaba, Emir
que no tenía el don de ser un robot, decidió ir al baño y esconderse tras la cortina de la ducha. Pero al parecer, el
dueño de casa tenía la tendencia de bañarse apenas llegaba a su hogar, porque unos minutos después Jose entró en la ducha y se quedó paralizado al ver a Emir
escondido allí.
JOSE: Voy a asumir que tenés una explicación lógica para esto.
EMIR: Tengo una explicación. No sé qué tan lógica te resulte.
JOSE: Bueno. Vas a contármela. Afuera. Cuando esté vestido.
EMIR: ¿Afuera?
Pensé que ya habíamos superado la barrera inhibitoria de...
JOSE: ¡Afuera!
VIII
Mientras tanto, la
muchacha que todos esperaban en el gimnasio, volvió a entrenar con ellos.
Lucy Love llegó con dos coletas, un vestido floreado y repartió un chupetín en forma de corazón a cada uno de los
presentes.
LUCY: ¡Buenas
noches, chicos! ¡Tanto tiempo sin vernos! ¡Los extrañé tanto!
Así que mientras ella repartía las golosinas, Ivana,
Rodrigo, Carla y Adrián escuchaban el plan de Emma.
IVANA: Por Dios, es como
Katy Perry. Ya saben, cuando la gente la conocía.
EMMA: Aprovechen para
hablar bien de mí. Yo adoptaré una actitud del chico malo e indiferente que vuelve locas a las
chicas.
RODRIGO: ¿Alguna
vez te funcionó?
EMMA: No, nunca.
CARLA: ¿Entonces
por qué lo seguís haciendo si no funciona?
EMMA: ¿Por
qué seguimos entrenando con
Ariel?
Se produjo un silencio
cargado de resignación.
IVANA: Bueno, Emma,
entonces hacé tu papel que nosotros haremos el nuestro.
EMMA: ¿Le
hablarán bien de mí?
CARLA: ¡Claro!
¡Somos buenos en mentir!
Y entonces los amigos de
Emma fueron a hablar con Lucy Love que en ese momento enseñaba a un niño a subirse a un
unicornio.
LUCY: ¡Chicos!
¡Es tan lindo verlos de nuevo! ¡Les
traje un regalo! Si se rocían con este polvo, podrán volar por media hora.
CARLA: Oh, gracias, Lucy.
Cambiando radicalmente de tema, queremos decirte que creemos que tenés que volver con Emma.
Lucy quedó boquiabierta.
LUCY: Pero estoy de novia
con Álvaro.
IVANA: Claro. Primero tenés que dejar a Álvaro y luego volver con
Emma.
CARLA: Y volver a nuestro
gimnasio.
LUCY: Pero en el gimnasio
donde estoy mejoré mi autoestima, tengo mucha fuerza y soy muy buena en velocidad.
CARLA: ¿Y
para qué querrías todo eso?
Ivana le dio un codazo a Carla.
IVANA: Vamos por el lado
de Emma, mejor.
CARLA: Es verdad, Lucy.
Emma es un chico amable, bueno, bondadoso, que jamás te fallará...
Ivana volvió a darle un codazo a
Carla.
IVANA: Yo creo que se va a
dar cuenta si exageramos tanto.
RODRIGO: Además, ¿viste
la entrepierna que tiene? Cuando viene con esos pantaloncitos deportivos, se le
marca un súper bulto.
LUCY: ¿Qué?
CARLA e IVANA: ¡¿Qué?!
RODRIGO: ¿Qué?
LUCY: ¿Ustedes
me invitaron para que me vuelva a hablar con Emma?
RODRIGO: No. Emma te invitó para que nosotros te
hablemos de él.
LUCY: No sé, chicos. Mi relación con Álvaro no será perfecta como mi hada
madrina prometió, pero estamos luchando.
IVANA: ¿Y
para qué luchar por algo perfecto cuando podés conformarte con lo que hay?
RODRIGO: ¿Qué clase de consejo es ese?
IVANA: Es obvio que nunca
voy a ser un hada madrina.
LUCY: No te desanimes,
Iva. Un día vas a dejar que brille tu luz e ilumine los corazones de todos.
IVANA: Justo mi sueño.
Pero no pudieron continuar
hablando porque Lucas volvió a suplicarles que, por favor, se pusieran a entrenar.
IX
Mientras tanto, sobre el
cielo de las playas, circulaba un pequeño avión con tres tripulantes a bordo. Dos de ellos, completamente
irritados con el tercer pasajero. Y una de ellos, totalmente irritada con los
dos acompañantes por igual.
ARIEL: ¿Cómo se pone el cinturón de seguridad?
JUAN: No es necesario que
te lo pongas. Cuando lleguemos a determinada altura, simplemente saltá.
ARIEL: Pero no tenemos
paracaídas.
