1
Miró a todos los periodistas e invitados y ahogó un suspiro de nervios. Cuando todos la vieron, automáticamente se quedaron en silencio cual era la costumbre en cada sitio que iba. Y, no sin un enorme esfuerzo, sonrió.
VANESA: Muchas gracias a todos por venir esta noche. Oficialmente vamos a inaugurar nuestro nuevo gimnasio, Aliados. Mi nombre es Vanesa Ramírez y soy entrenadora. Mi colega, Jose Navarra, también es el entrenador y dueño del lugar.
Vanesa señaló con su palma extendida a Jose, quien sólo sonrió tímidamente a la multitud e hizo un gesto de saludo con la mano.
VANESA: ¿No vas a decir nada? De acuerdo. En nuestro gimnasio, además de CrossFit, van a poder encontrarse con otras disciplinas. Este es un sueño en el que hemos trabajado durante meses. Es de público conocimiento lo que le ha pasado a nuestro antiguo gimnasio, La Ira, y estas almas descarriadas, mis amigos y actuales alumnos, necesitaban un sitio que fuera su nuevo refugio.
PERIODISTA: ¿Por qué decidieron llamarlo Aliados?
VANESA: En memoria de nuestro viejo...
JOSE: Antiguo.
VANESA: Antiguo entrenador. A Ariel Villavieja le encantaba llamar a nuestro grupo así, porque él nos...
JOSE: Quería.
VANESA: Quería mucho.
PERIODISTA: ¿Y todos los antiguos alumnos de La Ira siguen con ustedes?
VANESA: La mayoría. Es una buena pregunta, porque muchos de ellos han sufrido la destrucción del antiguo gimnasio como si de una casa familiar se tratase. Y ellos han colaborado para levantar este sitio desde el primer cimiento. Lo cual es una metáfora, porque este lugar ya existía. Nosotros simplemente lo alquilamos.
Miró entre el público buscando a alguno de sus amigos a los que hacía referencia, pero no lograba divisar a ninguno. ¿Los desgraciados se habían olvidado que tenían que estar presentes en la Conferencia de Prensa? Estaba a punto de ponerse nerviosa pero luego imaginó que los castigaría haciéndolos arrodillarse en maíz. Esa imagen la tranquilizó automáticamente.
Es que Ivana Océanos tuvo intenciones de llegar a horario. Pero cuando abrió la puerta de su casa, se encontró con varias montañas de arena que le prohibían la salida. Como siempre que tiene que manejar una crisis con madurez, fue corriendo a despertar a Sergio.
IVANA: ¡Sergio! ¡Sergio! ¡Sergio! ¡Hay arena en nuestra vereda!
Sergio Barrioviejo, su marido, sonrió de felicidad.
SERGIO: ¡Es genial! ¡Ya llegó!
IVANA: ¿Vos encargaste esa arena?
SERGIO: Sí. ¿Te acordás que estábamos hablando de poner una piscina en nuestro patio?
IVANA: Sí... Lo recuerdo. No entiendo qué tiene qué ver la arena, a menos que quisieras construirla y hacerla de cemento.
SERGIO: Es que pensé que una piscina era muy aburrido y para gente pobre.
IVANA: Pero Sergio... ¡Somos pobres!
SERGIO: Entonces me dije "al carajo, tendremos nuestra propia playa".
IVANA: ¿Que tendremos qué?
SERGIO: Sé que parece loco, pero estuve averiguando y es totalmente factible. Sólo tendremos que destruir parte de la casa porque necesitaremos más espacio. Por suerte hay habitaciones de sobra sin usar.
IVANA: Que estaban destinadas a las visitas, a mis padres o a los hijos que no tenemos.
SERGIO: Ivana, nunca recibimos gente, nunca querés que tus padres se queden a dormir acá y lo de los hijos ni siquiera lo hablamos.
IVANA: Estoy muy ocupada siendo madre de uno.
SERGIO: Pero ahora, con nuestra propia playa, tendremos la casa llena de gente todo el tiempo.
IVANA: Está bueno, aunque ahora no tendrán dónde quedarse a dormir.
SERGIO: Dormirán en el agua. Hice esto por nosotros y para que veas que siempre le presto atención a nuestras conversaciones.
