6
Vanesa se vio obligada a interrumpir su pasional encuentro clandestino cuando el intercomunicador de su casa sonó.
Jose se sorprendió al verla dirigirse hacia la cocina.
JOSE: ¿Vas a atender?
VANESA: Claro que sí. Mi estructura obsesiva me impide estar relajada cuando alguien me está buscando. Dame unos segundos y me desharé del molesto que interrumpe.
Se fue hasta la cocina y atendió el intercomunicador.
VANESA: ¿Sí?
IVANA: ¿Vane?
Cuando Vanesa descubrió que del otro lado del intercomunicador estaba Ivana, supo que le llevaría más de unos segundos deshacerse de ella.
VANESA: Sí.
Tanta adrenalina le estaba provocando sueño.
IVANA: Si está dormido, ¿qué fue lo que interrumpimos exactamente?
VANESA: De acuerdo, no está dormido... Sólo que está... Atado.
EMMA: ¿Atado? ¡¿Atado?! ¿Tan gordo está que ahora lo confundís con un cerdo?
IVANA: Creo que no se refiere a la atadura para carnearlo, Emma.
EMMA: Entonces, ¿qué quiere decir?
IVANA: Te lo dibujaré por el camino. Vamos.
Todos salieron de allí cuando Carla le dio una última sonrisa a su amiga.
CARLA: Siempre supe que eras la del látigo.
8
Al día siguiente, Emmanuel estaba limpiando su casa para la cena que tendría lugar esa noche. Cuando llegó Lucy Love, recordó que también debía invitarla.
EMMA: Lucy, mi sol y estrellas, esta noche vamos a cenar aquí. Es la primera vez que organizamos una cena desde la apertura del nuevo gimnasio.
LUCI: ¿Esta noche? Hum... Mi amor, hoy tenemos una misión con los chicos de la iglesia.
EMMA: ¿Misión? ¿Qué puede ser más importante que venir a cenar con tu novio y tus amigos?
LUCI: Vamos a hacer una obra teatral en el pabellón de los niños con leucemia.
EMMA: ¿Y por eso vas a abandonarnos? ¡Lucy! ¡En un par de años esos chicos no van a recordar que fueron!
LUCI: En un par de años esos chicos estarán... No importa, Emma. Ya di mi palabra y voy a ir.
EMMA: ¿Sabés que me duele? Que todos mis amigos me amen, me idolatren, no conciban la vida sin mí, pero a vos parece que no te importa. Apuesto que ni siquiera tenés una foto mía en tu baño.
LUCI: No... ¿Por qué la tendría?
EMMA: No sé. Rodrigo me dijo que tiene una foto mía ahí y me pareció un lindo gesto. Qué tristeza, Lucy.
Su novia suspiró con cansancio, pero rodeó su cuello con sus brazos.
LUCI: Emma, vas a tener que aprender que soy una novia con objetivos en mi vida y no un trofeo. Hacer esto me hace bien y tenés que apoyarme.
Emma suspiró y la abrazó.
EMMA: Sí, tenés razón.
Pero lejos de entrar en comunión con la posibilidad de apoyar los proyectos de su novia, Emma ya tenía elaborado un plan en su cabeza.
9
Ivana entró a bañarse para ir a la casa de Emma. Repitió su ritual de siempre, poner algún disco de Melendi, su artista favorito, y cantar mientras se duchaba.
Estaba en pleno cántico recordando los últimos tres conciertos a los que fue cuando de repente, un feroz ruido la sobresaltó.
De la nada, una pared del baño comenzó a desprenderse.
Ella quedó en shock mientras el agua caía por su cuerpo y una pared desaparecía, dejando ver al otro lado a veinte albañiles que también la miraban desconcertados.
Y entre todos ellos, distinguió a Sergio que, lata de cerveza en mano, se abría paso entre los escombros.
IVANA: ¡Sergio! ¿¡Qué demonios significa esto!?
SERGIO: ¿No te dije? Teníamos que derrumbar parte de la casa para construir la playa que quiero.
IVANA: ¡Pero no me dijiste que ibas a derrumbar el baño! ¡En especial si yo lo estaba usando!
SERGIO: Pero no derrumbé el baño. Sólo una pared.
IVANA: ¡El baño necesita tener cuatro paredes, Sergio! ¡¿Podés pasarme una toalla?
Sergio fue hasta la gaveta de las toallas y descubrió que estaba bajo los escombros de la pared derrumbada.
SERGIO: No puedo darte una ahora. Pero te presto mis medias.
10
Cerca de la hora establecida, Emmanuel recibió a su grupo íntimo. Vanesa, Jose, Emir, Carla e Ivana llegaron para preparar todo para la cena.
EMMA: Bueno, ya que todos están aquí, me tengo que ir. No ensucien mucho y por nada del mundo abran el cajón de mi mesa de noche. Es por el bien de ustedes, en realidad.
VANESA: ¿Cómo que te vas?
EMMA: Me surgió algo importante.
VANESA: ¿Qué puede ser más importante que enterrar el cuerpo de tu congelador y despistar a los policías que nos quieren meter presos?