JUAN: Lo sé.
Ariel, ajeno al intento de
Juan, se concentró en Vanesa que venía muy callada en el asiento de copiloto.
ARIEL: ¿Cómo te sentís al saber que no podés controlar a tus compañeros?
VANESA: ¿Yo?
Vos sos el que debe controlar.
ARIEL: Pero a mí no me importan.
VANESA: Yo confío plenamente en ellos,
Ariel. No necesito controlarlos.
ARIEL: Tengo acceso a las
cámaras del gym desde mi
celular.
Vanesa lanzó un suspiro de fastidio.
VANESA: Una miradita no
mataría a nadie. Pero te advierto que esto es ridículo. Ellos están entrenando muy duro.
Ariel puso las cámaras desde su teléfono al tiempo que Vanesa
se puso de todos colores.
ARIEL: Están bailando al ritmo de
Juguemos en el Bosque mientras el Lobo no Está.
VANESA: Esos malditos
hijos de...
JUAN: ¿Quién de los dos sería el lobo?
VANESA y ARIEL: Es obvio
que Ariel/Vane... ¿Yo?... ¿Cómo que yo?... ¡Vos sos el/la que no los deja hacer nada!
ARIEL: Es hora de restablecer
el orden. Le pediré a Lucas que saque al Otro Ariel.
Pero el resultado no fue
el que esperaba.
JUAN: Creo que no le
tienen mucho respeto al Otro Ariel.
ARIEL: ¡Le
están arrojando cosas! ¡Al Otro Ariel! ¡Pobre! ¡Es tan bello!
JUAN: Y ahora le están prendiendo fuego.
VANESA: Juan... Si vos estás mirando el celular, ¿quién está manejando el avión?
JUAN: Uh, cierto.
Y Juan se volvió a su posición.
VANESA: Creo que es hora
de terminar con la anarquía, Ariel. Decile a Lucas que saque a La Otra Vane.
ARIEL: ¿Desde
cuándo hay Otra Vane?
VANESA: La mandé a hacer antes de venir de
viaje. Esperaba no tener que hacerlo pero...
Ariel puso una mueca de
fastidio al ver el resultado.
ARIEL: Los chicos están comenzando a entrenar.
JUAN: Ya sabemos quién es el lobo.
X
Jose, tan enojado como
puede estar después de encontrar a un alumno del gimnasio en su ducha, abrió la heladera de su casa.
JOSE: ¿Te
tomaste todas mis cervezas?
EMIR: Oh, no. Esa no es tu
heladera. Ese es Darío.
JOSE: ¿Qué?
Y entonces Darío volvió a transformarse en
humano, con el rostro totalmente indignado.
DARIO: Pensé que ibas a guardar mi
secreto.
EMIR: De todas maneras,
nadie me iba a creer, Darío.
JOSE: Yo te creo. Lo acabo
de ver.
DARIO: ¿Lo
ves?
EMIR: Bueno, pero Jose es
un asesino. Nadie le creería a él.
JOSE: ¿Perdón? ¿Asesino?
EMIR: Oh, cierto. Eso nos
lleva al tema de que estamos aquí porque sabemos que mataste a tu ex novia.
Siempre es bueno que se
hable de ciertos temas, pero quizá no hubiera sido lo más lógico que se acusara de asesino a una persona, en su propia casa y
cuando no había nadie más para defenderlos.
XI
La Noche de Año Nuevo
Lucy Love entró corriendo por el patio
delantero de la casa de Emma para encontrarse con su amiga.
LUCY: ¡Carla!
¡Llegué lo más rápido que pude!
CARLA: Ya nació, Lucy.
LUCY: ¿Y
dónde está? Lo quiero ver.
CARLA: Él... se fue.
LUCY: ¿Cómo que se fue?
CARLA: Ya sabes cómo son los hijos. Vos le
das todo el amor del mundo y ellos te abandonan apenas crecen. Como hiciste
vos.
Lucila se cruzó de brazos, esperando que
alguno de los ficticios padres le diera una explicación.
LUCY: ¿Qué está pasando?
Emma supo que era su
oportunidad de hablar.
EMMA: Lo cierto, Lucy, es
que queríamos hablar con vos antes de que hables con Álvaro.
CARLA: ¡Mis
hijos!... ¿Dónde estarán mis hijos?
LUCY: ¿Por
qué? ¿Qué pasa con Álvaro? ¿Esto
tiene relación con su desaparición el día de hoy?
Carla y Emma se miraron,
sabiendo que eventualmente tendrían que decir la verdad. Pero ninguno de los dos imaginó a la sombra que emergería detrás de Lucy.
ALVARO: ¿Por
qué no se lo cuentan?
CARLA: Oh, por Dios.
ALVARO: Vamos, chicos,
contémosle la verdad a Lucy.
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