Previamente en A las 21 en CrossFit:
Los chicos descubrieron que la búsqueda del congelador
resultó inútil. Después de todo, Ariel lo había cambiado de lugar. Mientras
tanto, en la noche de Año Nuevo, Carla visitó a Emma y descubrió que él tuvo el
congelador todo el tiempo.
A las 21 en CrossFit
1.04
I
La Noche de Año Nuevo
Darío, Emir, Vanesa e Ivana volvieron a la fiesta de
despedida de año, de la que se habían marchado para ir a enterrar un cadáver.
DARIO: Finalmente, todo volvió a la normalidad.
EMIR: Acabamos de matar a alguien y enterrar el cuerpo,
¿cómo podés decir que todo volvió a la normalidad?
DARIO: No estamos matando a nadie ahora, ¿o sí?
Vanesa lanzó su suspiro característico de "voy a dar
una orden precisa y espero que todos la cumplan al pie de la letra".
VANESA: Bueno, chicos, mézclense entre la gente y
socialicen. Esa será la mejor manera de no llamar la atención.
Pero, como siempre, ante cada orden, Ivana tenía un
"pero".
IVANA: Vane, nosotros no nos hablamos con nadie fuera de
nuestro círculo. Si interactuamos con una persona ajena, llamaríamos la
atención mucho más.
VANESA: Es verdad. Hablemos entre nosotros, pero de forma
relajada.
IVANA: Nunca estamos relajados cuando hablamos entre
nosotros, porque siempre nos estamos quejando que no interactuamos con nadie
más.
EMIR: Realmente somos un círculo.
VANESA: Por lo menos, vamos con nuestro grupo. Allá están
Sergio, Adrián y Matías.
DARIO: No parecen felices.
IVANA: Porque son Sergio, Adrián y Matías.
Los cuatro emprendieron el camino entre la multitud.
Entonces, Ivana tomó a Emir del brazo y lo hizo detener su marcha, mientras
Vanesa y Darío continuaron.
IVANA: Oh, por Dios, Emir. Creo que perdí mi anillo de
casada.
EMIR: No lo perdiste, Ivana. Es tu inconsciente que te
dice que no estás sintiéndote plena con tu vida conyugal.
IVANA: Menos plena me voy a sentir en la cárcel, porque
creo que lo perdí mientras enterrábamos el cuerpo.
Emir, finalmente, entendió que la exaltación de Ivana no
era exagerada, esta vez.
EMIR: Oh, por Dios, ¿qué haremos?
IVANA: Tenemos que ir a buscarlo.
EMIR: Vamos a avisarle a Vane.
Emir estaba por ir tras ella, cuando Ivana lo sujetó del
brazo nuevamente.
IVANA: ¿Vos querés que yo muera?
EMIR: ¿Esa es una pregunta retórica?
IVANA: Vane me mataría, Emir. ¿Trajiste tu caballo azul?
¡Tenemos que ir a la casa de Ariel ahora!
II
5 Semanas Antes
Ivana esperaba que se hiciera el horario para ir a
CrossFit, cuando sorpresivamente Sergio apareció listo para marchar.
SERGIO: ¿Estás lista para ir a entrenar?
IVANA: Pero todavía falta media hora.
SERGIO: Es que hoy iremos caminando.
Ivana miró la moto estacionada en el garaje y luego miró
a su marido.
IVANA: ¿Ah, sí? ¿Por qué?
SERGIO: Porque llegaron los nuevos rollers que compré y
los quiero estrenar de camino al gimnasio.
Ivana se quedó catatónica, al tiempo que Sergio se ponía
unos gigantes rollers en los pies.
IVANA: ¿Cuándo compraste...? ¿Por qué compraste...? ¿De
qué...? ¿Qué pasó acá?
SERGIO: Los vi en una publicidad. Son unos rollers que
tiran fuego a determinada velocidad y dicen que provoca una sensación de estar
volando.
IVANA: Yo, en este momento, me siento en las nubes sin
necesidad de usarlos.
Sergio terminó de colocarse los rollers y le extendió a
su mujer la mochila.
SERGIO: Vas a tener que llevar la mochila porque yo tengo
que hacer equilibrio.
