lunes, 26 de febrero de 2018

1.09 - El Final (Parte 2)

Previamente en A las 21 en CrossFit:
Vanesa, Darío, Emir e Ivana intentaron esconder el cuerpo de Lucas en el patio de Ariel, dándolo por muerto. Pero resultó que no estaba tan muerto como pensaban, así que ahora deben buscarlo antes de que el muchacho cobre venganza contra ellos.
Por otro lado, Carla convenció a Lucila de que hable con ella y Emma antes de que Álvaro le cuente lo que sucedió en su duelo con Rodrigo. Pero el novio de Lucy la siguió hasta la casa de Emma y los alentó a que le cuenten la historia a la chica.
Mientras tanto, Darío quería confesarle todos sus sentimientos a Carla pero Matías se adelantó y terminó revelándole a la chica que le gustaba. Como también Ariel le terminó revelando a Jose, actualmente internado tras los golpes que recibió en la cabeza, que él había armado y manipulado la situación para no perjudicar al gimnasio.

I
La Noche de Año Nuevo

Extendió su mano por sobre la tierra. 
Con mucho esfuerzo, a causa de la confusión que sentía, demoró unos instantes en descubrir que estaba en el patio de la casa de su jefe. 
¿Cómo había llegado hasta allí?
Recordaba que tuvo un forcejeo con los chicos de las 21, a los que se suponía que debía amenazar y asustar, pero entonces todo se salió de control.
Caminó hasta el interior de la casa de Ariel, intentando sacarse la tierra que tenía por todo el cuerpo. Lo encontró en la cocina del hogar, mirando su celular.
LUCAS: ¿Ariel?
Ariel lo miró y luego de un segundo de sorpresa, suspiró lleno de alivio.
ARIEL: Oh, gracias a Dios. Creí que estabas muerto.
LUCAS: ¿Por qué estaba enterrado en tu patio?
ARIEL: ¿No me escuchaste? Porque creí que estaba muerto.
LUCAS: Me mandaste a asustar a los chicos...
ARIEL: Sí, lo sé. Después todo se fue al diablo. No te preocupes, Lucas, no estoy enfadado. No puedo pretender que seas perfecto, como yo. Les dije a los chicos que eras el asesino de Andrea y ellos calmaron sus culpas por atacarte.
LUCAS: ¿Por qué les dijiste una cosa así? Yo no asesiné a Andrea.
ARIEL: Oh, vamos. Soy como un padre para esos niños. No les podría contar la verdad. Se morirían de pena. A vos, en cambio, no te quieren, así que lo van a superar.
Lucas, envuelto en un ataque de cólera por lo que escuchaba, tomó un palo de amasar de la cocina y se lo partió a su jefe en la cabeza. 
Luego, salió de la casa pensando en cuál debía ser su siguiente paso a seguir.

II
Un par de horas más tarde...

Carla jamás había visto enojada a Lucy Love. Al parecer, la chica tenía tanto el poder de irradiar amor y crear cosas lindas cuando estaba feliz, como de que todo se vuelva tenebroso cuando estaba furiosa. En ese momento, de sus dedos salían pequeños tornados de furia.
Después de que Emma y Álvaro le contaran la pelea que tuvieron, ella no se lo tomó pacíficamente.
LUCILA: ¿Ustedes dos se debatieron a duelo por mí? ¿Qué se creen? ¿Que soy una indefensa niña incapaz de tomar de tomar una decisión?
EMMA: Bueno, ¿te decidiste?
LUCILA: Por supuesto que no. Pero eso no les da derecho a pelear por mí. 
CARLA: Entonces creo que deberías enojarte solamente con Álvaro, porque técnicamente Emma no peleó. Lo durmieron en el primer golpe. 
Lucila le lanzó una mirada fulminante a Carla y optó por dejar de intervenir. Afortunadamente, justo en ese instante sonó su celular así que se apartó de aquel triángulo amoroso.
VANESA: Carla, ¿qué tal va todo?
CARLA: Deben venir a la casa de Emma. El congelador está acá. Ariel se lo trajo cuando lo descubrieron en el gimnasio. Él estuvo detrás de esto todo el tiempo.

III

Vanesa procesó la información tan rápido como pudo y decidió compartirla con Emir, Darío e Ivana, que iban en el auto con ella buscando a Lucas.
VANESA: Ariel estuvo detrás de todo. Le dejó el congelador a Emma. 
IVANA: ¡¿Qué?! ¡Ese cretino nos mintió! 
EMIR: Diría que me parece difícil de creer, pero me indigna más no haberlo creído antes. 
DARIO: ¿Qué haremos ahora?
VANESA: Lo mejor que podemos hacer es dividirnos. 
Ivana sufrió una crisis nueva.
IVANA: ¡¿Dividirnos?! ¿Estás loca? ¿No sabés que cuando nos dividimos es cuando empezamos a morir?
VANESA: Yo también quisiera que muriésemos juntos, Ivana, pero nunca faltarán oportunidades. Emir, necesito que vayas a la clínica. Ariel estaba allí y también estaba Jose, por lo que su vida puede correr peligro. Tenés que ir a verlo. 
EMIR: Ser el héroe de Jose. No hay mejor forma de empezar el año. 
VANESA: Darío, tenés que ir al gimnasio. Todavía hay algunos chicos que quedaron allí y si Ariel sospecha que sabemos que es el culpable, intentará atacarlos a ellos. Es el lugar más probable al que puede ir.
DARIO: A la orden.
VANESA: Ivana, tenés que ir a buscar a Rodrigo. Tuvo un duelo con Álvaro por el amor de Lucy y puede que esté malherido en algún punto de la ciudad.
IVANA: ¿Por qué Rodrigo tuvo un duelo con Álvaro por el amor de Lucy?
EMIR: Sería más razonable que tuviera un duelo con Lucy por el amor de Álvaro.
VANESA: Rodrigo saltó en defensa de Emma. Y Álvaro está vivo, pero no sabemos qué le sucedió a Rodrigo. Yo iré a buscar a Carla y rescatarla del triángulo amoroso que está presenciando. Es mucho drama para ella. 
EMIR: Nunca es suficiente drama para ella. 
Pero siguiendo las indicaciones de Vanesa, los chicos se pusieron de acuerdo y se dividieron. En ese momento no tenían idea que sería la última vez que los cuatro estuvieran juntos... Con vida.

IV

Emir llegó a la clínica y corrió hacia la habitación de Jose. Pero no pudo entrar. No porque no era el horario de visitas, sino porque había un sinfín de médicos y enfermeros en la habitación, seguido de órdenes y gritos de histeria.
La recepcionista se interpuso en el camino de Emir antes de llegar a la habitación.
RECEPCIONISTA: Lo siento, no podés pasar.
EMIR: ¿Qué pasó con Jose?
RECEPCIONISTA: Está teniendo alguna clase de reacción que están intentando controlar los médicos. 
EMIR: ¿Lo visitó alguien anteriormente?
RECEPCIONISTA: Hace unos instantes, un agradable sujeto preguntó por él. 
EMIR: ¡Ariel! ¡Le hizo algo! ¡Estoy seguro! 
RECEPCIONISTA: Oh, vamos, niño, que esto no es una película. Ariel se encuentra descansando en su habitación.
La recepcionista lo acompañó hasta la habitación de Ariel pero la encontraron completamente vacía.
EMIR: La seguridad de esta clínica es pésima. 
Pero si Ariel no estaba allí, ¿dónde estaba?

V

Matías y Adrián intentaban levantar a Sergio del piso, que no daba más de borracho. La fiesta en el gimnasio había llegado a su fin y el sol estaba asomándose por primera vez en ese año.
MATIAS: Sospecho que Carla no volverá. O Emir. Ya a estas alturas no sé lo que quiero. Creo que lo que necesito es irme a dormir. ¿No creés vos lo mismo?
Adrián cargó a Sergio sobre sus hombros y comenzó a llevarlo hasta la salida en compañía de Matías, cuando una sombra oscura se interpuso en la libertad.
ARIEL: Oh, mis queridos alumnos. Me temo que ustedes tres no van a poder ir a ningún lugar. 