Ivana estaba a punto de llorar pero no de emoción.
IVANA: Yo hubiera sido feliz con una planchita para el pelo.
Por su parte, Emir Cazenave hubiera llegado a tiempo a la conferencia a la que fue citado, pero en ese momento, estaba despidiendo a Matías, el chico con el que mantenía una relación en secreto.
Como día por medio, Matías se iba a otro pueblo por su trabajo de dentista. Salía bien temprano por la mañana y lo vería recién a la mañana siguiente. No tenía problemas con esa dinámica, pero la noche anterior surgió algo que despertó la inquietud en Emir.
EMIR: Antes de irte, tengo que preguntarte, ¿estás seguro de esto que estamos haciendo?
MATIAS: ¿A qué te referís?
EMIR: A que tengo dudas sobre si realmente sos... Gay.
MATIAS: Creo que hicimos cosas bastante gays.
EMIR: Bueno, anoche estabas dormido y me preguntaste en qué momento se me achicaron los pechos. Me dio la sensación de que estabas buscando a una chica.
MATIAS: Oh, no seas tonto, Emir. Probablemente quise hacerte una broma o algo así. Realmente no lo recuerdo. Pero te prometo que soy más gay de lo que tu amigo Rodrigo alguna vez se atrevería a admitir.
EMIR: Y con eso, ya me basta.
Se dieron un beso de despedida y se prometieron ver al día siguiente.
Emmanuel Alvorada ni siquiera tuvo intenciones de aparecer en la conferencia de Vanesa y Jose, por más que confirmó su asistencia en incontables ocasiones. En ese momento de la mañana, estaba lidiando con un problema mucho más importante.
Robustiano de Jesús Love le abrió la puerta de su casa.
ROBUS: ¡Emma! ¿Qué hacés acá?
EMMA: Vengo por Lucy, Robus.
ROBUS: Pero Lucy está en la iglesia. ¿No te lo dijo?
EMMA: Es por ese tema que vengo. Esta semana fue tres veces. Nadie reza tanto a menos que sea el Papa. ¿Lucy se convirtió en papa o en alguna otra verdura religiosa?
Robus lanzó una carcajada por la ocurriencia.
ROBUS: No está rezando. ¿No te contó todos los actos de beneficiencia que hacen allí? La ciudad está pasando por muchas crisis económicas. Ellos prestan una mano. Aunque ya me imagino tu inquietud. Estás temiendo que te esté engañando con otro y que la Iglesia sea una fachada.
EMMA: Dudo mucho que Lucy encuentre a alguien mejor que yo. Es decir, mirame, soy fabuloso, pero a veces las personas eligen mal.
ROBUS: Tal vez te sentirías mejor si vas a la Iglesia y ayudás a otros también.
EMMA: Ella me invitó pero no me veo ayudando a otras personas. Me preocupa porque desde que está en la Iglesia, se ha olvidado hasta de ir a entrenar. Y lo que es peor, ni siquiera tiene tiempo para lo más importante en su vida, o sea, yo.
ROBUS: Vamos, Emma, la conocés a Lucy. Ella, de alguna manera que nadie en la familia puede entender aún, te quiere. Jamás haría nada para lastimarte. Y si vos la quisieras, tendrías que apoyarla en sus ideas.
EMMA: ¿Estás sugiriendo que me infiltre en la iglesia a fin de sabotear su trabajo y hacer que vuelva conmigo?
ROBUS: ¿Qué? No. Jamás te aconsejaría que...
EMMA: ¡Sos un genio, Robus! ¡Gracias!
Y feliz por tener un plan en la mira, se marchó feliz de aquella reunión.
Quien sí quiso ir a la conferencia pero estaba demorada, fue Carla Neuquén. Tenía que esperar a que su novio secreto volviera de su viaje. Como Matías tenía llave del departamento, podría haber entrado tranquilamente sin que ella estuviera presente, pero desde el día anterior que tenía una duda que no le permitía estar tranquila.
Así que cuando el muchacho llegó, la saludó con un beso y ella decidió quitarse la angustia que la carcomió durante más de 24 horas.
CARLA: Amor, tengo que preguntarte algo. La noche anterior, estando dormido, me preguntaste en qué momento me saqué el pene.