Ivana agarró la mochila y por poco se cayó.
IVANA: ¡Por Dios! ¿Por qué pesa tanto?
SERGIO: Porque también llegaron las kettlebells que
compré. ¿Viste que Ariel nos incita a que compremos nuestros propios elementos
de entrenamiento?
IVANA: Son innumerables las cosas que me incita a hacer
Ariel, pero no las hago porque no quiero ir presa.
SERGIO: Bueno, para que no te enojes y digas que me
deliro la plata en mí, te compré una kettlebell para vos también. Son de 21.
IVANA: ¿Me estás diciendo que tengo que llevar 42 kilos
hasta el gym? ¿En mi espalda? ¿Caminando?
SERGIO: En realidad, son 63. Compré tres kettlebell. La
extra es por si alguno de nuestros compañeros necesita.
IVANA: ¡Pero si apenas entrenamos con la de 9!
SERGIO: Pero ya vamos a llegar al peso que debemos.
Además, necesito que lleves al Otro Ariel, porque tenemos que devolverlo.
IVANA: ¡Sergio! ¿Por qué voy a llevar...?
SERGIO: ¡No te escucho! ¡Estoy volandoooooo!
Y efectivamente, mientras sus rollers lanzaban llamas,
Sergio sintió que estaba en el cielo.
III
Y mientras Ivana comenzaba el lento camino hacia el
gimnasio, sus amigos tuvieron una reunión de último momento en el departamento
de Vanesa. Darío y Emir aceptaron su invitación.
VANESA: Los he reunido aquí para hablar. Como
recordaremos, el congelador desaparecido, me dio la certeza que Ariel está
escondiendo algo.
EMIR: ¿Sus ganas de programar los entrenamientos?
VANESA: Algo más peligroso. Así que la mejor manera de
averiguarlo, es entrar en su casa ahora que él está en el gimnasio.
Emir y Darío cruzaron una mirada de confusión.
EMIR: ¿Vos estás sugiriendo que entremos ilegalmente a su
domicilio?
VANESA: Sí. Tenemos que hacerlo con cuidado y sigilo.
DARIO: ¿Por eso no está invitada Ivana?
Vanesa dejó la pregunta en el aire.
EMIR: No lo sé, Vane. ¿Qué piensa Juan de esto?
VANESA: Obvio que Juan se opone. Me acusa de estar
obsesionada con el tema, lo cual no es verdad. Por eso, lo encerré en el
sótano. Por mentiroso.
En ese momento, escucharon la voz de Juan a lo lejos.
JUAN: ¡Por favor, Vane! ¡Dejame salir!
VANESA: Lo hubieras pensado antes de amenazarme con ir a
hablar con Ariel.
JUAN: ¡Vane!... Tengo hambre...
EMIR: ¿Hace cuánto lo tenés encerrado ahí?
VANESA: Hace tres días.
JUAN: ¡Tengo mucho hambre!
VANESA: Dejar unos días de comer no te va a venir mal, en
especial ahora que dejaste de ir a entrenar con nosotros.
Emir estaba horrorizado, pero más se alteró cuando vio
que Darío sonreía.
DARIO: Me gusta esto, porque me da la idea de que si nos
abandonás, vas a sufrir mucho.
Vanesa dejó de discutir con Juan y volvió a adentrarse en
el plan.
VANESA: Bueno, tenemos que irnos.
EMIR: ¿En qué iremos hasta allá?
VANESA: Como tenemos que ser sigilosos, pensé en que
podíamos ir en ñandú.
Los ojos de Emir brillaron de emoción.
EMIR: ¿Me vas a dejar conducir uno?
Vanesa lo miró detenidamente por unos segundos y suspiró.
VANESA: No.
IV
Mientras tanto, Carla sufría el estigma del abandono. Ese
día en particular, no sólo Lucila la había dejado, sino que se dio cuenta que
no estaban ninguno de sus amigos.
CARLA: No puedo creer que no vino nadie. Todos los que
están son novatos. Así no puedo entrenar bien.
EMMA: ¿Cómo que no hay nadie? ¡Estoy yo! Te sacaste la
lotería, Carla.