VI

Ivana encontró a Rodrigo cerca de las entradas del bosque. Afortunadamente, aunque estaba desmayado, se encontraba con vida. Por supuesto que Ivana no se concentró en las cosas buenas y comenzó a hacer un escándalo para despertarlo. 
RODRIGO: Dejá de gritar. Me golpearon mucho hoy. 
IVANA: Oh, Rodrigo, qué alivio. ¿Cómo pudo ese chico golpearte tanto?
RODRIGO: Su entrenamiento en el otro gimnasio debe ser bastante bueno porque me llenó de golpes. Quizá deberías considerar...
IVANA: En otro momento, Rodrigo. Ariel se ha vuelto loco y todos corremos peligro.
RODRIGO: ¿Más peligro del que corríamos a diario cuando entrenábamos con él y él no nos prestaba atención a nuestras lesiones?
IVANA: Incluso más. Tenemos que ir a encontrarlo. 
RODRIGO: Pero debemos confundirlo. Tenemos que intercambiar ropa.
IVANA: Claro... ¿Qué?
RODRIGO: Es la mejor manera de despistar a Ariel.
IVANA: Rodrigo, estoy usando un escote. Creo que no va a ser complicado que se dé cuenta.
RODRIGO: Encontraré unas sandías en el camino. Ahora voy a darte mi ropa y vos vas a darme la tuya. 
Antes de que Ivana pudiera responder, llegó un mensaje a su celular. Ariel le estaba reenviando un video.
Cuando lo reprodujo, la imagen que se encontró fue aterradora. En medio del gimnasio, Matías, Adrián y Sergio estaban en puntas de pie, mientras tenían unas sogas alrededor del cuello.
ARIEL: Saludos, mis queridos chicos de las 21. Creo que tenemos que hablar. Así que los espero a todos en el gimnasio ya mismo para que tengamos una simpática conversación. Y si llaman a la policía y les anuncian lo que hay dentro del congelador, estos chicos van a flotar por los aires.

VII

Vanesa aceleró el auto que llevaba hacia el gimnasio a Carla, Lucila, Álvaro y Emma. Habían visto el video de Ariel y sabían que no tenían más opción que dejar los dramas emocionales para después.
ÁLVARO: Yo no puedo creer que le paguen a un hombre así para que los entrene.
EMMA: Yo no puedo creer que vos estés yendo con nosotros. ¡Ni siquiera sos del grupo de las 21!
ÁLVARO: Lo soy. Fui una vez a entrenar con ustedes.
EMMA: ¿Una vez? ¡Yo me lesioné mil veces ahí! ¡Tengo más derecho que vos!
CARLA: Si nos basamos en eso, Emma, vos tendrías derecho en toda la ciudad más que cualquiera.
VANESA: Chicos, mantengan la calma. Lo importante será rescatar a Matías, a Adrián y a Sergio. Así que hagamos lo que hagamos, ninguno se alterará, le daremos a Ariel lo que quiere y eso será todo.
CARLA: No creo que Ariel sólo se conforme con eso, Vane. Creo que nos está tendiendo una trampa. 
VANESA: Y yo espero que estés equivocada, Carla.

VIII

Darío fue el primero en llegar al gimnasio, ya que esa fue la indicación que recibió desde un primer momento. 
Se encontró con la imagen de los tres chicos colgando, pendientes de una cuerda para conservar sus vidas. Pero no había rastros de Ariel. 
MATIAS: Darío...
DARIO: ¿Dónde está?
MATIAS: Ayudanos...
Darío utilizó sus rayos láser de sus ojos y cortó la soga de Sergio. Luego hizo lo propio con la soga de Adrián. Ambos, cayeron al piso al instante.
DARIO: Lleva a Sergio fuera de acá, Adrián.
Adrián cargó a Sergio sobre sus hombros y ésta vez sí pudo escapar.
MATIAS: ¿Por qué no me estás salvando a mí? ¿Realmente es por Carla? ¿Vas a matarme sólo porque me adelanté a vos y se lo dije?
Darío tenía sentimientos encontrados. Si dejaba morir a Matías, ¿acaso podría estar con Carla sin aquel rival? ¿Qué se suponía qué debía hacer? 
MATIAS: Detrás tuyo...
DARIO: ¿Qué?
MATIAS: ¡Detrás tuyo!
ARIEL: Y ahora, te dormirás para siempre.
Darío no alcanzó a esquivar a Ariel, quien apretó el botón de apagado que tenía en su espalda. Y entonces, los dilemas sobre Matías y Carla dejaron de tener relevancia. De hecho, dejaron de tener relevancia todos los problemas, porque de repente, todo se volvió oscuro.

IX

Ivana y Rodrigo encontraron a Sergio y Adrián en la vereda del gimnasio, derrumbados en el suelo y masajeando el cuello que tenía las marcas de la soga.
IVANA: ¡Sergio! ¡Gracias a Dios! ¡Están bien! 
SERGIO: Estamos bien. Darío nos salvó pero todavía están adentro con Mati. ¿Qué hacés vestida de hombre? ¿Y qué hace Rodrigo vestido de mujer?
IVANA: Esto era parte de un plan... Que se suponía que era bueno... Pero olvidé por qué.
RODRIGO: Tengo que ser sincero. Sólo quería una excusa para usar ropa de mujer.
Emir llegó hacia donde se encontraban ellos.
EMIR: La vida de Jose está en peligro. Creo que Ariel lo envenenó o algo así. Están intentando reanimarlo, pero el panorama no es favorable.
IVANA: Y adentro están Mati y Darío. 
RODRIGO: ¿No me vas a preguntar por qué visto como mujer?
EMIR: Honestamente, Rodrigo, prefiero no saberlo.
El auto de Vanesa se estacionó y de él bajaron los cinco integrantes que faltaban. 
VANESA: Bueno... Estamos todos. 
EMIR: Excepto Juan. Y Lucas. Pero a estas alturas de la madrugada, la trama de Lucas es tan irrelevante que sobreviviremos sin conocer su destino.
La puerta de vidrio del gimnasio se abrió y Ariel salió a recibirlos con los brazos en jarra.
ARIEL: ¿Necesitan una invitación para entrar?
Los chicos lo miraron con temor, pero finalmente entraron.

X

Darío volvió a abrir los ojos y tardó unos segundos en analizar dónde se encontraba y lo que había sucedido. 
Todos sus compañeros estaban allí en el gimnasio, por lo que lo primero que pensó fue que se quedó dormido en algún entrenamiento. Luego empezó a recordar. Ariel había apretado su botón de apagado y se había dormido, pero para que abriera los ojos, alguien lo tuvo que haber despertado. 
Se giró y vio a Matías, todavía colgado con una soga al cuello, lo había despertado apretando el botón con un pie. En ese momento se dio cuenta de lo estúpido que fue al dudar en si salvarlo o no. 
Ariel, por su parte, tenía a todos los chicos sentados en el gimnasio mientras hablaba exageradamente sobre su plan.
ARIEL: ¡Todo iba bien! ¡Pero ustedes ni siquiera sirven para matar a Lucas! ¡Y ahora Lucas está libre y es un peligro porque puede ir a la policía y hablar mal de mí! ¡Y cuando ustedes pensaron que lo mataron, todo era mejor porque yo los tenía en mi poder! ¿Por qué siempre se empeñan en arruinarme la vida? 
Darío se incorporó en modo silencioso mientras desanudó con las manos la soga que Matías tenía alrededor del cuello. 
ARIEL: Así que ésto es lo que pasará. Saldrán todos a buscar a Lucas y ésta vez lo van a matar bien matado, y yo les devolveré a Matías y a Darío. ¿Qué les parece el plan? ¿Hay trato?
DARIO: No hay trato. 
Ariel se giró con sorpresa al ver que Darío saltaba con todo el peso de sus metales sobre él. 
DARIO: ¡Corran, chicos! ¡Ahora! 
Matías se encontró con Carla en el camino, mientras todos salían al exterior del gimnasio, y ajenos a su mirada, se dieron un beso de reencuentro.
Y entonces Darío vio aquella imagen y lanzó una lágrima, mientras continuaba aferrando a Ariel con todas sus fuerzas.
ARIEL: ¡Nunca escaparán de mí! ¡Son míos! ¡Son mi creación! ¡No importa cuánto tiempo quieran evitarlo! ¡Yo siempre volveré! 
El gimnasio explotó al instante. 
Y, por primera y obviamente última vez, literalmente.

XI
Dos meses después...

Carla se despertó con entusiasmo. Finalmente era el día en que volverían a abrir el gimnasio, aunque en otro lugar y con otro nombre, pero al menos la mayoría de sus compañeros estarían allí. Matías se despertó a su lado, en medio de los cánticos de alegría.
CARLA: Ojalá fuera como Lucy y los pájaros y animales salvajes cantaran conmigo. Pero huyen de mí.
MATIAS: Te noto muy feliz.
CARLA: ¡Claro que lo estoy! ¡Extrañaba el CrossFit! Pensé que era imposible volver a levantarnos después de lo que pasó. ¿Estás seguro que no vas a querer venir con nosotros?
MATIAS: Carla, mi cielo, es mejor que no. Vos sabés que Emir confundió las cosas y se encuentra muy apenado desde que nos vio juntos, así que es mejor que no me vea y que vos le sigas diciendo que no estás conmigo.
CARLA: Por un lado es una pena. Ya es bastante duro que Vane no quiera acompañarnos en esta nueva etapa como para que vos tampoco quieras ir. Pero tengo que ser sincera, Mati, tampoco vos hacías la diferencia. Por otro lado, aunque me da pena mentirle a Emir, me gusta que nuestro romance tenga un poco de drama. Sino, no sería divertido.
MATIAS: Todos hemos madurado después de lo que pasó, ¿eh?
CARLA: Totalmente.