EMMA: Vos que no tenés corazón, quizá nunca entenderías lo que uno hace por amor.
Vanesa lo tomó del brazo y comenzó a apretar con fuerza.
VANESA: ¡¿Estás diciendo que estás dejando tu responsabilidad de lado por algo relacionado a tu estúpida relación?!
Emmanuel, desesperado, extrajo un papel celeste del bolsillo de su jean.
EMMA: ¡Pido comodín de rescate!
VANESA: ¡¿Qué diablos es un comodín de...?!
IVANA: Lo siento, Vane.
Y acto seguido, Ivana le inyectó un tranquilizante en el cuello y Vanesa cayó redonda en el piso. Jose quedó paralizado de la impresión mientras Emma se daba a la fuga.
JOSE: ¿Qué acaba de pasar?
CARLA: Es que nos pusimos de acuerdo de tener unos Comodines de Rescate cuando Vanesa se pone a darnos órdenes.
EMIR: Pero para no abusar de eso, sólo nos hicimos unos talonarios para cada uno.
JOSE: Vaya... ¿Y puedo solicitar uno?
IVANA: Claro. Te haré uno a tu nombre.
11
Cuando Vanesa despertó, Jose, Ivana, Emir y Carla estaban cavando en el patio de Emma. La idea era deshacerse del cuerpo de Andrea Gordo antes de que llegaran los invitados, entre los cuales, claro, estaban dos policías.
VANESA: ¿Puedo preguntar por qué diablos me inyectaron un tranquilizante?
EMIR: Podés preguntar, pero honestamente, ¿quisieras oír la respuesta?
VANESA: No, mejor no. ¿Qué sucedió mientras me durmieron?
IVANA: Cavamos el pozo para enterrar a la ex novia de Jose y yo volví a ensuciarme. No puedo volver a casa a bañarme porque Sergio derrumbó nuestro baño. Y no quiero bañarme en la casa de Emma porque desconfío sobre las partes de su cuerpo que habrá tocado el jabón. ¿Puedo ir a bañarme en la tuya?
VANESA: Claro que sí, Ivana. Hay jabones sin usar en el aparador del baño. Y toallas sin estrenar en las gavetas de abajo.
IVANA: Gracias, Vane. Quizá tenga que robarme un par porque Sergio me dejó sin toallas.
Y feliz de dejar que el resto continúe con la parte de enterrar el cuerpo, se fue de allí.
CARLA: ¿Cuál va a ser el plan cuando vengan los policías?
VANESA: Creo que lo mejor que podemos hacer para no levantar sospechas, es hablar bien de Ariel.
CARLA: ¿Tenemos que hablar bien de Ariel? ¿No es más fácil si simplemente nos entregamos? La cárcel no parece tan mala idea.
EMIR: Además, quizá ellos lo conocieron. Si hablamos bien de él, van a sospechar más.
VANESA: Tantearemos el terreno acorde a cómo dirigen sus preguntas. Estén atentos.
El timbre de la casa sonó. Llegó el primer invitado y ellos, lejos de tener ordenada la casa, ni siquiera se habían desecho del cuerpo.
VANESA: Si ya están aquí, vamos a tener que dividirnos. Carla y yo atenderemos a los invitados y Jose y Emir tiren el cadáver de Andrea al pozo.
JOSE: ¿Te das cuenta que Andrea es mi ex novia y que estoy sufriendo un gran trauma por enterrar su cuerpo en un patio?
Vanesa se llevó las manos al corazón, totalmente afligida por lo que acababa de escuchar.
VANESA: Oh, Jose. ¿Por qué se te ocurre tener sentimientos en los momentos más inoportunos?
Vanesa y Carla no esperaron respuesta y fueron a atender a la puerta. Del otro lado, un muchacho delgado y sonriente las esperaba.
VANESA: ¡Cristian! ¡Llegaste! Viniste temprano.
CRISTIAN: Ah, sí, perdón por eso. Es que mi casa queda en el campo y como no quería correr el riesgo de llegar tarde, me quedé a pasar la noche en el baldío de acá a dos cuadras. Gracias por invitarme.
CARLA: ¿Pasaste la noche en un baldío por no llegar tarde hoy?
VANESA: Me encanta cuando son así de responsables.
CRISTIAN: No fue tan malo. La lluvia sirvió para bañarme y el sol de la siesta sirvió para secarme. Además, uno siempre la pasa bien con Pacha.
CARLA: ¿Quién es Pacha?
Las chicas vieron entonces, por primera vez, a la gallina que el muchacho traía en su regazo.
VANESA: ¡Creí que era un bolso!
CRISTIAN: No. Ella es Pacha. Es mi gallina mascota desde los 10 años. Mis abuelitos me la regalaron porque sacaron la idea de una novela. Ellos le eligieron el nombre.
Carla estaba a punto de romper a llorar.
CARLA: ¿Tus abuelitos viven en una choza frente al mar?
CRISTIAN: Vivían. La choza se incendió con ellos dos dentro. ¿Cómo sabías?
Vanesa miró a su amiga, también a punto de llorar.
VANESA: Necesito un comodín.
CARLA: No funciona así, Vane.
12
Mientras tanto, Ivana estaba disfrutando de los beneficios de estar en un baño con cuatro paredes. Gozando de la placentera ducha, ni siquiera escuchó cuando alguien abrió la puerta y corrió las cortinas de la bañera.
Cuando abrió los ojos, se encontró con un asombrado y desnudo dueño del departamento.
IVANA: ¡Juan! ¡Por el amor de Dios!
JUAN: ¡Ivana! ¿Qué hacés acá?
IVANA: ¡Vine a bañarme porque no tengo baño en casa! ¿Vos qué hacés acá?
JUAN: ¡Esta es mi casa!
IVANA: ¡Me refiero a qué hacés acá en la ducha!
JUAN: Pensé que eras Vane. Y quería darle una sorpresa.
IVANA: ¿No tuviste suficientes emociones anoche?
JUAN: Anoche el vuelo tuvo algo de turbulencia, pero nada de qué sobresaltarse. ¿Por qué?
Ivana palideció con lo que escuchó. Si Juan estuvo volando la noche anterior, ¿a quién tenía atado Vane en su cuarto? De todas maneras, no era el momento de entrar en ese debate.
IVANA: ¡¿Podés salir de acá por favor?! ¡Tus tres ojos me están mirando!
JUAN: Lo siento. Ya me voy.
Una vez sola en el cuarto de baño, la duda volvió a sumergirse en su cabeza. ¿Acaso era posible de que haya sucedido lo que nunca creyó que sucedería?
13
Mientras tanto, Cristian continuaba haciendo llorar a Carla y a Vanesa con su historia de vida, mientras acariciaba a Pacha.
CRISTIAN: Yo creí en la costa, en una cabaña. Siempre fuimos pobres, así que yo tenía que salir a robar para poder alimentar a mis abuelos. En uno de esos atracos, un hombre me sorprende robando y comienza a golpearme. Pero afortunadamente se metió en medio una bella señorita que me quiso de marido. Pero el problema es que su madre y su hermano mayor no me querían, así que hicieron todo lo posible para separarnos. Me dijeron que tomara clases de equitación con otra chica, a la que luego la acusaron de ser mi amante. Pero como mi prometida sabía de mi inocencia, no creyó a su familia. Así que su familia mandó a matar a la chica que me enseñaba a andar en caballos para culparme a mí por el crimen. Luego me hicieron buscar unas joyas en un charco, diciéndome que eran de mi futuro suegro, pero cuando las encuentro, me acusan de habérmelas robado. Ahí fue cuando caí preso. En la cárcel, recibí una carta de mi futura esposa diciéndome que jamás me amó y que no vuelva a la costa. Entonces vine aquí, a buscar a mi padre.
Carla y Vanesa se sonaron la nariz, mientras intentaban dejar de llorar los mares de lágrimas que estaban derramando.
CARLA: No... Puedo... Más... Por favor, que alguien me mate.
VANESA: Un momento, ¿viniste a buscar a tu padre?
El chico dejó de acariciar a Pacha, asintió y buscó en su billetera. Les entregó la foto que tenía de Ariel.
CRISTIAN: Sí. Mis abuelitos me dijeron que él es mi padre, así que vine a buscarlo. Pero en el camino me enteré que acababa de morir. Parece que la suerte no me acompaña, ¿no creen?
Carla no aguantó más y volvió a romper en llanto.
14
Emir y Jose abrieron el refrigerador, dispuestos a llevar al final el plan. Y sorprendidos porque fueron los únicos que se quedaron a cumplirlos. El cuerpo estaba envuelto en una bolsa de plástico negra.
JOSE: Sé que esto te va a sonar raro, pero quisiera verla por última vez.
Emir lanzó un suspiro.
EMIR: Jose, ¿este es el momento en donde vas a rebelarme que te gusta tener sexo con cadáveres?
JOSE: ¡¿Qué?! ¡No! Pero necesito darle un cierre. Andrea, para mí, simplemente desapareció. Nunca la vi muerta. Y creo que hasta que no lo haga, una parte de mí va a continuar esperando que regrese.
EMIR: De acuerdo. Te daré tu momento. Avisame cuando la vuelvas a meter en la bolsa.
JOSE: No voy a tener sexo con ella, Emir.
EMIR: Lo sé, lo sé. Pero no quiero ver un cadáver.
Emir se puso de espaldas y se concentró en la pared del garaje, mientras le daba su espacio terapéutico al nuevo entrenador.
Tras una pausa, Jose volvió a llamarlo.
JOSE: Emir...
EMIR: ¿Ya está en la bolsa?
JOSE: No es Andrea.
Emir se giró sobre sus talones y corrió hacia el refrigerador.
EMIR: ¿No lo es? ¿Estás seguro?
JOSE: Seguro. Ni siquiera es una chica. Es un hombre.
Emir comprobó que tenía razón. El cadáver congelado que tenía enfrente no era una mujer.
EMIR: Pero, ¿y éste quién es?
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