Carla lanzó un suspiro de tristeza.
CARLA: ¿Por qué sigo sin sentirme afortunada?
EMMA: Pensá en tus amigos como si fueran ganado. Tu
ganado se acaba de morir. ¿Qué te queda por hacer?
CARLA: Comerlos.
EMMA: Fue una mala metáfora.
CARLA: Pero entiendo el punto, Emma. Todos mis caballos
buenos desaparecieron y sólo me queda el burro chueco con problemas mentales.
EMMA: Tu metáfora fue peor que la mía.
CARLA: Es que no entiendo, Emma. Hace semanas que Lucila
se fue y yo no lo supero. Estoy abierta a conseguir un nuevo compañero de WOD.
En ese momento, una chica totalmente desconocida, coloca
su mano en el hombro de Carla como señal de apoyo.
CHICA: Escuché tu lamento. Yo seré tu nueva compañera de
entrenamiento.
CARLA: Me volvés a dirigir la palabra y te saco los ojos.
La chica quedó perpleja. Luego, antes de romper a llorar,
salió corriendo del gimnasio y nunca más regresó. Carla volvió a mirar a Emma.
CARLA: Realmente no entiendo por qué no puedo conocer a
nadie más.
Entonces, un muchacho al que Carla ya conocía, entró en
el gimnasio.
MATIAS: Tus problemas se solucionaron, Carla. Yo seré tu
compañero.
V
10 Años Atrás
Para entender quién es Matías y cómo conoce a Carla, hay
que remontarnos una década al pasado, cuando Carla, Vanesa y Emir eran
adolescentes y hacían cosas típicas de adolescentes: jugaban a tirarse choclos
por la cabeza, competían por quién ordeñaba más vacas o disfrutaban de sus
clásicas tarde de verano en el chiquero.
Pero nunca fueron solamente ellos tres. Antes, compartía
sus ratos libres un muchacho rubio llamado Matías. Y fue en un día donde los
chicos estaban atentos a sus carreras de caracoles, cuando Matías les anunció
que se marcharía del campo y se iría a la gran ciudad.
Todos notaron algo extraño en él, cuando apareció sin su
característico taparrabo. Usaba la ropa como la que usaban esos turistas que
venían de vez en cuando a comprar.
MATIAS: Chicos, me iré a vivir a la ciudad. Dicen que
allá hay calles tan duras como las nuestras, pero que son grises. Dicen que hay
casas más altas que la de los árboles pero que no te dejan llegar a ellas con
una liana, como hacíamos nosotros. Será todo un cambio para mí.
CARLA: ¡Mati! ¡No podés irte! ¡Tengo problemas con el
abandono!
MATIAS: Me dijeron que en la ciudad hay especialistas
para tratar tu problema también.
VANESA: ¿Te volveremos a ver, Matías?
MATIAS: Claro que sí. Por más hectáreas que nos dividan,
siempre seré uno de ustedes.
LOS 3: Uno de nosotros, uno de nosotros, uno de nosotros.
MATIAS: Emprendo el viaje, chicos.
Y entonces Matías se subió a su carreta y sus tres amigos
lo vieron marcharse. Vanesa y Carla sacaron sus pañuelos blancos y lo agitaron
mientras se marchaba, mientras que el pequeño Emir corrió unos metros al lado
del caballo, agitando su mano para despedirse de un amigo y su amigo devolvía
el saludo con su sombrero al viento, al que no volverían a ver hasta 10 años
después.
VI
10 Años Después
Carla se sintió muy feliz de volver a ver a Matías. Era
un muchacho atractivo, delgado y con ese típico carisma de que cuando sonreía,
uno de sus dientes lanzaba un pequeño destello de luz como en los comerciales.
El que no se sintió muy conforme, fue Emma.
EMMA: No podés venir a pedir ser el compañero de Carla
así como si nada. Esto lo tiene que elegir Ariel.
CARLA: Pero Ariel está ocupado persiguiendo a Sergio para
que le preste sus rollers.
En ese momento, se giraron para ver que en la calle,
Sergio iba con sus rollers que lanzaban fuego mientras Ariel corría detrás de
él intentando alcanzarlo.