XII

Emir cargó sus botellas de agua, dispuesto a ir rumbo al nuevo gimnasio y encontrarse con sus compañeros, cuando una visita inesperada apareció en su puerta.
EMIR: ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que te vería en el gimnasio.
Matías sonrió e ingresó a la casa.
MATIAS: Sólo vine a desearte suerte. No voy a ir con ustedes. Ya sabés, el tema de Carla...
EMIR: Sí, sí, lo recuerdo. Quedó enamorada de vos y no puede saber de nosotros. Es incómodo mentirle, pero creo que es por su bien.
MATIAS: De todos modos, te esperaré aquí para cuando vuelvas de entrenar.
EMIR: Suena genial.
Se dieron un beso de despedida y Emir partió rumbo al nuevo gimnasio. Ya faltaba poco para las 21.

XIII

Ivana, llena de ansiedad, fue la primera en llegar al predio que se convertiría en el nuevo gimnasio. Por supuesto, ni siquiera el entrenador se encontraba todavía. Sergio, a su lado, miraba su celular pensando en qué comprar porque había recuperado su cuenta en MercadoLibre. 
Permanecían en silencio hasta que llegó Rodrigo, vestido de calza y musculosa.
IVANA: Oh, por Dios...
SERGIO: Así que finalmente diste el gran paso. 
RODRIGO: No todavía. Por la mañana sigo siendo Rodrigo, pero puedo venir al gimnasio como en realidad me siento: Rodriga.
IVANA: ¿No pudiste elegir un nombre peor?
RODRIGO: Hago espectáculos de drag queen los viernes por la noche en el bar. Deberían ir. Emma fue y dijo que estuvo buenísimo. Y esa noche no se lesionó. 
SERGIO: Una buena noche para Emma. 
IVANA: Hablando de él...

XIV

Emma no percibió las miradas de Ivana, Sergio y la chica que le parecía conocida de algún lado pero no lograba identificar. 
Después de los sucesos de Año Nuevo, Emma le dio una última chance a Lucila para que se decida sobre lo que quería hacer. Y le propuso ir al nuevo gimnasio que abrirían para ellos, aunque sin Álvaro. Si ella aparecía, entendería su respuesta sin necesidad de que lo hablaran. Sino, sería el momento de regalarle sus mandarinas a otra chica.
Un auto estacionó, pero para su desilusión, fue Carla la que descendió de él y no Lucila.
EMMA: Oh, eras vos.
CARLA: Yo también estoy feliz de verte, Emma. 
EMMA: Perdón. Es que pensé que Lucy iba a venir. ¿No es así como deben terminar las historias? ¿Con un final feliz para el chico bueno?
CARLA: No creo que después de todo lo que sucedió merezcamos un final feliz. 
EMMA: Pensé que ibas a decir que no creías que yo era el chico bueno.
CARLA: Claro. Es lo que quise decir, pero no podía ser tan cruel. De todos modos, seas un chico bueno o no, creo que vas a tener tu final feliz.
Emma miró hacia el auto de Carla y totalmente asombrado, se sorprendió de ver que Lucila bajaba de allí. Fue corriendo hacia sus brazos y le dio un beso.
LUCILA: He renunciado a mis poderes mágicos de princesa de cuento. ¿Me vas a amar igual?
EMMA: ¿Y vos me vas a amar igual aunque me siga rompiendo a cada rato? Porque me encantaría renunciar a ese poder. Pero no puedo.
LUCILA: Claro que sí, sonso.

XV

Para todo inicio, hay un final antes.
Por supuesto, no todos los finales son felices, pero son necesarios. 
Y allí estaban reencontrándose, algunos cuántos, después de todo lo que sucedió, para un nuevo comienzo. 
Emir y Carla se dieron un abrazo.
CARLA: Estoy saliendo con un chico y no te lo puedo contar.
EMIR: ¡Qué loco! Yo estoy saliendo con un chico y tampoco te lo puedo contar.
CARLA: Aaaawwww... Estamos conectados.
IVANA: Estoy tan nerviosa con todo esto. Anoche no pude dormir de los nervios de volver a entrenar.
RODRIGO: Yo tampoco pude dormir mucho. No sé cómo hacen las mujeres para usar corpiño. Son tan incómodos. 
CARLA: Esto me hace pensar que después de todo lo que hicimos, tendríamos que ponernos una agencia de detectives o algo así. Somos buenos resolviendo misterios.
EMIR: ¿Cómo podés decir que somos buenos? Hicimos explotar un gimnasio, un entrenador murió, Lucas se volvió loco y está en un psiquiátrico y el niño robot es pura piezas de metal, lo cual sigue siendo una historia increíblemente rebuscada de explicar.
SERGIO: Dorian se sacrificó por nosotros y por eso nunca lo olvidaremos.
IVANA: Era Darío, vida.
SERGIO: ¿Quién?
CARLA: Sólo digo que lo consideremos. Quizá en eso sí consigamos que Vane se una a nosotros. 
IVANA: Aún no puedo creer todo el tiempo que estuvimos siendo manipulados por Ariel. ¿Cómo pudimos ser tan ciegos?
ADRIAN: Es que los vínculos tóxicos son adictivos. Hace difícil salir de allí.
Todos miraron a Adrián y asintieron ante sus sabias palabras.
Entonces, los aplausos no se hicieron esperar. El entrenador ingresó en el gimnasio.
JOSE: Bueno, chicos, me alegra volver a verlos juntos. 
Sergio se acercó hacia Ivana.
SERGIO: ¿Quién era éste?
IVANA: Es Jose, vida.
SERGIO: Pensé que nos iba a entrenar el otro.
Ivana puso los ojos en blanco y prefirió en concentrarse en ayudar a Rodrigo con sus extensiones.
JOSE: Vamos a empezar una nueva etapa en este lugar. Encontraremos la forma de tapar viejas heridas, que creo que son las que tenemos todos. Ustedes vienen de un lugar en donde estaban acostumbrados a trabajar con máxima velocidad y eso para mí no es importante. Para mí, sólo usaremos tres reglas básicas: en equilibrio no se hace fuerza; todos los ejercicios lentos sirven más y sin viborita los push up. 
Emir se acercó hacia Carla.
EMIR: No tengo idea de qué acaba de decir.
CARLA: No importa, aplaudamos porque es Jose.
JOSE: Pero como sé que ustedes están acostumbrados a la velocidad, pedí ayuda a alguien para que los entrene conmigo.
Una chica entró en el gimnasio para ponerse delante de toda la clase, ante la sorpresa de todos los alumnos.
EMIR: No puedo creerlo...
CARLA: Me quiero morir...
Ivana agarró a Rodrigo de las extensiones intentando ocultar sus lágrimas.
IVANA: Esto no puede ser. Ella va a matarnos. ¡Ella va a matarnos! 
Así nomás es.
Para todo inicio, hay un final antes. Y los finales son necesarios, aunque nos de miedo cerrar viejas etapas. Porque en ese momento, desconocemos que lo que puede venir, es mucho pero mucho mejor.
La chica miró a toda la clase aterrorizada y sonrió con orgullo.
VANESA: Muchas presentaciones y ya perdimos cinco minutos. ¿Empezamos a entrenar?

1.08 - El Final (Parte I)

Previamente en A las 21 en CrossFit:
Jose decidió ayudar a los chicos en la búsqueda del congelador, pero la última noche que los entrenó recibió un ataque que lo dejó inconsciente.