MATIAS: ¿Eso hice? Vaya que hablo mucho mientras estoy dormido.
CARLA: Sí, y me pareció algo raro. Porque no tengo problemas con todos los fetiches sexuales que quieras, pero creo que si hay algo que querés decirme...
MATIAS: No, no, no, tontita. Te habré hecho un chiste mientras dormía. Yo soy más heterosexual de lo que tu amigo Rodrigo aspiraría a ser. Te doy mi palabra.
Carla suspiró con tranquilidad ante la analogía.
CARLA: Y con eso, ya estoy en paz.
Se acercó con un beso, dispuesta a darle la bienvenida.
Vanesa decidió brindar el discurso final para dar por culminada aquella conferencia de prensa.
VANESA: Así que todos están más que invitados a sumarse al Equipo Aliados. Somos más que un grupo de deportistas, somos amigos. Siempre dispuestos a brindar nuestro apoyo y contención en cualquier momento.
Ese discurso lo había hecho antes de darse cuenta que ninguno de sus ridículos amigos estaba allí apoyándola. Pero prefirió evitar el comentario.
Aceptó la copa de champaña que le ofrecieron y la alzó en lo alto.
VANESA: ¡Por todas las cosas buenas que vendrán!
Al momento de hacer esa trillada y poco emotiva frase, Vanesa desconocía completamente que no iban a venir cosas buenas. Sino que a partir de ese momento, todo comenzaría a empeorar en dimensiones catastróficas.
Pero como lo ignoraba, simplemente posó al lado de su colega, Jose Navarra, y sonrió para la foto.
2
Dos días después de la conferencia de prensa, Vanesa se alegró que la publicidad hubiera aumentado el número de interesados en ingresar al gimnasio. Estaba detrás del mostrador haciendo cuentas, cuando vio llegar a un viejo conocido en el portal.
VANESA: ¿Héctor? ¿Sos vos?
HECTOR: ¡Vanesa! ¡Qué bueno verte! Veo que seguiste entrenando como loca hasta llegar a ser entrenadora.
VANESA: ¡Sí! Y yo veo que vos estás... Bueno, tu pelo... Tu... Tus ojos. ¡Seguís teniendo dos ojos!
HECTOR: Podés decirlo. Se nota que abandoné el entrenamiento hace un año.
VANESA: Gracias a Dios lo dijiste vos, porque desde que soy entrenadora estoy moralmente obligada a decirle cosas lindas a la gente, aunque no las sienta ni las crea así. Y se me hace tan difícil. No puedo decirte "se nota que los meses que dejaste de venir fueron a parar a tu estómago" porque estoy desalentándote, ¿entendés?
HECTOR: Lo entiendo, Vanesa. Te entendí desde que destacaste mis ojos.
VANESA: En fin, ¿qué hacés por acá? ¿Venís a sumarte a nuestro entrenamiento?
HECTOR: Sí. Y no. En realidad, ahora soy policía y estoy por entrenar de encubierto.
Vanesa se quedó boquiabierta intentando procesar esa información.
VANESA: ¿No se supone que si estás de encubierto no deberías decírmelo?
HECTOR: Es verdad... No debería. ¿Mataste a alguien?
VANESA: No.
HECTOR: Entonces nada de qué preocuparse.
Pero Vanesa sabía que sobraban los motivos para preocuparse.
VANESA: ¿Venís de encubierto a mi gimnasio a investigar un homicidio?
HECTOR: Así es. Pero no te diré más. Ni siquiera te revelaré quién es mi compañero de investigación. Así que inscribime a mí y a mi amigo Cristian que empezará conmigo.
VANESA: Héctor... ¿Cristian es tu compañero de investigación?
Héctor palideció.
HECTOR: Diablos... Es muy malo camuflándose. Tendré que informarlo a mis superiores.
VANESA: Podés estar tranquilo, Héctor. Nada de lo que dijiste va a salir de aquí.
3
Diez minutos después, Vanesa se reunió con su círculo más cercano, en la vereda del gimnasio.
VANESA: ¡Estamos siendo investigados por homicidio!
Ivana Océanos, Emir Cazenave, Carla Neuquén, Emmanuel Alvorada y Jose Navarra intercambiaron miradas confusas entre sí.
