lunes, 29 de enero de 2018

1.04 - Los que Regresan

Previamente en A las 21 en CrossFit:
Los chicos descubrieron que la búsqueda del congelador resultó inútil. Después de todo, Ariel lo había cambiado de lugar. Mientras tanto, en la noche de Año Nuevo, Carla visitó a Emma y descubrió que él tuvo el congelador todo el tiempo.

A las 21 en CrossFit
1.04

I
La Noche de Año Nuevo

Darío, Emir, Vanesa e Ivana volvieron a la fiesta de despedida de año, de la que se habían marchado para ir a enterrar un cadáver.
DARIO: Finalmente, todo volvió a la normalidad.
EMIR: Acabamos de matar a alguien y enterrar el cuerpo, ¿cómo podés decir que todo volvió a la normalidad?
DARIO: No estamos matando a nadie ahora, ¿o sí?
Vanesa lanzó su suspiro característico de "voy a dar una orden precisa y espero que todos la cumplan al pie de la letra".
VANESA: Bueno, chicos, mézclense entre la gente y socialicen. Esa será la mejor manera de no llamar la atención.
Pero, como siempre, ante cada orden, Ivana tenía un "pero".
IVANA: Vane, nosotros no nos hablamos con nadie fuera de nuestro círculo. Si interactuamos con una persona ajena, llamaríamos la atención mucho más.
VANESA: Es verdad. Hablemos entre nosotros, pero de forma relajada.
IVANA: Nunca estamos relajados cuando hablamos entre nosotros, porque siempre nos estamos quejando que no interactuamos con nadie más.
EMIR: Realmente somos un círculo.
VANESA: Por lo menos, vamos con nuestro grupo. Allá están Sergio, Adrián y Matías.
DARIO: No parecen felices.
IVANA: Porque son Sergio, Adrián y Matías.
Los cuatro emprendieron el camino entre la multitud. Entonces, Ivana tomó a Emir del brazo y lo hizo detener su marcha, mientras Vanesa y Darío continuaron.
IVANA: Oh, por Dios, Emir. Creo que perdí mi anillo de casada.
EMIR: No lo perdiste, Ivana. Es tu inconsciente que te dice que no estás sintiéndote plena con tu vida conyugal.
IVANA: Menos plena me voy a sentir en la cárcel, porque creo que lo perdí mientras enterrábamos el cuerpo.
Emir, finalmente, entendió que la exaltación de Ivana no era exagerada, esta vez.
EMIR: Oh, por Dios, ¿qué haremos?
IVANA: Tenemos que ir a buscarlo.
EMIR: Vamos a avisarle a Vane.
Emir estaba por ir tras ella, cuando Ivana lo sujetó del brazo nuevamente.
IVANA: ¿Vos querés que yo muera?
EMIR: ¿Esa es una pregunta retórica?
IVANA: Vane me mataría, Emir. ¿Trajiste tu caballo azul? ¡Tenemos que ir a la casa de Ariel ahora!

II
5 Semanas Antes

Ivana esperaba que se hiciera el horario para ir a CrossFit, cuando sorpresivamente Sergio apareció listo para marchar.
SERGIO: ¿Estás lista para ir a entrenar?
IVANA: Pero todavía falta media hora.
SERGIO: Es que hoy iremos caminando.
Ivana miró la moto estacionada en el garaje y luego miró a su marido.
IVANA: ¿Ah, sí? ¿Por qué?
SERGIO: Porque llegaron los nuevos rollers que compré y los quiero estrenar de camino al gimnasio.
Ivana se quedó catatónica, al tiempo que Sergio se ponía unos gigantes rollers en los pies.
IVANA: ¿Cuándo compraste...? ¿Por qué compraste...? ¿De qué...? ¿Qué pasó acá?
SERGIO: Los vi en una publicidad. Son unos rollers que tiran fuego a determinada velocidad y dicen que provoca una sensación de estar volando.
IVANA: Yo, en este momento, me siento en las nubes sin necesidad de usarlos.
Sergio terminó de colocarse los rollers y le extendió a su mujer la mochila.
SERGIO: Vas a tener que llevar la mochila porque yo tengo que hacer equilibrio.
Ivana agarró la mochila y por poco se cayó.
IVANA: ¡Por Dios! ¿Por qué pesa tanto?
SERGIO: Porque también llegaron las kettlebells que compré. ¿Viste que Ariel nos incita a que compremos nuestros propios elementos de entrenamiento?
IVANA: Son innumerables las cosas que me incita a hacer Ariel, pero no las hago porque no quiero ir presa.
SERGIO: Bueno, para que no te enojes y digas que me deliro la plata en mí, te compré una kettlebell para vos también. Son de 21.
IVANA: ¿Me estás diciendo que tengo que llevar 42 kilos hasta el gym? ¿En mi espalda? ¿Caminando?
SERGIO: En realidad, son 63. Compré tres kettlebell. La extra es por si alguno de nuestros compañeros necesita.
IVANA: ¡Pero si apenas entrenamos con la de 9!
SERGIO: Pero ya vamos a llegar al peso que debemos. Además, necesito que lleves al Otro Ariel, porque tenemos que devolverlo.
IVANA: ¡Sergio! ¿Por qué voy a llevar...?
SERGIO: ¡No te escucho! ¡Estoy volandoooooo!
Y efectivamente, mientras sus rollers lanzaban llamas, Sergio sintió que estaba en el cielo.