I
La Víspera de Año Nuevo

Emir y Sergio tomaron la decisión de comenzar el Año Nuevo renovados. Así que para un cambio de look, recurrieron a un viejo estilista de confianza: Robus de Jesús Love, el hermano de Lucy. Una versión un poco menos carismática pero más barbuda de la ex compañera de entrenamiento de Carla.
ROBUS: ¡Chicos! ¡Tanto tiempo!
EMIR: ¿Nos extrañaste?
ROBUS: Mi hermana lo hizo. ¿Qué puedo hacer por ustedes?
SERGIO: Queremos el pelo platinado. Un cambio total es justo lo que necesito para lidiar con la angustia de todo lo que me está pasando. 
ROBUS: Vaya. ¿Qué es lo que está pasando?
SERGIO: ¿No te enteraste?
EMIR: Hay una chica muerta que puede estar desaparecida en un congelador que no encontramos y la única persona que parecía dispuesta a ayudarnos, fue golpeada y se encuentra en coma. 
SERGIO: Yo me refería a que cancelaron mi cuenta de Mercadolibre. Me sobra el dinero y no sé en qué gastarlo, así que decidí invertir en mí.
EMIR: ¿Específicamente en qué lo invertías antes?
Robus hizo pasar a los chicos a sus sillas de peluquero y literalmente comenzó a quemarles la cabeza con los productos. 
ROBUS: Me enteré de lo que sucedió con Jose. ¿Así que lo quisieron asaltar a la salida del gimnasio?
EMIR: Su ataque fue muy conveniente. Justo cuando nos estaba por ayudar.
ROBUS: No parece tan al azar. Lo único que se me ocurre, es que Jose haya tenido tanto miedo de que lo asalten y lo golpeen hasta la muerte, que por la Ley de Atracción terminó sucediendo. Pero es un miedo muy extraño con el cual vivir. 
Durante horas, los chicos debatieron sobre lo sucedido con Andrea, Jose y la extraña relación que todo aquello tenía con el gimnasio. Tras una larga pausa, Sergio decidió revelar algo que lo tenía confundido.
SERGIO: Emir... ¿Cuál era Jose?
EMIR: El que no es Lucas.
SERGIO: Son tantos que me cuesta recordarlo.
EMIR: Son sólo tres, Sergio. Sólo tres entrenadores.
SERGIO: ¿Quién es el feo, el bueno y el malo?
ARIEL: ¿Cuál de los doce es Judas?
Sergio y Emir quedaron paralizados del pánico al ver que Ariel estuvo en la misma peluquería que ellos. 
EMIR: Ariel... Por Dios... Estás en todos lados.
ARIEL: Como Dios. Antes que nada, quiero decirles que me encanta el look que tienen. Me alegra ver que quieren parecerse a mí.
Emir tomó del brazo a Robus, en ese momento.
EMIR: Quiero volver a mi color natural.
ROBUS: Pero, Emir, hacer eso nos va a llevar cuatro horas.
EMIR: No me importa.
ROBUS: Vas a llegar tarde a la fiesta... Y yo voy a llegar tarde a mi cena familiar... De fin de año. Toda mi familia estará reunida, por primera vez en tantos meses, después de que una terrible pelea...
EMIR: Robus, como estilista, ¿dejarías salir a la calle a una persona que te dice que se parece a Ariel?
Entonces, entre maldiciones, Robus comenzó a preparar nuevamente los productos para volver a teñir el pelo de Emir. 
ARIEL: Escuché lo que dijeron. Sobre Jose.
EMIR: ¿Estuviste escuchando nuestra conversación? ¡Eso es tan infantil!
ARIEL: Y eso que no te enterás todavía de las capturas de Whatsapp que me mandan del grupo que tienen. Pero volvamos al tema. Escuché todo lo que dijeron sobre Jose y la desaparición de Andrea.
SERGIO: ¿Cuál era Jose?
Ariel se limitó a mirar a Emir.
ARIEL: El punto es que los quiero ayudar. Durante mucho tiempo guardé el secreto pero creo que es hora de que salga a la luz. Yo sé quién mató a Andrea.

II

Las hadas terminaron de confeccionar su vestido y ella se vio como una princesa frente al espejo. El Espejo, a su vez, le aseguró de que era la más hermosa del reino. Y gracias a ese mismo espejo, pudo ver que el príncipe Álvaro estaba asombrado de encontrarla así.
ÁLVARO: ¿Vas a algún lado?
LUCILA: Me invitaron a una fiesta de despedida del gimnasio con mis ex compañeros. Pensaba ir en un unicornio.
ÁLVARO: ¿Vas a ir porque extrañás a tu antiguo grupo o vas a ir por Emma?
Lucy Love, que jamás mentía, no respondió. Se sentó sobre la nube y derramó unas lágrimas que se convirtieron en perlas al tocar el piso.
ÁLVARO: No puedo creer que me hagas esto. ¿Quién te despertó del sueño eterno cuando tocaste el alfiler encantando?
LUCILA: Vos, Álvaro...
ÁLVARO: ¿Quién te despertó cuando comiste esa manzana envenenada?
LUCILA: Vos, Álvaro, vos...
ÁLVARO: ¿Y quién te rescató de la torre...?
LUCILA: ¡Vos! ¡Fuiste vos!
ÁLVARO: Entonces, ¿por qué te atrae Emma?
LUCILA: Claramente, porque no lo necesito para mantenerme con vida.
Álvaro lanzó un suspiro de fastidio y salió de la habitación, tan enojado que marchitaba las rosas de la sala a su paso, rumbo a enfrentarse finalmente con su rival. 

III

Ya en la noche, Ivana y Vanesa iban caminando hacia la fiesta del gimnasio. 
IVANA: Estoy totalmente horrorizada con que hagamos una fiesta unos días después de que Jose haya sido golpeado.
VANESA: Percibí que estás angustiada.
IVANA: Es que... Sí. ¿Tanto se me nota?
VANESA: El pasacalle que dice #TodosSomosJose que estás trayendo y la vincha de #Pray4Jose fueron un indicio. 
IVANA: Y eso que no viste las estampitas que pienso repartir si se muere. Tengo tantas, que una parte mía espera que lo haga.
VANESA: Si Jose se muriera sería tan amado, que Ariel, por celos, sería capaz de morir también.
IVANA: No me impulses a ir a desconectar a Jose.
Cuando llegaron a la puerta del local, se encontraron con Sergio, Darío, Adrián y Matías, que las esperaban en la vereda.
DARIO: Chicas, ¿dónde está Carla?
IVANA: Es bueno saber que las horas que pasé produciéndome frente al espejo para obtener este tipo de reacciones, fueron bien invertidas.
DARIO: No lo tomes a mal. Vos tenés a Sergio para que te diga cosas lindas.
Todos se giraron a ver que Sergio miraba su reflejo por las puertas de vidrio del gimnasio.
SERGIO: No me parezco a Ariel. No sería capaz de ser tan narcisista y egocéntrico.
Ninguno le respondió. 
DARIO: Bien, ¿y Carla?
VANESA: Está viniendo con Emma. 
DARIO: ¿En tortuga?
VANESA: Creo que en jirafa nomás. ¿Por qué la insistencia?
DARIO: Porque esta será la noche en donde le diré la verdad. 
Todos los presentes celebraron la gran iniciativa de Darío. Excepto Matías, que apartó a Adrián del grupo.
MATIAS: ¿Suena mal que yo también haga lo mismo? O sea, hace tiempo dejé de verla a Carla como la amiga de la infancia con la que escarbábamos la tierra la buscar gusanos y comerlos. Hace tiempo que la veo como una mujer. ¿Es malo que se lo quiera confesar la misma noche que Darío quiere confesárselo? 
Adrián miró a Matías pero no dijo nada.
MATIAS: Tenés razón, Adrián. Soy un mal amigo. 

IV

Emma y Carla estaban yendo en jirafa hacia la fiesta cuando él decidió que era el momento de confesar una gran verdad.
EMMA: Quiero contarte algo. Si no te lo dije antes, fue porque estaba preocupado de que mi vida corriera peligro. En especial después de lo que le pasó a Jose. 
CARLA: Un momento. Si me lo contás a mí, ¿mi vida va a correr peligro?
EMMA: Así es.
CARLA: Entonces, ¿por qué me lo vas a contar?
EMMA: ¿Querés que no te lo cuente?
CARLA: No, contame. Sólo quería quedar como alguien que tiene aprecio a su vida.
EMMA: Hace unas semanas atrás, alguien me pidió que guarde un congelador en mi garaje. Y creo que es el mismo congelador del que todo el mundo habla. 
CARLA: ¡Santas vacas, Emma! ¡Lo tuviste todo este tiempo! ¿Quién te lo llevó?
EMMA: No puedo decírtelo, Carla. Y no intentes adivinarlo, porque nunca lo vas a descubrir.
CARLA: Fue Ariel, ¿verdad?
EMMA: Claro.
CARLA: ¡Tenemos que decírselo a los chicos!
Carla hizo picar las espuelas sobre la jirafa para que aumentara su velocidad, pero en plena calle, un Álvaro muy enojado les impedía el paso. Señaló a Emma con una espada. 
ÁLVARO: Esta situación se termina esta noche, Emma. Te reto a un duelo.

V

Mientras tanto, ajenos a todo, en la fiesta, los chicos notaron con cierto temor que Ariel tomaba el micrófono para comenzar a hablar.
ARIEL: ¡Bienvenidos a la Fiesta de Fin de Año! Como todos saben, hace un tiempo atrás, he recibido una ruda traición de parte de un amigo, que abrió su propio gimnasio y se llevó a todos mis clientes. Pero ese dolor, superando al dolor que tuve cuando viajé a una importante competencia y nadie fue a despedirme ni a sacarme fotos, fue sanado por un maravilloso grupo de personas que llegó después...
Entre el público, Lucas, el otro entrenador que no es Jose, se acercó hacia Vanesa, Ivana y Darío.
LUCAS: Quiero hablar con ustedes. Es sobre el congelador.
IVANA: ¿Ahora? Ariel está por decir algo lindo sobre nosotros. 
ARIEL: Un grupo que se volvió como mi familia...
LUCAS: Tiene que ser ahora. Ariel va a estar entretenido en su discurso. Vamos a bajar al depósito.
VANESA: Vamos.
IVANA: ¡Pero Ariel está hablando bien de nosotros! ¡Esto nunca pasa! 
ARIEL: Estoy hablando, por supuesto, del grupo de las 20. Un fuerte aplauso para ellos.
Ivana se quedó perpleja.
IVANA: Ay, ni siquiera sé por qué me esfuerzo.
DARIO: ¿No deberíamos esperar a Emir antes de seguir a Lucas? Dijo que averiguó algo importante.
IVANA: Emir todavía sigue en la peluquería. Y las opciones son las de seguir a Lucas o continuar escuchando a Ariel. 
DARIO: En realidad, prefiero aguantar el discurso de Ariel pero hablar con Carla apenas llegue. Creo que Matías piensa hacer lo mismo que yo y no quiero que me gane.
ARIEL: Por eso, ahora, les voy a cantar a capella las que considero que son mis 30 mejores canciones.
Darío palideció.
DARIO: Bien, vamos. Supongo que no estaba destinado a ser.