ARIEL: ¡Prestame, Sergio!
SERGIO: ¡Comprate los tuyos, croto!
ARIEL: ¡Prestame! ¡Dale! ¡Prestame!
Resignados a que esa noche no tendrían entrenador, una
vez más, tenían que resolver aquel conflicto por ellos mismos.
MATIAS: Entonces haremos una competencia entre nosotros
para decidir quién se queda con Carla.
CARLA: ¿Dos muchachos peléandose por mí? Esto no me
pasaba desde... Bueno, en realidad nunca me pasó.
EMMA: Me parece justo. Competiremos entre nosotros. El
mejor amigo de su infancia contra su mejor amigo actual.
CARLA: ¿Mi qué actual?
EMMA: No es necesario que lo niegues para no herirlo.
Este campesino va a entender que su tiempo ya pasó.
VII
Mientras tanto, Ivana continuaba su caminata hacia el
gimnasio, llevando una pesada mochila en su espalda. Literalmente.
IVANA: Estoy llevando una mochila de 63 kilos con una
figura de cartón de un hombre que pesa 150. No sé cómo mi vida podría ser peor.
En ese momento, rompió a llover.
IVANA: Ah, claro, llueve. Ahora no sé cómo podría ser
peor. Pero ese extraño hombre de gabardina y un cuchillo en la mano, que se
acerca caminando hacia mí en el medio de la calle, seguramente me hará ver que
estoy equivocada.
VIII
Mientras tanto, frente a la casa de Ariel y bajo la
lluvia, Darío, Emir y Vanesa ataron los ñandús que los transportaban y miraron
el panorama.
DARIO: Mi ojo biónico me indica que no hay nadie dentro
de la casa.
EMIR: ¿Tu... Qué?
DARIO: Supongo que no tiene sentido que lo siga
ocultando. Es hora de rebelarles mi mayor secreto.
Emir miró a Vanesa, quién bajo la lluvia sólo pensó por
qué Darío tenía tendencia a querer hablar de sí mismo en los momentos menos
oportunos.
EMIR: ¿Va a salir del clóset?
VANESA: ¿Ser gay te da ojos biónicos?
EMIR: No.
VANESA: Entonces es otra cosa.
DARIO: La realidad, chicos, es que yo soy mitad robot.
Emir y Vanesa se quedaron en silencio.
VANESA: Hablo en nombre mío, de Emir, de todos los chicos
de las 21 y probablemente de todo el que esté leyendo esta historia, al
preguntar: ¿Qué?
DARIO: Hace años, tuve un terrible accidente donde perdí
parte del cuerpo. Para ser salvado, acepté ser parte de un proyecto
experimental que me convirtió en robot. Por eso me da pena salir a correr con
ustedes. Porque escucharían el ruido metálico de mis piernas.
EMIR: ¿O sea que tus músculos...?
DARIO: Son pura mecánica.
EMIR: ¡Sabía que esos músculos no eran gracias a nuestro
entrenamiento!
Darío sonrió.
DARIO: Ahora que saben mi secreto, me siento más
tranquilo.
EMIR: ¿No es sorprendente como todos tienen poderes que
convenientemente aparecen cuando la trama lo necesita?
VANESA: No sé de qué estás hablando, Emir. Pero como yo
sé hablar con los animales, les diré a las águilas que vigilen la zona para que
Ariel no llegue cuando estemos dentro de su casa.
IX
Ivana corría a
toda velocidad escapando del extraño sujeto. O a la velocidad que podía correr
llevando todo lo que llevaba. Gritando como una loca por medio de la calle y la
lluvia para exteriorizar su problema.
IVANA: ¡Aaaaaahhhhh! ¡Quiere matarme! ¡Auxilio!
VECINO 1: ¡Soltá la mochila!
IVANA: ¡No puedo! ¡Es importante para mi marido!
VECINO 2: ¡Soltá la figura de cartón!
IVANA: ¡No puedo! ¡Es importante para mi entrenador!
VECINO 3: ¡Entrá en casa y llamaremos a la policía!
IVANA: ¡No puedo! ¡Tengo que llegar a horario! ¡Es
importante para Vane!
VECINO 4: ¡Entonces vas a morir!