III

Y mientras Ivana comenzaba el lento camino hacia el gimnasio, sus amigos tuvieron una reunión de último momento en el departamento de Vanesa. Darío y Emir aceptaron su invitación.
VANESA: Los he reunido aquí para hablar. Como recordaremos, el congelador desaparecido, me dio la certeza que Ariel está escondiendo algo.
EMIR: ¿Sus ganas de programar los entrenamientos?
VANESA: Algo más peligroso. Así que la mejor manera de averiguarlo, es entrar en su casa ahora que él está en el gimnasio.
Emir y Darío cruzaron una mirada de confusión.
EMIR: ¿Vos estás sugiriendo que entremos ilegalmente a su domicilio?
VANESA: Sí. Tenemos que hacerlo con cuidado y sigilo.
DARIO: ¿Por eso no está invitada Ivana?
Vanesa dejó la pregunta en el aire.
EMIR: No lo sé, Vane. ¿Qué piensa Juan de esto?
VANESA: Obvio que Juan se opone. Me acusa de estar obsesionada con el tema, lo cual no es verdad. Por eso, lo encerré en el sótano. Por mentiroso.
En ese momento, escucharon la voz de Juan a lo lejos.
JUAN: ¡Por favor, Vane! ¡Dejame salir!
VANESA: Lo hubieras pensado antes de amenazarme con ir a hablar con Ariel.
JUAN: ¡Vane!... Tengo hambre...
EMIR: ¿Hace cuánto lo tenés encerrado ahí?
VANESA: Hace tres días.
JUAN: ¡Tengo mucho hambre!
VANESA: Dejar unos días de comer no te va a venir mal, en especial ahora que dejaste de ir a entrenar con nosotros.
Emir estaba horrorizado, pero más se alteró cuando vio que Darío sonreía.
DARIO: Me gusta esto, porque me da la idea de que si nos abandonás, vas a sufrir mucho.
Vanesa dejó de discutir con Juan y volvió a adentrarse en el plan.
VANESA: Bueno, tenemos que irnos.
EMIR: ¿En qué iremos hasta allá?
VANESA: Como tenemos que ser sigilosos, pensé en que podíamos ir en ñandú.
Los ojos de Emir brillaron de emoción.
EMIR: ¿Me vas a dejar conducir uno?
Vanesa lo miró detenidamente por unos segundos y suspiró.
VANESA: No.

IV

Mientras tanto, Carla sufría el estigma del abandono. Ese día en particular, no sólo Lucila la había dejado, sino que se dio cuenta que no estaban ninguno de sus amigos.
CARLA: No puedo creer que no vino nadie. Todos los que están son novatos. Así no puedo entrenar bien.
EMMA: ¿Cómo que no hay nadie? ¡Estoy yo! Te sacaste la lotería, Carla.
Carla lanzó un suspiro de tristeza.
CARLA: ¿Por qué sigo sin sentirme afortunada?
EMMA: Pensá en tus amigos como si fueran ganado. Tu ganado se acaba de morir. ¿Qué te queda por hacer?
CARLA: Comerlos.
EMMA: Fue una mala metáfora.
CARLA: Pero entiendo el punto, Emma. Todos mis caballos buenos desaparecieron y sólo me queda el burro chueco con problemas mentales.
EMMA: Tu metáfora fue peor que la mía.
CARLA: Es que no entiendo, Emma. Hace semanas que Lucila se fue y yo no lo supero. Estoy abierta a conseguir un nuevo compañero de WOD.
En ese momento, una chica totalmente desconocida, coloca su mano en el hombro de Carla como señal de apoyo.
CHICA: Escuché tu lamento. Yo seré tu nueva compañera de entrenamiento.
CARLA: Me volvés a dirigir la palabra y te saco los ojos.
La chica quedó perpleja. Luego, antes de romper a llorar, salió corriendo del gimnasio y nunca más regresó. Carla volvió a mirar a Emma.
CARLA: Realmente no entiendo por qué no puedo conocer a nadie más.
Entonces, un muchacho al que Carla ya conocía, entró en el gimnasio.
MATIAS: Tus problemas se solucionaron, Carla. Yo seré tu compañero.