VI

Descendieron de la jirafa, y mientras Carla la ataba a un árbol, Emma escuchaba las condiciones del duelo de Álvaro.
ÁLVARO: El trato será éste. El que muere, dejará en paz a Lucila.
EMMA: De acuerdo, cobarde. Voy a pelear con vos. Vas a ver que al final, voy a ser yo el que...
Álvaro le pegó un puñetazo de lleno en la nariz a Emma, lesionándola al instante. Emma cayó redondo en el piso. 
CARLA: ¡Emma! ¡Esto era tan obvio!
Pero a Álvaro aquello no le bastó, así que sacó de su cinturón una espada, apuntando directamente al cuello del chico frágil.
CARLA: ¡Vas a matarlo de verdad! 
ÁLVARO: Un duelo es un duelo. 
RODRIGO: ¡Vos no vas a matar a nadie!
Todos se giraron para ver a Rodrigo, quien con su remera azul de Superman y una toalla roja atada alrededor del cuello para que hiciera de capa, apareció en la escena para salvar la vida de Emma.
EMMA: Rodrigo...
RODRIGO: Este cretino se ha abusado de tu flacucho e inútil físico por última vez, Emma. Ahora yo seré el rival de Álvaro, para salvar tu honor.
Y mientras Rodirgo y Álvaro empezaban una pelea, Carla se dirigió a socorrer a su amigo. 
CARLA: Me conformo con que al final, Rodrigo y vos se besen.
EMMA: ¿Qué? 
CARLA: Nada.

VII

Emir entró corriendo a la Fiesta de fin de Año, ignorando que en ese momento Ariel estaba cantando en el escenario. Tenía que buscar a sus compañeros investigadores. Por suerte, se topó con Adrián y Matías.
EMIR: ¡Chicos! ¿Vieron a Vane? ¿Y a los otros que no son Vane?
MATIAS: Sí, siguieron a Lucas hacia el depósito. Parece que tenían que hablar de algo importante.
EMIR: ¡Oh, Dios! ¡Están en peligro! ¡Debo ir para allá!
Pero Matías lo agarró del brazo antes de dejarlo marchar.
MATIAS: Esperá. ¿Viste a Carla?
EMIR: No. ¿No está con los demás?
MATIAS: No. Todavía no llega y esta noche quería decirle lo que me pasa con ella. Antes de que Darío me gane. 
EMIR: Uh, drama. Me encanta. A ella le va a encantar más. Pero debo salvar a los chicos primero. 
ARIEL: ¡Miren! ¡Ahí llegó Emir! Es uno de nuestros gays favoritos. Tenemos otro, pero como tiene novia, no podemos decir quién es. ¡Emir! ¡Saludá al público! ¿Quién es ese rubio que está con vos? ¿Es tu novio? ¡Trajo a su novio! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!
Emir y Matías quedaron catatónicos ante la multitud.
MATIAS: No puedo creer que Ariel no se acuerde de mí. Voy hace meses con él. 
EMIR: Mati, tengo que ir a salvar a los chicos y no puedo hacerlo si todos nos están mirando.
MATIAS: Ariel no va a dejar de señalarnos hasta que lo hagas.
EMIR: De acuerdo.
Y entonces se dieron un beso en los labios, celebrados por todos los espectadores. Luego, Ariel comenzó a cantar, así que Emir decidió salir corriendo hacia el sótano.
MATIAS: Si lo de Carla no funciona, ¿te puedo llamar?
EMIR: ¡Claro! 
Bajó las escaleras lo más apresurado que pudo, pero llegó demasiado tarde. 
Lucas yacía en el piso, cubierto de un charco de sangre. Ivana lloraba a su lado como si fuera una viuda en desgracia, totalmente histérica. Darío se agarraba la cabeza y Vanesa parecía pensar cuál era el siguiente paso a seguir.
EMIR: Venía a avisarles que Lucas asesinó a Andrea, pero creo que ya lo descubrieron. 

VIII

Carla entró corriendo en la fiesta del gimnasio, buscando a sus compañeros. Pero al igual que Emir, se encontró con Matías y Adrián.
CARLA: ¿Dónde están los chicos? ¡Ha sucedido algo terrible! 
MATIAS: Tengo que hablar con vos, Carla.
CARLA: Álvaro atacó a Emma, pero luego Rodrigo lo defendió y ahora ambos se están debatiendo a muerte, vaya a saber en qué lugar. Tuve que mandar a Emma a su casa en una ambulancia, porque se caía de la jirafa cada vez que intentaba tenerlo en equilibrio y eso sólo lo hacía golpearse más, pobre. Pero me preocupa que Rodrigo mate a Álvaro o a la inversa...
MATIAS: Carla, escuchame...
CARLA: No van a parar hasta que alguno de los dos muera. Y Rodrigo es karateca, pero Álvaro pelea bastante bien para ser un príncipe de Disney...
MATIAS: Carla, me gustás...
Carla detuvo su discurso al instante.
CARLA: Aaaawwww... ¿En serio?
MATIAS: Sí.
CARLA: ¿Y por qué no me lo dijiste antes?
MATIAS: Lo intentaba, pero estabas preocupada por Emma y por Rodrigo...
CARLA: ¿A quién le importa esos tontos, Mati? Vamos, seguime hablando de lo bella que te parezco. 

IX

Ivana se dirigió hacia Emir envuelta en lágrimas.
IVANA: ¡¿Por qué no nos escribiste para contarnos que Lucas era el asesino?!
EMIR: Estuve todo el día en la peluquería y me quedé sin batería. ¡Y luego me quedé sin datos! Un consejo, cuando vean porno, esperen a usar el WiFi.
IVANA: ¿¡Por qué estabas viendo porno en la peluquería!?
EMIR: ¿Realmente te parece lo más relevante de este asunto? ¿Qué pasó aquí?
Vanesa lanzó un suspiro antes de comenzar a relatar los hechos.
VANESA: Lucas quería hablar con nosotros sobre el congelador, pero cuando nos trajo aquí, nos apuntó con un arma y nos amenazó porque estábamos investigando lo que no debíamos investigar. Forcejeamos y... Se murió.
IVANA: ¡No se murió, Vane! ¡Lo matamos! Nosotros matamos a un entrenador. ¡Y era de los lindos! ¡Ahora vamos a ir presos por matar a un entrenador lindo! 
VANESA: Ivana, estás muy alterada. Andá a vigilar las puertas del depósito para que nadie baje, mientras nosotros decidimos qué hacer.
Ivana asintió agradecida por la indicación, mientras el niño robot y los chicos del campo se quedaron en silencio apreciando el cadáver.
VANESA: Tenemos que llamar a la policía. Fue en defensa propia. Además, él traía un arma.
DARIO: Pero el arma la disparamos nosotros.
EMIR: No se escuchó el disparo.
DARIO: Fue justo cuando Ariel cantaba Singing in the Rain.
Emir miró sorprendido a Darío.
EMIR: Te sabés canciones de musicales.
DARIO: No soy yo. Es la base de datos que tengo en el chip de mi cabeza.
EMIR: Obvio.
Vanesa miró al niño robot con un dejo de esperanza.
VANESA: ¿Podrías pulverizarlo o algo así?
EMIR: ¡Vanesa!
VANESA: Sólo estoy analizando alternativas. Podemos hacerlo desaparecer y nadie se enteraría de ello. 
ARIEL: ¿¡Qué hicieron!?
Los tres se giraron para ver, con horror, que Ariel descendía las escaleras.
VANESA: ¿Cómo nos descubriste? Ivana estaba cuidando la puerta.
ARIEL: Ivana estaba llorando a gritos en la puerta y la fiesta se detuvo para consolarla. Fue ahí cuando me di cuenta que algo pasaba. Tuve que interrumpir mi concierto.
EMIR: Lucas está muerto. Fue un accidente. Tenemos que llamar a la policía.
Ariel miró el cadáver de su empleado.
ARIEL: No.
EMIR: ¿No?
ARIEL: Hay un motivo por el que oculté que Lucas asesinó a Andrea. Si se descubre que sucedió aquí, tendría que cerrar el gimnasio. No voy a dejar que cierren este lugar. Así que tengo un plan. 