EMIR: ¿Qué es lo que pasó?
VANESA: ¿Alguien recuerda a Héctor?
IVANA: Yo sí. Era un de los pocos que entrenaba con nosotros cuando comenzamos en La Ira. Lo recuerdo porque, como justamente hacía días que se había marchado el grupo anterior de las 21, en el gimnasio sólo éramos Sergio, Héctor, Vanesa y yo.
VANESA: Bueno, regresó como policía encubierto. Al parecer, está buscando a un asesino.
JOSE: ¿Y el asesino que busca es un alumno de Aliados?
VANESA: Eso es lo que creen. Pero a mí me preocupa que los asesinos estén en esta vereda.
EMIR: ¡Crista Jesusa! ¿Eso significa que puede que estén investigándonos por la muerte de Ariel?
IVANA: ¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡A Ariel no lo matamos! Murió por causas naturales.
Todos la miraron como si hubiera perdido la cabeza.
EMIR: Ivana, Ariel murió porque Darío lo hizo explotar, después de que nos secuestrara a todos y quisiera asesinarnos.
IVANA: Ah, es verdad. Había bloqueado esa parte. En mi mente, él sufrió una larga agonía y pereció.
Vanesa notó que Jose comenzó a dar vueltas en círculos.
JOSE: Si relataron los hechos a la policía en su momento, no tienen nada qué temer.
El resto de los presentes intercambiaron miradas entre sí. Había ciertos detalles que Jose no supo sobre esa noche, debido a que estaba internado en terapia intensiva.
VANESA: El punto es que nosotros nunca testificamos sobre eso.
JOSE: ¿Qué? ¿Por qué no?
VANESA: Porque momentos antes de la explosión, enterramos a Lucas y lo dimos por muerto. Si contábamos todos los hechos, iríamos a la cárcel.
EMMA: Además, ahora Lucas está en un psiquiátrico, drogado las 24 horas. No me imagino un mejor final feliz para él. O para mí.
IVANA: Ay, Dios, no puedo ir a la cárcel. Soy alérgica.
Emir puso los ojos en blanco.
EMIR: ¿Cómo podés ser alérgica a la cárcel?
IVANA: No lo sé. Cuando tengo miedo a algo siempre digo que soy alérgica para que la gente me tenga compasión.
JOSE: Debí imaginarme que era imposible que seas alérgica a hacer la vertical.
VANESA: Yo tampoco quiero ir a la cárcel, chicos. Corro el riesgo de que toquen lo más sagrado que tengo... Mi cabello.
EMMA: Entonces, ¿qué vamos a hacer?
VANESA: Carla, vos no estás opininando nada. Gracias por eso.
Carla, al escuchar su nombre, salió de su estado de ensoñación y se dirigió a sus compañeros.
CARLA: Creo que no tenemos que cometer los mismos errores que la vez anterior. Somos grandes y tenemos que hacernos cargo de lo que hicimos. Sé que la idea de la cárcel es dolorosa. Yo, como estoy enamorada de este chico que no puedo mencionar, me aterra la posibilidad de dejar de ver al amor de mi vida. Estoy segura de que a ustedes les pasa lo mismo.
VANESA: No, no realmente.
IVANA: No me va ni me viene.
CARLA: Así que si todos están de acuerdo, deberíamos entregarnos.
Ninguno estuvo de acuerdo.
CARLA: Bueno, al menos lo intenté. Está claro que no es mi función ser la voz de la cordura. ¿Cómo detenemos a Héctor?
VANESA: Usando el clásico refrán "mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca". Ese es el motivo por el que soy amiga de ustedes.
EMMA: ¡Ese es el motivo por el que todos son amigos míos!
EMIR: Emma, si lo estás diciendo con orgullo, es que no estás entendiendo el refrán.
CARLA: ¿Qué hacemos para acercarnos a Héctor, entonces?
VANESA: Lo que siempre hacemos para acercarnos a la gente y quitarles información: una cena.
IVANA: ¡Fantástico! ¿Hoy?
VANESA: Mañana por la noche. Hoy tengo planes.