V
10 Años Atrás

Para entender quién es Matías y cómo conoce a Carla, hay que remontarnos una década al pasado, cuando Carla, Vanesa y Emir eran adolescentes y hacían cosas típicas de adolescentes: jugaban a tirarse choclos por la cabeza, competían por quién ordeñaba más vacas o disfrutaban de sus clásicas tarde de verano en el chiquero.
Pero nunca fueron solamente ellos tres. Antes, compartía sus ratos libres un muchacho rubio llamado Matías. Y fue en un día donde los chicos estaban atentos a sus carreras de caracoles, cuando Matías les anunció que se marcharía del campo y se iría a la gran ciudad.
Todos notaron algo extraño en él, cuando apareció sin su característico taparrabo. Usaba la ropa como la que usaban esos turistas que venían de vez en cuando a comprar.
MATIAS: Chicos, me iré a vivir a la ciudad. Dicen que allá hay calles tan duras como las nuestras, pero que son grises. Dicen que hay casas más altas que la de los árboles pero que no te dejan llegar a ellas con una liana, como hacíamos nosotros. Será todo un cambio para mí.
CARLA: ¡Mati! ¡No podés irte! ¡Tengo problemas con el abandono!
MATIAS: Me dijeron que en la ciudad hay especialistas para tratar tu problema también.
VANESA: ¿Te volveremos a ver, Matías?
MATIAS: Claro que sí. Por más hectáreas que nos dividan, siempre seré uno de ustedes.
LOS 3: Uno de nosotros, uno de nosotros, uno de nosotros.
MATIAS: Emprendo el viaje, chicos.
Y entonces Matías se subió a su carreta y sus tres amigos lo vieron marcharse. Vanesa y Carla sacaron sus pañuelos blancos y lo agitaron mientras se marchaba, mientras que el pequeño Emir corrió unos metros al lado del caballo, agitando su mano para despedirse de un amigo y su amigo devolvía el saludo con su sombrero al viento, al que no volverían a ver hasta 10 años después.

VI
10 Años Después

Carla se sintió muy feliz de volver a ver a Matías. Era un muchacho atractivo, delgado y con ese típico carisma de que cuando sonreía, uno de sus dientes lanzaba un pequeño destello de luz como en los comerciales. El que no se sintió muy conforme, fue Emma.
EMMA: No podés venir a pedir ser el compañero de Carla así como si nada. Esto lo tiene que elegir Ariel.
CARLA: Pero Ariel está ocupado persiguiendo a Sergio para que le preste sus rollers.
En ese momento, se giraron para ver que en la calle, Sergio iba con sus rollers que lanzaban fuego mientras Ariel corría detrás de él intentando alcanzarlo.
ARIEL: ¡Prestame, Sergio!
SERGIO: ¡Comprate los tuyos, croto!
ARIEL: ¡Prestame! ¡Dale! ¡Prestame!
Resignados a que esa noche no tendrían entrenador, una vez más, tenían que resolver aquel conflicto por ellos mismos.
MATIAS: Entonces haremos una competencia entre nosotros para decidir quién se queda con Carla.
CARLA: ¿Dos muchachos peléandose por mí? Esto no me pasaba desde... Bueno, en realidad nunca me pasó.
EMMA: Me parece justo. Competiremos entre nosotros. El mejor amigo de su infancia contra su mejor amigo actual.
CARLA: ¿Mi qué actual?
EMMA: No es necesario que lo niegues para no herirlo. Este campesino va a entender que su tiempo ya pasó.

VII

Mientras tanto, Ivana continuaba su caminata hacia el gimnasio, llevando una pesada mochila en su espalda. Literalmente.
IVANA: Estoy llevando una mochila de 63 kilos con una figura de cartón de un hombre que pesa 150. No sé cómo mi vida podría ser peor.
En ese momento, rompió a llover.
IVANA: Ah, claro, llueve. Ahora no sé cómo podría ser peor. Pero ese extraño hombre de gabardina y un cuchillo en la mano, que se acerca caminando hacia mí en el medio de la calle, seguramente me hará ver que estoy equivocada.