X
Unas horas después...

Hay pocas cosas que son peores que despertar en una habitación de clínica en la noche de Año Nuevo. Una de ellas, es que la primera persona que veas fuera tu jefe. Y algo peor que eso, es que ese jefe sea Ariel.
JOSE: ¿Qué hacés acá?
ARIEL: ¡Feliz Año Nuevo, Jose! ¡Jo, jo, jo, jo!
JOSE: Te confundiste de festividad.
ARIEL: Acabo de recibir un golpe en la cabeza. Un poco de compasión, caramba.
JOSE: ¿Qué te pasó?
ARIEL: Bueno, resulta que tengo un secreto que contarte y espero que me perdones por haberte engañado todo este tiempo.
Jose no dijo nada mientras Ariel largó un suspiro dramático. 
ARIEL: Te lo diré mediante el juego 2 verdades y 1 mentira. Voy a decir tres oraciones y vas a descubrir en cuál miento. Ahí va: soy el mejor entrenador de todos los tiempos; tu novia está muerta en un congelador en la casa de Emma; y éste es mi color natural de cabello.
JOSE: ¡¿Andrea está muerta?!
ARIEL: ¡Y este no es mi color natural! Vaya que fue doloroso confesarlo.
JOSE: ¿Cómo es que mi novia desaparecida está muerta en un congelador en la casa de uno de tus alumnos?
ARIEL: 2 verdades y 1 mentira: ella era mi amante y se suicidó porque la rechacé cuando se embarazó de mí; en realidad no me gusta pelear con los de las 21 pero no sé relacionarme de otra manera que no sea por medio del conflicto y la tiranía; y el agua del dispenser en realidad sale de los baños.
JOSE: ¡¿Tenías un romance con mi novia?!
ARIEL: Y lo del agua de los baños es para reducir costo. Vaya, este es un viaje de autodescubrimiento. Gracias por hacerme...
JOSE: ¡¿Qué pasó con Andrea, Ariel?!
ARIEL: 2 verdades y...
JOSE: ¡No más juegos!
ARIEL: Uno más: El seguro del gimnasio no se hará cargo de tu internación, así que lo voy a descontar de tu sueldo; les hice creer a los chicos que alguien la asesinó y las cosas se me salieron un poco de control; y tengo envidia porque creo que los alumnos te quieren más a vos que a mí.
JOSE: ¡¿Qué?!
ARIEL: Esa fue fácil. Es obvio que no siento envidia. Quizá es tiempo de dejar de jugar. En fin, todo parecía ir a la perfección con mi plan. Sabía que los chicos estaban buscando el congelador así que le pedí a Emma que lo guardara, porque en ese entonces Emma estaba lesionado por vez número mil y no parecía que fuera a volver. Pero volvió. Entonces supe que te metieron a vos en la investigación, así que tuve que golpearte para que no los ayudes. Y necesitaba un chivo expiatorio, así que le hice creer a Emir que Lucas asesinó a tu novia. Y a Lucas le pedí que asuste a los chicos para que dejen de investigar. Todo iba a concordar, pero forcejaron y Lucas murió. O al menos eso creímos. Metimos su cuerpo en una sábana y lo enterramos en el patio de mi casa. Pero Lucas no estaba tan muerto como esperábamos porque se levantó, discutimos y me golpeó. Terminé aquí, con vos. ¡Vaya ironía! ¡Ahora compartimos algo más que Andrea! 
Ariel sonrió de felicidad pero Jose estaba a punto de matarlo. Si no fuera porque el golpe en la cabeza le redujo sus capacidades motrices.
JOSE: ¿Y Lucas?
ARIEL: Probablemente esté buscando venganza en este momento. Así que voy a tener que ir a salvar el día, como siempre.
Jose se quedó perplejo mientras Ariel salía de la habitación.
ARIEL: Hacen falta más Arieles en el mundo.

lunes, 19 de febrero de 2018

1.07 - El Culebrón

Previamente en A las 21 en CrossFit:
Emir, en un gran acto de heroísmo, decidió enfrentar a Jose y acusarlo del homicidio de su novia desaparecida. Vanesa tuvo unas no muy relajadas vacaciones, ya que se encontró en el mismo lugar con Ariel. Emma, por su parte, está dispuesto a recuperar el amor de Lucy.

I
3 Semanas Antes de Año Nuevo

La situación en la casa de Jose era tensa. Emir, sin ninguna clase de pudor, lo acusó de asesino, después de haber irrumpido ilegalmente en su vivienda junto con Darío, el chico robot.
Jose estaba irritado, pero intentaba sonar sereno.
JOSE: Es muy fuerte de lo que me están acusando. Andrea desapareció sin dejar rastros. Fue muy doloroso y muy perturbador para mí, en su momento. Pero no tan perturbador como el hecho de que hayan entrado en mi casa de esa manera.
Emir y Darío agacharon la cabeza, con mucha culpa y una genuina tristeza.
EMIR: Ya te pedí perdón mil veces.
DARIO: A veces no uso mis poderes para las fuerzas del bien.
JOSE: Pero al menos ustedes no rompieron la ventana para entrar... Como ellos.
Ivana, Carla y Adrián agacharon la cabeza, con mucha culpa y genuina tristeza.
IVANA: Es que vimos a Lucas y salimos corriendo despavoridos.
CARLA: No sólo porque no nos gusta su entrenamiento, sino porque pensamos que Emir y Darío estaban en peligro.
JOSE: Eso lo entiendo, pero ¿por qué rompieron la ventana y tiraron gas lacrimógeno?
Emma y Rodrigo agacharon la cabeza, con mucha culpa y genuina tristeza.
EMMA: Quería que hubiera humo para confundirte, si es que los estabas asesinando.
RODRIGO: A mí simplemente me gusta que haya caos.
JOSE: Y eso lo entiendo, ¿pero por qué destruyeron el techo?
Vanesa agachó la cabeza, con mucha culpa y genuina tristeza.
VANESA: Porque Juan me dijo que saltemos del avión y tenía la esperanza de que aterricemos sobre la cama. 
JOSE: Pero caíste sobre mí.
CARLA: Como en las pelis románticas.
JOSE: Me disloqué el hombro.
VANESA: Pero no fue mi culpa. Yo caí sobre Juan. Fue Juan el que cayó sobre vos.
EMMA: Que sigue inconsciente en el piso.
EMIR: En el mejor de los casos.
RODRIGO: ¿No deberíamos llamar a una ambulancia?
VANESA: Primero lo primero. Si adelanté mis vacaciones fue para ponerle fin a esta oleada de misterios.
IVANA: Pensé que decidieron volver cuando se enteraron que Ariel se iba a quedar una semana más. 
VANESA: Sí, también eso influyó.
RODRIGO: Creo que si vamos a tener una charla, lo mejor es hacerlo con unos tragos.
EMMA: ¡Es verdad! ¡Darío! ¡Preparate unos daikiris!
DARIO: ¡A la orden!
Y Darío, que tenía insertada una licuadora en el estómago, tuvo tragos de diferentes gustos a la brevedad. Los chicos hablaban mientras sacaban las copas cargadas de su abdomen.
VANESA: ¡Es hora de decir la verdad!
RODRIGO: Bueno, la realidad es que digo que tengo novia pero lo que en verdad me gustan son los...
VANESA: No tu verdad, Rodrigo. Hablo sobre lo que le pasó a Andrea.
Carla lanzó un suspiro de resignación.
CARLA: Estábamos tan cerca.
VANESA: Jose, ¿qué hay en el congelador que estaba en el depósito del gimnasio? ¿Y dónde está el congelador ahora?
Jose miró a Vanesa con perplejidad. Luego hizo lo mismo con el resto.
JOSE: No sé de qué me estás hablando.
VANESA: Había un congelador en el depósito pero cuando lo descubrimos, lo movieron de lugar.
JOSE: Nunca antes había bajado al depósito hasta aquella vez que Ariel no quiso que esté en su entrevista. ¿Recuerdan? Cuando Carla sentía cosas por él.
CARLA: Ah, sí, capítulo raro ese.
Ivana pegó un resoplido.
IVANA: Es decir que si Jose no sabe nada, volvemos al punto de partida.
EMIR: O sea, a Ariel.
JOSE: ¿Ustedes creen que el cadáver de Andrea está ahí?
IVANA: Espero que sí, porque si después de todo el desastre que hicimos, descubrimos que dentro del congelador sólo había hielo y embutidos, me voy a sentir estafada.
JOSE: Entonces el principal objetivo será encontrar el congelador. 
IVANA: Eso lo sabemos, el tema es dónde.
Ninguno de los presentes notó que Emma se movió incómodo en la silla e hizo fondo blanco a su copa de daikiri.