IVANA: Probablemente.
Y continuó corriendo.
X
Mientras tanto, Darío, Emir y Vanesa investigaban en la
casa de Ariel. No había señales de un congelador, así que decidieron ser más
minuciosos para ver si encontraban otra cosa interesante.
EMIR: ¡Oh, por Dios! ¡Tiene una gigantografía de nuestro
grupo en el baño!
Vanesa fue hacia donde estaba Emir y descubrió que
efectivamente había una foto enorme de todo el grupo de las 21.
VANESA: ¡Esto es perturbador! ¿Por qué tiene una foto de
nuestro grupo en el baño?
EMIR: Creo que la foto es para los dardos que tiene al
lado del inodoro. Cuando está aquí, debe matar el tiempo atravesándonos con
clavos en la cabeza.
VANESA: Gracias a Dios. Por un segundo, pensé que era un
pervertido.
EMIR: No, no quiere abusar de nosotros. Sólo quiere
matarnos.
VANESA: Y eso me basta.
DARIO: ¡Chicos! ¡Encontré algo!
Vanesa y Emir salieron del baño y entraron en la
habitación. Darío abrió una pequeña carpeta que tenía muchos recortes de
diario. Era el seguimiento de una misma noticia.
VANESA: Una chica desaparecida...
DARIO: Creo que encontramos lo que está dentro del
congelador.
XI
Carla vio llegar a Ivana y salió a recibirla. Ivana
apareció cansada, resfriada y empapada.
CARLA: Ivana, me sucedió la cosa más triste.
IVANA: ¿A vos? ¡Yo casi me muero!
CARLA: Pero vos siempre casi te morís.
IVANA: Y a vos siempre te pasan cosas tristes.
CARLA: Mi viejo amigo Matías y nuestro nuevo conocido
Emma compitieron entre ellos para ver quién se convertiría en mi compañero de
WOD.
IVANA: ¿Dos hombres compitiendo por vos? Dejame que saque
mi pañuelo para secar mis lágrimas.
CARLA: Lo triste viene después. Se dieron cuenta que eran
tan buenos entrenando juntos, que decidieron que yo sobraba en la ecuación.
IVANA: ¿Entonces?
CARLA: Ahora Mati y Emma son pareja.
IVANA: Supongo que era cuestión de tiempo.
CARLA: En fin, nos vemos mañana.
IVANA: ¿Como que mañana? ¿Y la clase?
CARLA: Ya terminó.
Ivana notó desde la vereda, que el reloj marcaba las 22.
XII
La Noche de Año Nuevo
Emir entró en la casa de Ariel por segunda vez esa noche
y por tercera vez en su vida, esta vez acompañado por Ivana para buscar el
anillo que ella extravió. Pero la imagen que encontraron dentro fue, por lejos,
la más perturbadora de todas las imágenes perturbadoras que vivió en ese hogar.
EMIR: Ivana... Ariel está en el piso.
IVANA: Durante tanto tiempo he deseado su muerte y el muy
cretino decide morirse hoy.
EMIR: Creo que no está muerto pero... Hay sangre en el
piso. ¡Lo golpearon!
IVANA: ¡Dios mío! ¿Quién querría golpearlo?... Pero, ¿qué
estoy preguntando? ¿Quién no querría?
EMIR: Iré a investigar en el patio.
IVANA: Yo intentaré reanimarlo.
EMIR: Probá con respiración boca a boca.
IVANA: Mejor dejémoslo morir.
Mientras Emir se fue hasta el patio, Ivana le dio
puntaditas a Ariel con el pie.
IVANA: Ari... ¿Estás vivo?... Ari...
ARIEL: Hummm...
IVANA: Oh, estás vivo. ¡Nunca concretás nada!
En ese momento, Emir volvió a ingresar.
EMIR: Creo que no es el único que está vivo.
IVANA: No me digas que...
EMIR: Nuestro muerto no está.
IVANA: ¿Y mi anillo?
EMIR: Ahora sí tendremos que llamar a Vane.
Ariel parpadeó desde el piso.
ARIEL: Y si quieren, pueden llamar una ambulancia para mí
también.
CONTINUARÁ...