VIII

Mientras tanto, frente a la casa de Ariel y bajo la lluvia, Darío, Emir y Vanesa ataron los ñandús que los transportaban y miraron el panorama.
DARIO: Mi ojo biónico me indica que no hay nadie dentro de la casa.
EMIR: ¿Tu... Qué?
DARIO: Supongo que no tiene sentido que lo siga ocultando. Es hora de rebelarles mi mayor secreto.
Emir miró a Vanesa, quién bajo la lluvia sólo pensó por qué Darío tenía tendencia a querer hablar de sí mismo en los momentos menos oportunos.
EMIR: ¿Va a salir del clóset?
VANESA: ¿Ser gay te da ojos biónicos?
EMIR: No.
VANESA: Entonces es otra cosa.
DARIO: La realidad, chicos, es que yo soy mitad robot.
Emir y Vanesa se quedaron en silencio.
VANESA: Hablo en nombre mío, de Emir, de todos los chicos de las 21 y probablemente de todo el que esté leyendo esta historia, al preguntar: ¿Qué?
DARIO: Hace años, tuve un terrible accidente donde perdí parte del cuerpo. Para ser salvado, acepté ser parte de un proyecto experimental que me convirtió en robot. Por eso me da pena salir a correr con ustedes. Porque escucharían el ruido metálico de mis piernas.
EMIR: ¿O sea que tus músculos...?
DARIO: Son pura mecánica.
EMIR: ¡Sabía que esos músculos no eran gracias a nuestro entrenamiento!
Darío sonrió.
DARIO: Ahora que saben mi secreto, me siento más tranquilo.
EMIR: ¿No es sorprendente como todos tienen poderes que convenientemente aparecen cuando la trama lo necesita?
VANESA: No sé de qué estás hablando, Emir. Pero como yo sé hablar con los animales, les diré a las águilas que vigilen la zona para que Ariel no llegue cuando estemos dentro de su casa.


IX

Ivana corría  a toda velocidad escapando del extraño sujeto. O a la velocidad que podía correr llevando todo lo que llevaba. Gritando como una loca por medio de la calle y la lluvia para exteriorizar su problema.
IVANA: ¡Aaaaaahhhhh! ¡Quiere matarme! ¡Auxilio!
VECINO 1: ¡Soltá la mochila!
IVANA: ¡No puedo! ¡Es importante para mi marido!
VECINO 2: ¡Soltá la figura de cartón!
IVANA: ¡No puedo! ¡Es importante para mi entrenador!
VECINO 3: ¡Entrá en casa y llamaremos a la policía!
IVANA: ¡No puedo! ¡Tengo que llegar a horario! ¡Es importante para Vane!
VECINO 4: ¡Entonces vas a morir!
IVANA: Probablemente.
Y continuó corriendo.

X

Mientras tanto, Darío, Emir y Vanesa investigaban en la casa de Ariel. No había señales de un congelador, así que decidieron ser más minuciosos para ver si encontraban otra cosa interesante.
EMIR: ¡Oh, por Dios! ¡Tiene una gigantografía de nuestro grupo en el baño!
Vanesa fue hacia donde estaba Emir y descubrió que efectivamente había una foto enorme de todo el grupo de las 21.
VANESA: ¡Esto es perturbador! ¿Por qué tiene una foto de nuestro grupo en el baño?
EMIR: Creo que la foto es para los dardos que tiene al lado del inodoro. Cuando está aquí, debe matar el tiempo atravesándonos con clavos en la cabeza.
VANESA: Gracias a Dios. Por un segundo, pensé que era un pervertido.
EMIR: No, no quiere abusar de nosotros. Sólo quiere matarnos.
VANESA: Y eso me basta.
DARIO: ¡Chicos! ¡Encontré algo!
Vanesa y Emir salieron del baño y entraron en la habitación. Darío abrió una pequeña carpeta que tenía muchos recortes de diario. Era el seguimiento de una misma noticia.
VANESA: Una chica desaparecida...
DARIO: Creo que encontramos lo que está dentro del congelador.

XI

Carla vio llegar a Ivana y salió a recibirla. Ivana apareció cansada, resfriada y empapada.
CARLA: Ivana, me sucedió la cosa más triste.
IVANA: ¿A vos? ¡Yo casi me muero!
CARLA: Pero vos siempre casi te morís.
IVANA: Y a vos siempre te pasan cosas tristes.
CARLA: Mi viejo amigo Matías y nuestro nuevo conocido Emma compitieron entre ellos para ver quién se convertiría en mi compañero de WOD.
IVANA: ¿Dos hombres compitiendo por vos? Dejame que saque mi pañuelo para secar mis lágrimas.
CARLA: Lo triste viene después. Se dieron cuenta que eran tan buenos entrenando juntos, que decidieron que yo sobraba en la ecuación.
IVANA: ¿Entonces?
CARLA: Ahora Mati y Emma son pareja.
IVANA: Supongo que era cuestión de tiempo.
CARLA: En fin, nos vemos mañana.
IVANA: ¿Como que mañana? ¿Y la clase?
CARLA: Ya terminó.
Ivana notó desde la vereda, que el reloj marcaba las 22.

XII
La Noche de Año Nuevo

Emir entró en la casa de Ariel por segunda vez esa noche y por tercera vez en su vida, esta vez acompañado por Ivana para buscar el anillo que ella extravió. Pero la imagen que encontraron dentro fue, por lejos, la más perturbadora de todas las imágenes perturbadoras que vivió en ese hogar.
EMIR: Ivana... Ariel está en el piso.
IVANA: Durante tanto tiempo he deseado su muerte y el muy cretino decide morirse hoy.
EMIR: Creo que no está muerto pero... Hay sangre en el piso. ¡Lo golpearon!
IVANA: ¡Dios mío! ¿Quién querría golpearlo?... Pero, ¿qué estoy preguntando? ¿Quién no querría?
EMIR: Iré a investigar en el patio.
IVANA: Yo intentaré reanimarlo.
EMIR: Probá con respiración boca a boca.
IVANA: Mejor dejémoslo morir.
Mientras Emir se fue hasta el patio, Ivana le dio puntaditas a Ariel con el pie.
IVANA: Ari... ¿Estás vivo?... Ari...
ARIEL: Hummm...
IVANA: Oh, estás vivo. ¡Nunca concretás nada!
En ese momento, Emir volvió a ingresar.
EMIR: Creo que no es el único que está vivo.
IVANA: No me digas que...
EMIR: Nuestro muerto no está.
IVANA: ¿Y mi anillo?
EMIR: Ahora sí tendremos que llamar a Vane.
Ariel parpadeó desde el piso.
ARIEL: Y si quieren, pueden llamar una ambulancia para mí también.


CONTINUARÁ...

lunes, 22 de enero de 2018

1.03 - El Duelo

Previamente en A las 21 en CrossFit:
En la noche de Año Nuevo, los chicos enterraron un cuerpo en el patio de la casa de Ariel, su entrenador. Todo parece estar bajo control, pero Ariel les recuerda que sólo la novia de la persona que enterraron puede causarles problemas. Lucila, por su parte, llamó a Carla para contarle lo destruida que estaba porque Álvaro no aparecía por ningún lado.
Mientras tanto, unas semanas antes, los chicos lograron hacerse copias de las llaves del depósito para investigar qué es lo que contenía el congelador.

I
La Noche de Año Nuevo

Con un compañero de entrenamiento, uno genera unos lazos sumamente fuertes. Deposita en él toda su confianza para superarse día a día. Por eso, más allá de que Lucila se fue a otro gimnasio, el lazo que tenía con Carla continuaba sumamente vigente.
CARLA: Lucila, corazón, necesito que te calmes y que me cuentes todo lo que pasó.
LUCILA: Álvaro y yo discutimos.
CARLA: Lucy, no debería decírtelo, pero ese muchacho nunca me cayó bien. Había algo maligno en su mirada. Lo supe desde el primer momento. Fue mi culpa, porque tendría que habértelo dicho y no dejarme avasallar por tu abandono y traición. Pero lo cierto, es que esto que te hizo, no es algo que me sorprenda.
LUCILA: Discutimos por mi culpa.
CARLA: Ah.
Afortunadamente, Lucila estaba sumergida en su angustia como para haber escuchado algo del discurso de su amiga.
LUCILA: Lo de siempre. No quiere entender que no siento nada por mi ex.
CARLA: Claro. Bueno. Lucy, como buena amiga que soy, sólo me queda acompañarte en este rato de profundo malestar y dolor.
Justo en ese momento, a Carla le llegó un mensaje al celular.
CARLA: Pero será en otro momento. Tengo que irme.
Se incorporó para salir de la casa de su amiga, aunque pensó que quizá debía decirles algunas palabras amables.
CARLA: Sólo quiero que sepas que no importa que te hayas ido a otro gym. Nosotras seguimos siendo inseparables.
LUCILA: ¿Puedo irme con vos?
CARLA: No.
La abrazó antes de marcharse.
CARLA: Suerte.

II
6 Semanas Atrás

Darío llegó unos minutos antes del horario de entrenamiento y se encontró con Vanesa e Ivana esperando.
DARIO: ¿Cómo están, chicas?
VANESA: Bien.
IVANA: Yo estoy pasando el peor día de mi vida, te juro. Creo que me está por venir.
A Vanesa se le encendieron las alarmas.
VANESA: ¿Cómo que te está por venir? Mañana es la fecha en que te viene.
IVANA: Bueno, Vane, a veces pasa que se me adelanta.
VANESA: ¡No, Ivana! Al menos aguantá hasta después de medianoche, así las tres seguimos teniendo el período en el mismo día.
DARIO: ¿Cómo pueden sincronizar su período?
VANESA: El mío es sincronizado. Al de ellas les falta disciplina.
Ivana abrazó a su amiga para tranquilizarla.
IVANA: Tranquila. Intentaré que no me venga antes de la medianoche.
VANESA: Eso espero. Como forma de asegurarme de que no me mentís, quiero que te quites tu toallita y te la coloques recién después de las 12.
IVANA: Pero... Vane...
VANESA: Sin excusas, Ivana, vamos.
Ivana, angustiada, se retiró hacia el baño del gimnasio, al tiempo que Emir llegaba en su nueva moto.
DARIO: ¿Y esa moto?
EMIR: Me la compré. Estoy cansado de ser un chico de campo, así que decidí adaptarme a la ciudad.
VANESA: Es muy bonita.
EMIR: ¿Verdad que sí? Se llama Petulancia.
VANESA: ¡Es un hermoso nombre!
DARIO: Ustedes saben que las motos no tienen nombres, ¿verdad?
EMIR: ¿No tienen? ¿Entonces cómo vienen cuando las llamas?
DARIO: No vienen. Vos tenías que ir hasta ella.
EMIR: ¡Pero qué invento inútil!
Y toda la felicidad de su nueva compra, se evaporó en ese instante.
DARIO: ¿Sabías que Vane obliga a las chicas a tener el período todas juntas?
EMIR: Sí. Lo intentó conmigo también, pero no tengo ovarios.
VANESA: Por ahora, Emir, por ahora.
Ivana, mucho más animada de lo que entró, salió orgullosa del baño.
IVANA: Bien, todo está en orden. Tomé un sorbo del té de hierbas que te dio ese extraño chamán al que Vane recurrió por esta idea.
EMIR: Pensé que ese té provocaba terribles efectos secundarios.
IVANA: ¿Qué me hace un dedo más o un dedo menos en la espalda?
En ese entonces, una mujer vestida de negro, con un sombrero que tenía un velo del mismo color, apareció ante ellos.
EMIR: ¿Carla?
CARLA: Así es, chicos. Como Luci oficialmente ha dejado de pertenecer a nuestro gimnasio, he decidido llevar el luto en su memoria. Me siento triste y desolada.
Ivana corrió a abrazarla.
IVANA: Te entiendo. Yo tengo días así.
EMIR: Vos sos un día así.
CARLA: De verdad, siento que nunca volveré a ser feliz.
En ese momento, salió el entrenador a la puerta.
ARIEL: Chicos, no les daré la clase de hoy.
CARLA: ¡La vida es una fiesta! ¡Celebremos!

III

Mientras todos ingresaron al gimnasio, el entrenador decidió darles unas palabras de despedida.
ARIEL: Voy a estar ocupado con un grupo de personas más importantes, así que hoy Jose les dará la clase.
EMIR: Me mojé.
Todos miraron a Emir, quien justo estaba en el dispenser.
JOSE: ¿Te paso una toalla?
EMIR: Siempre es lo mejor para secarse.
ARIEL: Bueno, sé que van a estar tristes y me van a extrañar. Pero hagan lo posible por no pasarla mal sin mí.
Silencio.
ARIEL: Si quieren que me quede, pueden pedírmelo y yo rechazaré esta reunión por estar con ustedes.
Más silencio.
ARIEL: El momento para impedir que los abandone es... ¡ahora!
Se podían escuchar las chicharras desde la otra cuadra.
Ariel se giró hacia la salida, maldiciéndolos.
ARIEL: Malditos malagradecidos. Encima que me pagan la cuota cuando quieren, se hacen los inconformes con mi entrenamiento. Pero ya van a ver, cuando...
Finalmente, sus palabras se perdieron con su ausencia y todos volvieron a interactuar con normalidad. Jose, sorprendido, miró a la mujer de luto.
JOSE: ¿Vos por qué estás de negro?
CARLA: Es que mi compañera de entrenamiento se fue. Mi Luci, ¿entendés? Nadie la va a reemplazar. Así que si hay que hacer parejas, haré con el Otro Ariel. Necesito algo perturbador y siniestro para contrastar.
IVANA: No sé de cuál Ariel estás hablando.
Vanesa se acercó hacia Carla para cambiar de tema de conversación.
VANESA: ¿Podés creer que Ivana casi tiene su período hoy?
CARLA: ¡Pero qué indisciplinada!
IVANA: Gracias por ayudarme.
CARLA: No fui yo. Fue la boca que me está saliendo en la rodilla. Yo sí tomo el té que Vane nos dio.
VANESA: Así me gusta, Carla.
CARLA: Ojalá el té ayudara con un corazón roto.
JOSE: Perder a un compañero de entrenamiento es muy triste.
CARLA: Lo mismo le dije a Ariel.
JOSE: ¿Y qué te dijo él?
CARLA: Me dio su figura de cartón para consolarme.
Jose torció la boca, aunque no emitió juicio de valor.
JOSE: Hagamos algo más significativo. Enterremos a Lucy.
EMIR: ¿Viva?
JOSE: No, simbólicamente. Aunque hay un sarcófago en el depósito que podemos usar. Esperen aquí. Darío, ayudame.
Le hizo señas a Darío y ambos se perdieron escalera abajo.
EMIR: ¿Hay un ataúd en el depósito y nosotros perdimos la cabeza por un congelador? Deberíamos haber visto un poco más de Detective Conan.
VANESA: Esto es bueno. Porque cuando haya que guardar el sarcófago, podemos acceder al congelador sin despertar sospechas.
IVANA: Es una suerte que el sufrimiento de Carla venga de diez con tus planes.
VANESA: Ay, la verdad es que sí. Aunque me parte el alma verla entrenar con el Otro Ariel.
EMIR: Y eso que no la viste jugando al subibaja con él. Eso fue más triste aún. Ella nunca podía subir. Me partió el corazón.
Darío y Jose aparecieron en el salón portando un ataúd de madera, aunque no tenía la tapa.
JOSE: Nos faltaría la tapa nada más.
IVANA: ¿Por qué no está la tapa? Perdón, vamos de nuevo. ¿Por qué había un ataúd en el depósito?
JOSE: Porque Ariel lo dejó aquí. Quiere ser velado en el gimnasio y nunca compró la tapa porque consideró que estando muerto igual iba a ser muy bonito.
IVANA: Me quedo con la parte de que él muerto es algo muy bonito.
JOSE: No fue lo que dije.
IVANA: Fue lo que escuché y con eso me basta.
VANESA: Bueno, Emir, vamos a ir a comprar una tapa en tu caballo azul.
DARIO: Moto.
VANESA: Lo que sea. Aceleremos el proceso, porque me doy cuenta que en este grupo utilizan cualquier excusa con tal de no entrenar.
Justo en el momento en que Vanesa y Emir salieron, Emma apareció.
EMMA: ¿Qué está pasando acá? ¿A quién velamos?
CARLA: A Lucy, Emma. A mi pequeña Lucy.
EMMA: ¿A Lucy? ¿Qué le pasó?
CARLA: ¡Se nos fue!
Emma y Carla se abrazaron a punto de echarse a llorar.
EMMA: ¡No! ¡Lucy no! ¿Por qué no se murió Mauro?
IVANA: Porque él no está en esta historia, Emma.
EMMA: ¡Lucy! ¡Yo la quería tanto!
CARLA: Todos estamos sufriendo el mismo dolor. Así que podés llorar con confianza.
Entonces, sin retrasar sus emociones, ambos comenzaron a llorar escandalosamente. El entrenador del momento, Jose, miró al resto de sus alumnos.
JOSE: ¿No deberían decirle al chico que en realidad no murió?
IVANA: Si fuéramos un grupo de personas que dicen las cosas cuando deben, ninguna situación absurda nos pasaría.

IV
La Noche de Año Nuevo

Carla salió de la casa de su antigua amiga y aceptó la llamada de Vanesa. Se dio cuenta al instante que la puso en el altavoz y que todo lo que dijera, seguramente lo escucharían el resto de sus compañeros.
Pero ella estaba feliz porque había llegado a una brillante conclusión.
CARLA: Acabo de estar con Lucy. Después de ser su compañera durante tanto tiempo, creo que exageré un poco respecto a cómo me tomé su partida.
VANESA: ¿Vos decís?
IVANA: ¿Un poco?
EMIR: Y te está juzgando Ivana, ¿eh?
CARLA: ¿Qué tal ustedes?
VANESA: Ya terminamos todo acá. ¿Vas para la fiesta?
CARLA: Voy en breve. Antes tengo que hacer una pequeña parada.
Y antes de que le preguntaran donde, cortó el teléfono.

V
6 Semanas Antes

El caballo azul de Emir se detuvo en un sonido ahogado. No volvió a encenderse de nuevo.
VANESA: Creo que se quedó sin energía.
EMIR: Es muy raro. Le di de comer ayer.
VANESA: Ni modo. Tendremos que ir hasta la estación de servicio.
Caminaron un par de cuadras hasta que finalmente llegaron al lugar.
PLAYERO: ¿Cuánto van a cargar?
EMIR: Hasta que se llene y comience a relinchar de nuevo.
El playero se mostró confundido a la hora de ver el tanque.
PLAYERO: Tu tanque está lleno de pasto.
EMIR: Sí, esa es la boca, ¿no? Por ahí le di de comer. No quiero quedar como un idiota ante Darío. Sabía que la moto no iba a comer por la rueda.
El playero miró a Vanesa esperando una explicación, a lo que ella simplemente se limitó a negar con la cabeza.
VANESA: Estas cosas sólo refuerzan el estereotipo sobre los pueblerinos. Espero que Carla sepa comportarse mejor.
Al mismo tiempo, pero en el gimnasio...
CARLA: Y ahora, todos elevamos nuestra pierna izquierda por encima de la cintura, elevamos el brazo derecho y gritamos "¡Aaahhh lalalalalalala!" como Xina.
TODOS: ¡Aaahhh lalalalalalala!, como Xina.
Carla puso sus manos en actitud orante.
CARLA: Y así, despedimos a nuestros muertos en mis tierras.
IVANA: No sé cuál parte fue la que me gustó más. Si la de bailar desnudos mientras nos azotábamos con alambre de púas o la de amasar un pato virgen para degustar su sangre.
CARLA: Y para culminar, nos rociamos con el semen de un hombre fortachón.
Todos se quedaron en silencio.
DARIO: De acuerdo, seré ese hombre...
IVANA: ¡Esperá un segundo!
Ivana detuvo a su amigo antes que se bajara los pantalones.
IVANA: Tenemos dos hombres fortachones en nuestro grupo. Darío y Jose. ¿Cómo sabremos cuál es el correcto?
EMMA: ¿Por qué no me consideraste a mí?
Ivana parpadeó un par de veces.
IVANA: Mala mía.
JOSE: Yo creo que esto ha ido demasiado lejos.
IVANA: ES bueno que lo menciones, considerando que todo esto fue tu culpa.
Justo en ese instante, Vane y Emir aparecieron con la tapa que faltaba para el sarcófago.
VANESA: Trajimos la tapa. ¿Podemos entrenar ya?
CARLA: Llegaron a la parte final del ritual de despedida.
EMIR: ¿La parte del semen? ¡Genial!
EMMA: No puedo creer que Ivana no me consideró como un hombre fortachón. Emir, ¿acaso vos me considerás apto para rociarte con mi semen?
EMIR: ¿No me vas a invitar a comer antes?
JOSE: Creo que es una parte que, de todos modos, nos podemos saltear.
IVANA: Por favor, ya tuve demasiadas costumbres campestres por un día. ¡Darío! ¡Por todos los cielos! ¡Dijimos que no lo íbamos a hacer!
JOSE: ¿Podemos guardar el ataúd en el depósito?
EMMA: ¿En el depósito? ¡Ustedes quieren guardar a Lucy en el depósito! Ella no puede quedar olvidada en un sótano. Su alma era tan noble, que lo mínimo que se merecería es que la dejemos en la vereda de nuestro gimnasio, para que todo el mundo sepa que ella perteneció a nuestro grupo.
IVANA: Si las costumbres del campo son raras, las de la ciudad no son mejores... ¡Darío! ¡Que la cortes!
VANESA: Nosotros vamos a llevar el ataúd abajo. Carla y Emma están sufriendo mucho para esto. Y además es mejor si Darío tiene las dos manos ocupadas.
Vanesa, Ivana, Darío y Emir descendieron al depósito y guardaron el sarcófago.
VANESA: Tengo que contarles algo. Estábamos en la estación de servicio, alimentando a la moto de Emir...
EMIR: Con nafta, porque darle pasto sería una estupidez.
VANESA: Cuando vi a uno de mis viejos compañeros de entrenamiento. En efecto, el gimnasio que abrieron existe.
IVANA: ¡Entonces están vivos! Me siento un poco decepcionada, porque pensé en encontrar los restos de los cadáveres en el congelador.
EMIR: Aun así, no quita que el congelador fuera muy sospechoso. Así que ya que estamos, descubramos qué había dentro.
DARIO: Ojalá pudiéramos, pero el congelador ya no está.
Los cuatro comenzaron la búsqueda por el lugar y descubrieron que efectivamente el gigantesco aparato eléctrico había desaparecido.
IVANA: El muy cretino lo sacó.
VANESA: Entonces realmente está escondiendo algo ahí.
DARIO: Pero, ¿a dónde se lo llevó?

VI
La Noche de Año Nuevo

Carla estudió el rostro asustadizo de su compañero cuando él la dejó pasar a su casa.
CARLA: Qué conveniente tu mensaje. Justo estaba con Lucy.
EMMA: ¿Ella se encuentra bien?
CARLA: No, claro que no. Su novio ha desaparecido, ¿cómo pretendés que esté bien? Sólo necesito que esta noche termine. ¿Y bien?
Emma asintió y la dirigió hasta el garaje de su casa.
EMMA: Está aquí.
Carla torció la boca al ver el gigante congelador que antes estaba en el depósito del gimnasio.
CARLA: Lo tuviste todo este tiempo.
EMMA: Los chicos no van a pensar que soy un traidor, ¿no?

CONTINUARÁ...