II
2 Semanas Antes de la Noche de Año Nuevo

El lunes después de la reunión en la casa de Jose, Carla llegó corriendo a encontrarse con Ivana, Adrián y Emir, que la esperaban fuera del gimnasio.
CARLA: Chicos, ¡qué suerte que los encontré!
EMIR: ¿De qué estás hablando, Carla? Estamos siempre acá.
IVANA: Es verdad. La gente nos confunde con los spot publicitarios. Luego nos observan bien y salen de la duda.
CARLA: Tengo que contarles algo muy loco que me sucedió este fin de semana. Conocí a un hombre y, si bien es un tanto mayor para mis gustos, es un galán.
EMIR: ¿Qué tan mayor?
IVANA: ¿Mayor de edad?
EMIR: ¿Mayor que nosotros?
IVANA: ¿Mayor de la tercera edad?
EMIR: ¿Mayor que Ariel?
CARLA: Un poco mayor que nosotros. Pero fue tan romántico que no pude evitar caer rendida a sus encantos. ¿Es esta la historia de amor que me merezco?
EMIR: Depende. ¿Cuánto miden sus encantos?
IVANA: No seas ordinario.
CARLA: De verdad, es muy caballero. Y conoce este lugar. ¡Miren! ¡Allá está estacionando su auto! 
Todos miraron al auto que estacionaba aunque no alcanzaban a ver su interior. Sin embargo, no fue la puerta del conductor la que se abrió, sino la del acompañante. Y de él... ¡salió Darío!
CARLA: ¿Qué hace Darío con mi galán?
Darío llegó hacia ellos con su mochila y su mirada cabizbaja.
DARIO: Hola... ¿ya corrieron, no?
CARLA: Darío, ¿quién es el hombre que te trajo?
DARIO: Mi padre. ¿Por qué?
Se produjo un silencio tan incómodo, al tiempo que el rostro de Carla se enrojecía.
CARLA: Pero me cago en...

III

Carla lloraba desconsoladamente ante el descubrimiento. Aquello fue inconcebible. Cuando llegó Vanesa y la descubrió acurrucada en un rincón, se unió a la manada de chicos que querían consolarla.
VANESA: Pero, ¿qué te pasó?
CARLA: Es que comencé a salir con un hombre más grande.
VANESA: ¿Y descubriste que es el padre de un compañero de entrenamiento?
CARLA: ¿Cómo sabías?
Vanesa se encogió en hombros.
VANESA: Son cosas que te pasan. 
CARLA: Oh, Dios mío. Mi vida es como un culebrón.
IVANA: Y uno malo, Carla. Escrito por Estebanez y actuado por su hijo.
CARLA: ¡Estoy tan cansada de que todo me salga mal! ¡Pero eso se terminó! ¡De ahora en más, la buena suerte me va a sonreír!
Entonces, una barra chocó contra su cabeza y cayó completamente inconsciente en el piso. Emma corrió hacia el lugar de los hechos.
EMMA: Lo siento. Es que Rodrigo me apostó que no podría usar la barra como jabalina, ¡y sí, pude! ¿No es genial?
Sin dejar de sonreír por su triunfo, señaló a Carla.
EMMA: ¿Ella está muerta?

IV

Pero Carla, lejos de estar muerta, abrió los ojos y se vio en su antigua habitación en la granja, vestida con sus overoles azules y su sombrero de paja. Bajó las escaleras al escuchar que sus dos hermanos mayores discutían con un sujeto. Reconoció la voz al instante: era el malvado Conde Ariel Olaf.
CONDE ARIEL: ¡O me pagan ahora mismo o se van a la calle!
El malvado Conde Ariel Olaf quería el dinero que los padres de los tres hermanos, muertos recientemente en un misterioso accidente, le debían por la estancia. 
Su hermana mayor, Vanesa de las Ordenes, intentaba razonar con él. Su hermano del medio, Emir de los Hombres, estaba callado y lloraba en un rincón.
VANESA: Pero malvado Conde, ¡no tenemos ese dinero!
CONDE ARIEL: ¡Entonces la casa es mía! ¡Y ustedes a la calle! ¡Muajajajajá!
EMIR: Denos esta semana y le conseguiremos el dinero, lo prometemos.
CONDE: Está bien, está bien. Tienen hasta el viernes, sino se irán. Y si no se van, quemaré este lugar por completo con ustedes dentro. Porque soy malvado. ¡Malvado!
Y riéndose como loco se marchó. Los tres hermanos, muertos de rabia y miedo, se abrazaron y lloraron. Otros animales de la granja que andaban por allí, se unieron al abrazo familiar y lloraban también. ¿Por qué todos lloraban? Pues porque esto es un culebrón.
VANESA: Ay, virgencita mía, ¿qué haremos para salir de esta desgracia? Vamos a perder todo. La casa de nuestros padres, donde nos criaron con tanto amor y fuimos tan felices. ¡Fuimos tan felices aquí! No puedo creer que todo esté a punto de derrumbarse. ¿Por qué la vida es tan cruel con nosotros, los hermanos Campestres?
CARLA: Si alguien puede sacarnos de esto, esa eres tú, Vanesa de las Órdenes.
EMIR: Pero no, María Carla, esto es un culebrón. No hay lugar para el empoderamiento femenino ni para los homosexuales. Así que básicamente estamos en esta historia de relleno. 
VANESA: Así es, María Carla de las Penas Interminables, tienes que ser tú la que vaya a buscar un trabajo.
EMIR: Un trabajo digno de una mujer de culebrón. Así que tiene que ser de mucama. O de secretaria de algún hombre apuesto.
Carla quedó boquiabierta.
CARLA: Pero, ¿qué será de ustedes si yo me voy?
VANESA: Probablemente moriremos injustificadamente cuando los autores necesiten generarte más drama. 
Y todos se abrazaron nuevamente y volvieron a llorar mientras se despidieron. Así, Carla, con un chancho bajo el brazo, literalmente, dejó a su familia y los campos para ir a la ciudad, con el objetivo de conseguir el dinero para salvar a sus hermanos.

V

Carla llegó a la mansión Bustamante Torres de los Prados y consiguió el puesto de mucama, debido a que por error, el personal la confundió con una mucama especializada que una agencia debería haber mandado. Así que la contrataron pese a que ella no tenía experiencia. 
Su primer amigo fue Emmanuel De las Sagradas Lesiones, el joven que se encargaba de las mandarinas. Porque la familia tenía un campo de mandarinas.
EMMA: La única decente en esta familia es Lucy. El resto son todas unas mangas de buitres. En especial el hermano mayor. ¿Sabes por qué se fue la empleada anterior? Porque él la enamoró y luego la abandonó. Ella tenía el corazón destrozado por amarlo tanto y nunca se pudo recuperar.
CARLA: Pues a mí no me va a pasar. ¡Yo soy una mujer hecha y derecha que jamás le romperán el corazón! 
Y este es el discurso feminista que siempre hace la protagonista sólo para contradecirse en la siguiente escena.
EMMA: Llevale éstas toallas al amo entonces.
Y Carla, decidida y empoderada, fue hacia la habitación de Matías de los Dientes para dejar las toallas. Justo entonces salió el muchacho, heredero de la casa, envuelto en una del baño.
CARLA: ¡Perdón, señor!
MATIAS: ¿Y vos quién sos?
CARLA: Soy María Carla, mi señor. Su nueva mucama, mi señor. Perdón, yo no sabía que usted estaba en cuero, patroncito. ¡Qué vergüenza!
Carla estaba roja de pena al ver al chico de abdominales marcados. Pero entonces, la novia de Matías, miraba la escena de la mucama desde la puerta de la habitación.
VANESA: ¡¿Pero qué significa ésto?!
CARLA: ¿Vane? ¿Otra vez? ¿No eras mi hermana?
VANESA: No sé si notaste, pero somos pocas las chicas del grupo y tenemos que hacer dobles personajes.
CARLA: ¿E Ivana?
MATIAS: Ella es mi mamá.
CARLA: Ah.
VANESA: Además, soy tan multifacética, que si me hago trenzas quedo como una tierna campesina que almuerza palomas, pero si me ato el cabello bien ajustado quedo como Isabel Macedo en Floricienta.
CARLA: Es verdad. Bueno, va a ser interesante verte en el papel de villana.
VANESA: Gracias, mirá lo que tengo para vos.
Y sacando una botella de perfume, roció por el rostro de Carla un poco de su contenido. 
CARLA: ¿Qué es? ¿Perfume?
VANESA: Ácido.
CARLA: Ah. ¡Aaaaaaaaaaaahhh!

VI

La Vanesa malvada se dirigió indignada hacia donde el chofer de la mansión, Juan de los Aviones Caídos, se encontraba. Le dio un beso en los labios. 
VANESA: No sé quién es la chiruza ridícula pero la quiero fuera de la casa. No puedo dejar que Matías ande detrás de las falditas de las sirvientas, de nuevo.
JUAN: Dejá de darle importancia a la campesina y concentrate en hacerlo feliz a tu futuro marido. Que si lo atendieras mejor no andaría detrás de otras. Una vez que se case con vos, vamos a sacarlo del medio y nos quedaremos con su fortuna.
VANESA: Ajajajajá. Que malos somos.
IVANA: ¡Yo también quiero a esa chiruza fuera de esta casa!
JUAN y VANESA: ¡Ivana de las Quejas!
Ivana, la dueña de aquel imperio, apareció a hablar de sus sentimientos con la lentitud que su bastón le permitía.
IVANA: Desde que esa porqueriza llegó, noto que mi Sergio ha cambiado. Mi marido, el dueño de esta estancia... Ay, mis reumas... Como decía, sé que Sergio me oculta un secreto y me destroza no saber cuál es.
SERGIO: Pues es hora de decir la verdad.
JUAN, VANESA e IVANA: ¡Sergio de las Compras!
Sergio, con su temple amenazante, se acercó hacia ellos.
SERGIO: ¿Ustedes quieren saberlo todo, eh? Pues he de confesar algo tan terrible y no estoy para nada orgulloso de ello. ¡Esa chica es mi hija!
Todos exclamaron un gemido de sorpresa ante la revelación.
SERGIO: Durante años la he apartado de mi cuidado, pero ahora que ha regresado hacia mí por voluntad propia, puedo acercarme a ella, conocerla y nombrarla legítima heredera de toda mi fortuna. ¡Aaaahhh!
Y entonces Sergio se murió allí mismo. 
IVANA: ¡Sergio! 
Derramó una lágrima por él y luego miró a Vanesa y a Juan.
IVANA: La chiruza no puede saber que ella es la heredera de toda esta inmensa fortuna y que tiene los mismos derechos de sucesión que sus hermanos.
CARLA: ¿De qué no me tengo que enterar yo?
Todos en ese momento se giraron para ver que Carla, en compañía de la hermana pequeña Lucy, entraron en el sitio de la mansión que sea donde se encontraban estos personajes.
LUCY: ¡Que sos mi hermana, sonsa!
Lucy abrazó colmada de felicidad a Carla. Era la única que sonreía en esa escena. Luego, suspiró y comenzó a retirarse.
LUCY: No puedo creer que me hagan aparecer en este capítulo para decir solamente ésto. ¿Pero quiénes se creen que son? A Vane le dan dos personajes, ¡dos! y a mí me hacen salir para decir un diálogo que tranquilamente lo podía haber dicho cualquiera. Después se quejan de que los abandono por Álvaro...
Pero Carla, lejos de interesarse en el soliloquio de Lucy, tenía otros problemas en la cabeza. Nunca mejor dicho.
CARLA: ¡No puedo creer que soy heredera de esta mansión! Yo, que me he criado en el hambre, en el frío y en la pobreza. Yo, que a veces no tenía zapatos para ir a la escuela y que tuve que matar a mi cocodrilo favorito para hacerme unos zapatitos. Y luego a mi otro cocodrilo para una cartera a tono. ¡Y ahora soy tan inmensamente feliz! Porque con esta plata, podré ayudar a mis hermanitos.
MATIAS: ¿Entonces somos hermanos?
En ese momento apareció Matías, ya enterado de la noticia y por lo que eso significaba. Lo sorprendente es que ninguno de los hijos estaba demostrando ninguna clase de angustia porque el padre acababa de morir delante de todos. 
CARLA: No podremos estar juntos, mi amor. 
IVANA: En realidad, no son hermanos.
Todos volvieron a lanzar un gemido de asombro.
MATIAS: ¿No lo somos, madre?
IVANA: Yo, como la vieja que es ortiva al principio y después se hace buena porque se compadece por vaya a saber Dios qué, tengo que revelar que en realidad Sergio no es tu padre. Sino que tu padre es...
RODRIGO: Soy yo.
TODOS: ¡Rodrigo de los Armarios! 
RODRIGO: Así es. Yo soy tu verdadero padre, Matías.
MATIAS: Entonces me puedo casar con Carla.
La malvada Vanesa dio un paso al frente.
VANESA: Disculpen, ¿alguien puede acordarse de mí?
MATIAS: Y vos vas a ir presa.
VANESA: ¿Yo? ¿Por qué?
MATIAS: Pues por fingir un embarazo, matar a tu amante cuando tuvo un poco de culpa y quiso revelar todo el plan, impedir que mi hermana menor sea feliz con Emma y presentarle a Álvaro y luego trazar un plan que dejó al chico de las mandarinas ciego por unos meses y luego paralítico por otro.
VANESA: Ah, eso. Ustedes hacen drama por cualquier cosa.
Y entonces, ya sin nada que les impida la felicidad, Carla y Matías se casaron y vivieron felices para siempre.

VII

Carla abrió los ojos nuevamente y lejos del final feliz de su culebrón a causa de una contusión, estaba desparramada en el piso del gimnasio con Jose intentando reanimarla.
JOSE: Carla... ¿estás bien?
CARLA: Jose... ¿Dónde estoy? 
JOSE: Tuviste un golpe en la cabeza y te desmayaste. ¿Querés que llame una ambulancia?
CARLA: No será necesario. Me encuentro bien, pero tengo que hablar con Darío.
Todos pegaron un gemido de sorpresa.
CARLA: Ya dejamos el culebrón detrás, por el amor de Dios. 
Así que Carla salió al exterior del gimnasio para tener una charla con el niño robot. Era hora de dejar todo el drama a un lado y hablar honestamente como una adulta.
CARLA: Darío, tengo que confesarte algo.
DARIO: Ahora que lo mencionás, yo también.
CARLA: ¿Ah, sí?
DARIO: He estado mucho tiempo sin animarme a decirlo.
Carla suspiró llena de culpa.
CARLA: Sé lo que vas a decir, Darío. Y la verdad es que yo me siento igual que vos.
El rostro de Darío se iluminó, aunque ella no entendió por qué.
DARIO: ¿De verdad?
CARLA: Claro que sí. Desde que lo supe, me siento cargada de culpa, porque vos sos como un hermano para mí. Y esto está mal.
DARIO: Claro que está mal, Carla. Pero no pudimos evitar que suceda.
CARLA: Por supuesto que no pudimos evitarlo. Pero tenemos que ser maduros con estos y tomar la decisión más sabia. Así que por consecuente, te prometo que no voy a salir más con tu padre.
El rostro de Darío permaneció perplejo.
DARIO: ¿Que qué?
CARLA: De eso estábamos hablando, ¿no?
DARIO: Claro... Salís con mi padre.
CARLA: Sólo fue un romance de fin de semana, Darío, pero te prometo que terminaré con él hoy mismo. Jamás pondría en peligro lo que tengo con vos por esto. 
Darío abrió la boca pero no dijo nada más. Si bien Carla decidió terminar con los culebrones, probablemente él todavía no estaba listo para cruzar esa puerta.

VIII

Jose decidió despedirse de sus alumnos de las 21.
JOSE: Bueno, chicos, ésta es mi última clase con ustedes porque ya vuelve Ariel.
Esperó a que cesara el lamento general antes de volver a hablar.
JOSE: Pero no se preocupen, que juntos tenemos mucho para investigar.
La promesa no sirvió para levantar los ánimos, porque los chicos preferían un buen entrenamiento antes de que resolver el misterio del congelador y la chica desaparecida, pero se tuvieron que conformar con lo que había. 
Así que cuando todo el grupo se marchó, Jose se dedicó a apagar los ventiladores del gimnasio y a guardar los elementos desordenados. Tan concentrado estaba en su tarea, que no percibió a la persona que sigilosamente se puso detrás de él y lo dejó inconsciente de un buen golpe en la cabeza.
Por suerte, ya estaba desmayado y no sintió dolor por los siguientes golpes que le dieron.

IX
La Noche de Año Nuevo

Ariel lanzó un gemido de angustia cuando vio que Ivana lo llamaba a su celular.
ARIEL: Acabo de recibir un golpe en la cabeza, ¿por qué no me dejas con mi dolor en paz?
IVANA: No te llamo porque deseo genuinamente hablar con vos. Te llamo porque hemos pensado en algo.
ARIEL: Esto es nuevo.
IVANA: Si el chico que golpeamos estaba malherido y dimos por muerto, es probable que cuando despertara buscara ayuda médica. Así que, ¿puedes preguntar en la guardia de la clínica si está en el mismo lugar que vos? Como para ahorrarnos un poquitito el tema de buscarlo por todo el pueblo.
Ariel lanzó un suspiro. 
ARIEL: De acuerdo. Lo haré sólo por ustedes. Para que vean que, pese a que cada rato intentan que deje de ser su entrenador para irse con el primero que les da cariño, yo soy fiel al grupo.
Ivana ni siquiera le contestó porque cortó la llamada antes de que él termine su discurso.
Así que se puso de pie, caminó con el suero en mano y la bata de clínica semiabierta y se dirigió hacia la recepción. La enfermera de guardia no parecía entusiasmada con trabajar en la noche de año nuevo.
ARIEL: Disculpe... Quiero saber si puedo hablar con Jose Navarra. Está internado en esta clínica.