EMMA: ¿Con Juan? ¿Vas a dejar que todos estemos histéricos porque somos investigados por homicidios mientras vos vas a jugar a la casita feliz con Juan?
Vanesa puso los ojos en blanco.
VANESA: En resumen, podría decirse que sí. Desde que iniciamos este proyecto del nuevo gimnasio, casi no paso tiempo con Juan. Y apenas está en la ciudad con el tema de sus vuelos y esas cosas. Pero nos juntaremos mañana con los nuevos, mientras tanto, socialicen con ellos en los entrenamiento como saben.
CARLA: El problema es que no sabemos. No sabemos socializar.
IVANA: Soy alérgica a la gente.
4
Y mientras Vanesa y Jose volvieron a dirigir el entrenamiento, Ivana, Carla, Emir y Emmanuel, lejos de socializar como se le había ordenado, se quedaron en los casilleros observando a los dos policías infiltrados.
IVANA: Allá está Héctor... ¡Dios mío! ¿Qué le pasó a ese chico?
CARLA: Y el chico que está entrenando a su lado debe ser su compañero... ¡Por Dios! ¡Qué emoción! ¡Se sacó la remera!
EMIR: ¡Tenemos que sacar fotos de esto!
EMMA: ¿Por qué hacen espavento? Yo siempre me saqué la remera al entrenar y ninguno de ustedes me dijo nada.
IVANA: Porque te vimos.
Emir, después de guardar la foto del nuevo compañero, empezó a buscar entre los casilleros. Encontró sus identificaciones.
EMIR: Acá están los objetos personales de ellos. El chico sin remera se llama Cristian Cuellos.
Carla tomó el documento y sonrió de felicidad.
CARLA: ¡Me muero! ¡También nació en el campo! Esto significa que no nos va a delatar. Los del campo tenemos códigos.
Pero Ivana no se mostró tan segura. Continuó revisando la billetera de Cristian.
IVANA: Oh, oh. Chicos, tiene una foto de Ariel.
EMIR: ¿Será para espantar a los ladrones?
IVANA: No. Creo que efectivamente están investigando su muerte.
Emir, Ivana y Carla intercambiaron una mirada de auténtico temor.
EMMA: ¿Es mal momento para recordarles que no tuve nada que ver con el intento de homicidio de Lucas?
IVANA: Claro que no. Tampoco es mal momento para recordarte que tuviste un refrigerador con un cuerpo congelado, por meses.
EMMA: Oh, cierto. Todavía lo tengo.
Todos lo miraron con asombro.
IVANA: ¿Qué?
CARLA: Emma, ¿todavía tenés el refrigerador en tu garaje?
EMMA: Es un buen refrigerador. Y enfría las cervezas en un santiamén.
IVANA: ¿Y qué hiciste con el cuerpo?
EMMA: Todavía está ahí dentro. Para meter las latas de cerveza lo muevo un poco.
EMIR: ¡Dios mío, Emma!
EMMA: Tampoco son tantas cervezas, chicos, no soy un alcohólico.
5
Vanesa ignoró a los chicos que quisieron hablarle después de entrenar y les dijo que, lo que fuere que debían resolver, esperaran hasta el día siguiente. Como era costumbre, cada vez que ella decía algo, nadie se lo discutía, así que se guardaron su ansiedad y se marcharon.
Llegó a su casa, se dio un baño y se dispuso a celebrar una velada romántica, cuando entonces llamaron a la puerta.
Del otro lado, Jose Navarra tenía un cuaderno y un rostro atontado.
VANESA: Jose...
JOSE: Perdón. Sé que tenías planes, pero me di cuenta que no preparamos las clases para la semana. Y si tenemos a la policía detrás de nosotros, puede que todos terminemos presos y estos chicos se queden sin una rutina.
VANESA: Jose, querido, tenemos que saber separar lo profesional de lo personal. Esto quiere decir, no vengas a mi casa a hablarme del trabajo.
Jose agachó la mirada con pena.
JOSE: Tenés razón, Vane. Lo siento. Me voy a ir.
Vanesa lanzó una carcajada.
Lo tomó del brazo antes de que él ostentara marcharse y lo hizo entrar en el living de su casa. Cerró la puerta detrás de él y le dio un apasionado beso en los labios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario