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Cuando salieron del armario de Toti, no había humo dentro del hogar ni había ruido de camiones de bomberos en el exterior.
Carla, Cristian, Emir e Ivana salieron a la misma habitación, a excepción que ésta parecía diferente. Estaba más iluminada, con un poco más de orden y exageradamente limpia.
CARLA: ¿Acabamos de viajar en el tiempo?
Rodrigo, desde el interior del armario, los observaba con una sonrisa.
RODRIGO: Los traje a la noche del asesinato de Toti.
EMIR: Esto es mucho para procesar. ¿Me estás diciendo que podés viajar en el tiempo?
RODRIGO: Puedo ir a cualquier fecha mientras el armario exista.
EMIR: ¿Cómo sabemos que esto es real y en realidad no estamos teniendo un episodio de delirio colectivo a causa de la asfixia del incendio?
Rodrigo se tomó con tranquilidad las incertidumbres de Emir.
RODRIGO: Es real. En estos momentos no estamos allá, sino que estamos aquí.
CARLA: Si tocamos algo, ¿podemos alterar el futuro?
Rodrigo negó con la cabeza.
RODRIGO: Todo lo que ha sucedido, ya pasó. Es decir, aunque ustedes recién lo estén viviendo en este momento, el 3 de noviembre del año pasado estuvieron en esta casa cuando Toti fue asesinado.
CRISTIAN: ¿Ustedes se dan cuenta de lo que esto significa?
IVANA: ¿Que viajar en el tiempo no es tan divertido como nos hicieron creer, ya que por más viajes que hagamos, no podemos alterar la realidad que tenemos en el presente?
CRISTIAN: ¡No! Que si realmente a Toti lo mató mi padre, ¡significa que estoy por conocerlo!
Emir, Carla, Ivana y Rodrigo se quedaron horrorizados.
EMIR: Siento que le pusiste mucho entusiasmo para una oración tan perturbadora.
IVANA: ¡Oh, por Dios! ¡Estamos en un mundo donde Ariel aún vive! ¡Quiero volver ya mismo! ¡Prefiero el incendio!
CARLA: En esto, estoy con Ivana. Pero de todos modos, seamos testigos de lo que sucedió esa noche, a ver si ya podemos empezar a resolver alguno de los conflictos actuales.
En ese instante, escucharon el ruido de un auto deteniendo su marcha.
EMIR: Ese debe ser Toti. Cristian, ¿Toti logró entrar a la casa cuando lo asesinaron?
CRISTIAN: No. La puerta de la casa estaba con llave. Lo mataron en el portal.
EMIR: Entonces tranquilamente podemos ver el asesinato desde la ventana.
Los chicos salieron de la habitación, excepto Rodrigo que no podía salir del armario, rumbo hacia los ventanales que daban al patio delantero.
IVANA: ¿Saben? Prefiriría que la próxima me inviten al cine.
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Mientras tanto, en el presente, Vanesa decidió que era tiempo de enfrentar a los no muertos que los perseguían. Salió del gimnasio, rumbo a encontrarse con el muchacho que los observaba desde la vereda de enfrente.
JOSE: ¡Vane! ¿Qué estás haciendo?
VANESA: Quiero que lleguemos al final del misterio, Jose.
JOSE: ¡Puede ser peligroso!
VANESA: Más peligrosa puedo ser yo cuando estoy irritada. Y lo estoy.
Pero no pudo cruzar la calle porque un feroz ruido proveniente del cielo la detuvo.
Todos miraron hacia arriba y ella descubrió, horrorizada, que un avión había escrito las terroríficas palabras "¿Te querés casar conmigo, Vane?".
Acto seguido, un muchacho se lanzó en paracaídas y aterrizó justo enfrente de ella, poniéndose de rodillas y extendiendo un anillo.
JUAN: No se me ocurrió mejor forma de pedírtelo.
VANESA: Yo hubiera pensado un par de formas mejores.
JUAN: Vane... Me harías el hombre más feliz del mundo si aceptaras ser mi mujer.
Vanesa se quedó paralizada.
Miró a Jose, quien agachó la cabeza y volvió a mirar hacia el lugar donde estaba Polenta. Obviamente, ya no estaba allí.
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Mientras tanto, al mismo momento pero cuatro meses antes, Emir e Ivana se acomodaron detrás de la ventana izquierda que daba al portal y Carla y Cristian hicieron lo propio en la ventana derecha.
EMIR: ¿No podemos hacer nada para evitar que asesinen a Toti?
IVANA: Bueno, teniendo en cuenta que fue a la fiesta de Emma, muy muerto no está.
CARLA: Rodrigo dijo que no podemos alterar el paso del tiempo.
CRISTIAN: Además, si salvamos a Toti, puede que yo no haya nacido.
Todos miraron a Cristian pero nadie remató su teoría. Continuaron apreciando al hombre regordete, vestido de traje y de corbata violeta que descendía de su auto y se encaminaba rumbo a entrar en la casa.
EMIR: Si llega a entrar aquí y nos ve, eso será complicado de explicar.
CRISTIAN: No hubo reportes en las noticias sobre algún intruso en la vivienda. Así que técnicamente, ésto no lo hicimos.
IVANA: Estoy tan confundida con las líneas temporales.
Justo cuando Toti alcanzó el primer escalón, un auto se detuvo en la vereda.
CARLA: ¡Ahí está Ariel! ¡Está por matarlo!
En efecto, el asesino de Toti descendió, cuchillo en mano, corriendo hacia él.
Excepto que no era Ariel quien, sin que Toti se lo viera venir, le dio una primera puñalada por la espalda.
EMIR: ¡Oh, mi Dios!
Ivana cerró los ojos.
IVANA: ¿Ya lo mató?
CARLA: No es Ariel.
Sin poder evitarlo, Ivana volvió a abrir los ojos.
IVANA: ¿Es quien yo creo que es?
EMIR: Sí. Es el hombre del congelador.
Toti comenzó a gritar mientras el hombre conocido como Polenta lo apuñalaba sin piedad.
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Juan se mostró un poco irritado al ver que Vanesa no estaba respondiendo nada.
JUAN: Vane, mi reina, este es el momento en donde agarrás el anillo, saltás como posesa y me besás. La gente nos está mirando. Me estás haciendo quedar en vergüenza.
En efecto, todos los vecinos de la cuadra y transeúntes en general se habían detenido a ver la propuesta de casamiento.
VANESA: Juan... Yo...
JUAN: Este no es el momento de empezar a dudar de nuestra relación.
VANESA: Claro que no es el momento. Estaba dudando desde antes.
JUAN: ¿Qué?
Juan se puso de pie. Algunos lanzaron un gemido de tristeza al ver que la historia no tendría final feliz. Pero lejos de continuar con sus vidas, todos se quedaron viendo el drama gratuito que estaban ofreciendo.
VANESA: No me quiero casar con vos.
Juan se incorporó y agachó la cabeza, envuelto en una especie de rabia y tristeza.
EMMA: ¡Vane!
Vanesa se giró, aliviada al ver a Emmanuel y su amigo Nicolás venir hacia ella corriendo como si el diablo los estuviera persiguiendo.
VANESA: ¡Chicos! ¿Qué sucedió?
EMMA: ¡Secuestraron a Lucy!
VANESA: ¡¿Qué?!
Jose, al escuchar aquello, decidió intervenir en la conversación.
JOSE: ¿Cómo que la secuestraron?
NICO: Fue Toti. Quiere la gallina de Cristian a cambio de devolvernos a Lucy.
Juan, al escuchar aquello, decidió que también debía intervenir.
JUAN: Vanesa, estábamos en medio de algo acá.
VANESA: Juan, por todos los cielos, acaban de secuestrar a Lucy.
JUAN: ¿Querés que crea que un tipo secuestró a Lucy a cambio de una gallina? ¿No te parece estúpido de creer?
EMMA: Esta gallina es especial porque habla.
Juan puso los ojos en blanco.
JUAN: De acuerdo. Entendí el punto. No es necesario que sigan con la farsa.
VANESA: Juan, por favor, tenés que entrar en razón que...
JUAN: No, dejalo ahí.
Y murmurando maldiciones se marchó, ante la atónita mirada de los demás presentes.
EMMA: ¿Acabamos de interrumpir algo?
NICO: ¿Tiene algo de relación con la propuesta de casamiento que estaba escrita en el cielo?
EMMA: ¡Claro! ¿Vos eras esa Vane?
Vanesa los lapidó con la mirada a ambos.
VANESA: Ustedes dos serían buenos detectives, ¿eh? ¿Podemos volver a concentrarnos en Lucy?
EMMA: Ah, eso. Necesitamos llevarle la gallina y nos devolverá a Lucy con vida.
VANESA: ¿Por qué es tan importante la estúpida gallina?
NICO: Porque de verdad cree que habla. Y cree que es un regalo de Dios o algo así.
VANESA: ¿Entonces recurre al secuestro para conseguirla?
EMMA: Típico de la iglesia católica.
JOSE: Voy a llamar a Héctor.
Y los cuatro, propuesta de casamiento frustrada mediante, entraron en el gimnasio.
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Los chicos se quedaron perplejos mientras los cuchillazos salían y entraban en el cuerpo del cuerpo de Toti.
En un momento, Polenta cortó un dedo del muchacho que voló directamente hacia la ventana que estaban Carla y Cristian.
CARLA: ¡Pero qué asco!
El misterioso Polenta terminó después de 21 cuchillazos, tal como lo vaticinaban los informes policiales. Tras eso, el asesino pareció tranquilizarse.
EMIR: ¿Está llorando?
CARLA: Esto le dolió mucho. Al final, era una buena persona.
IVANA: Carla, por el amor de Dios, acaba de apuñalarlo como un desquiciado. Muy buena persona no parece.
Entonces, alguien más descendió del automóvil de donde bajó Polenta.
CRISTIAN: Es... Mi padre.
IVANA: Es mucho peor de cómo lo recordaba.
Ariel apareció cerca de Polenta y le puso una mano en el hombro, en señal de apoyo. Sea cual fuere el motivo por el que mataron a Toti, era obvio que estaban juntos en eso.
Se dijeron algo que los chicos no alcanzaron a escuchar y, acto seguido, Ariel extrajo un pequeño frasco del bolsillo que contenía una suerte de líquido luminoso de color amarillo.
Acercó el frasco a la boca del chico muerto y vertió el contenido del líquido en su interior.
Luego de esperar unos segundos mirando el cadáver, como si estuviera contando las incisiones que Polenta ocasionó, se volvió hacia él para hacerle un gesto de que se marcharan.
CRISTIAN: No parece tan mala persona como creí.
IVANA: Cristian, ¿estamos viendo a la misma persona?
CRISTIAN: Vine aquí creyendo que mi papá lo había matado a Toti y ahora descubro que no fue así.
IVANA: ¡Pero es obvio que es el autor intelectual del hecho! O un cómplice de lo que pasó.
CRISTIAN: No tenemos pruebas para acusarlo.
Ivana puso los ojos en blanco y decidió que no quería discutir más con él.
EMIR: Tenemos que volver.
CARLA: Exacto. Ya resolvimos todo.
IVANA: ¡¿Qué es lo que resolvimos?! Lo único que tenemos son más preguntas. ¿Quién era este maldito Polenta? ¿Por qué actuaba con Ariel? ¿Quién fue Toti y por qué lo mataron? ¡No resolvimos nada!
CRISTIAN: Ivana...
IVANA: ¡Chicos, por Dios! ¡Estoy cansada de que este hombre nos siga arruinando la vida en el pasado, presente y futuro! Ni siquiera sabemos cómo llegó el cadáver de Polenta...
Ivana interrumpió su soliloquio cuando la puerta de la casa de Toti se abrió de un empujón.
Los cuatro, completamente perplejos, se quedaron de piedra ante un Ariel que los observaba.
ARIEL: ¿Qué están haciendo aquí?
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Héctor entró en el gimnasio Aliados y se encontró con personajes bastante inquietos. Más una gallina que iba y venía por todo el lugar.
HECTOR: Disculpen la demora. Estaba yendo a ayudar a Emmanuel a la iglesia, pero un estúpido escribió una declaración romántica en el cielo, saltó del avión y dejó que se estrellara contra las colinas. ¿Qué está pasando?
EMMA: ¡Toti tiene secuestrada a Lucy! ¡A mi Lucy! ¿Entendés lo grave? Ella es lo único que hay en el mundo.
NICO: Es verdad. Es lo único destacable de Emma.
Héctor parpadeó con un poco de confusión.
HECTOR: Explíquenme.
EMMA: Fui a hablar con Toti para decirle que iba a pertenecer a su secta. Pero él me dijo que para ingresar debía ofrecer un sacrificio. Para mí, en lo personal, era bastante sacrificado estar ahí queriendo hacer algo por el prójimo, pero resulta que el sacrificio que me pidió fue la estúpida gallina de Cristian, que al parecer también habla.
Héctor miró a la gallina.
La gallina no habló.
Se volvió a mirar al resto.
HECTOR: Continuá.
EMMA: Cuando me niego a quitarle a la mejor amiga de Cristian, me amenaza y me dice que matará a Lucy si no le llevo la gallina. No puedo dejar que eso pase. Yo entiendo que las gallinas dan tanto amor como la persona y, caramba, soy una persona que fue al campo, soy consciente que las gallinas son mejores en el sexo que algunas personas, ¡pero tengo que entregarla a cambio de Lucy!
HECTOR: Mucha información, Emma.
VANESA: Demasiada.
HECTOR: ¿Dónde está Cristian?
Nico, Emma, Jose y Vane negaron con la cabeza.
NICO: No lo vimos.
HECTOR: Lo mandé a la casa de Toti para que vigilara lo que iban a hacer los otros chicos. ¿Todavía no volvió?
EMMA: No, pero esto puede ser tomado como algo bueno. No está pero sí está la gallina.
VANESA: No podemos quitarle su animal cuando él no está. En especial porque me lo dejó a mi cargo.
JOSE: Es la vida de Lucy la que está en juego. Tenemos que tomar una decisión ahora.
Todos miraron a Héctor, lo más parecido a una autoridad que podría elegir el destino de Pacha ante la ausencia de Cristian.
HECTOR: Vamos a hacer el intercambio.
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La situación era altamente tensa.
Ariel los observaba a cada uno, sin llegar a comprender lo que tenía enfrente.
ARIEL: ¿Qué está pasando? Acabo de dejarlos a cargo del Otro Ariel. Es imposible que estén acá. Además, lucen diferentes...
CARLA: Gracias. Desde que entrenamos con Jose y Vane que realmente nuestro físico ha cambiado notablemente.
Emir le pegó un pizotón a Carla para que se callara.
Ariel no hizo caso a su comentario y reposó sus ojos en Cristian.
ARIEL: ¿Cristian?
CRISTIAN: ¿Me conocés?
ARIEL: Claro que te conozco.
CRISTIAN: Soy tu hijo.
Si Cristian esperaba un momento emotivo con esto, está claro que no estaba surtiendo el efecto deseado. Ariel lo miró con desprecio.
ARIEL: Pero estás en la academia de policía, ¿cómo es que estás acá?
CRISTIAN: Entonces, ¿sabés sobre mí?
ARIEL: Claro que sé sobre vos. Necesitaba saber sobre vos para mantenerte alejado de mi vida. Nadie podía enterarse de que tenía un hijo. Soy demasiado joven para tener un hijo de tu edad.
Cristian abrió la boca pero no pudo emitir palabra.
IVANA: Vaya joya que perdimos con tu muerte, ¿eh?
ARIEL: ¿De qué estás hablando?
CARLA: Nosotros no somos los que tenemos que darte explicaciones, Ariel. Tu amigo acaba de matar a Toti y vos sos cómplice de ésto. ¿Por qué no nos explicás lo que acaba de pasar?
ARIEL: No es algo que les interese.
IVANA: Entonces, si esta charla no da para más, creo que mejor nos vamos...
Ivana estuvo a punto de girarse para ir hacia la habitación pero Ariel la sujetó del brazo.
ARIEL: Nadie se va de aquí hasta que no me expliquen qué es lo que pasa. Y sino...
EMIR: ¿Y si no qué?
IVANA: Emir, ¿por qué no te hacés el macho americano cuando Ariel te tenga sujeto del brazo a vos?
ARIEL: Y sino, mi amigo se va a divertir con ustedes... ¡Polenta!
Los cuatro se quedaron de piedra cuando el misterioso Polenta acudió al llamado de Ariel y, cual zombie, se quedó en el portal de la casa mirando hacia el interior. A su vez, Ariel sacó su celular del bolsillo y apretó unos números. Ivana pudo ver cómo accedía a las cámaras del gimnasio.
ARIEL: Ivana, Carla y Emir están entrenando en este momento con el Otro Ariel. Pero sin embargo, los estoy viendo acá. ¿Cómo es posible? No quiero lastimarlos, pero no si no me dejan opción...
Emir dejó fluir meses de entera furia reprimida y le pegó una patada inesperada en la boca del estómago a Ariel. Al no vérsela venir, soltó el brazo de Ivana.
EMIR: ¡Dios! ¡Esto se sintió tan lindo!
Ivana, acto seguido, le pegó una patada en la cabeza al hombre caído.
IVANA: ¡Dios! ¡Es verdad!
CARLA: ¡Yo también quiero!
Pero Cristian la tomó de la cintura y la apartó, al tiempo que Polenta comenzaba a avanzar hacia ellos a pasos agigantados.
CRISTIAN: ¡Tenemos que salir de la casa ahora!
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Emmanuel sintió que la gallina se movía inquieta en su regazo. Nicolás, caminando a su lado, estaba casi tan inquieto como el animal. Y si la iglesia podría resultar aterradora e imponente a la luz del día, siendo de noche, su aspecto era incluso más sombrío y desolador.
EMMA: ¿Toti? ¿Estás acá?
NICO: Recordá el plan. No le des la gallina a menos que te de a Lucy primero.
EMMA: Viva. Si la mata, mataré a la gallina y se la daré.
NICO: No creo que sea un trato justo, Emma.
Escuchó a Héctor caminando por los pasillos laterales de la iglesia. Iba a intervenir en el momento en que tuvieran a Lucy y a la gallina con ellos. Era la única posibilidad de salvar a Pacha antes de que caiga en manos del guía espiritual.
EMMA: ¡Toti!
Toti apareció caminando en el altar. Tenía una amplia sonrisa de satisfacción en el rostro.
TOTI: Elegiste bien.
EMMA: Devolveme a Lucy y te daré la gallina. Antes, no hay chance.
TOTI: De acuerdo.
Hizo un movimiento con la mano a vaya saber Dios quién, pero Lucy apareció liberada desde una punta de la iglesia. Apenas vio a Emma, corrió hacia él abriendo sus brazos.
LUCY: ¡Emma!
EMMA: ¡Lucy! ¿Estás bien?
LUCY: Estoy bien. Ahora estoy bien.
EMMA: Nico, llevate a Lucy afuera.
Nicolás tomó a una Lucy que derramaba lágrimas y estuvo a punto de guiarla hacia la salida del templo.
TOTI: Nadie se mueve de aquí. Me das esa gallina ahora.
HECTOR: ¡No te vas a llevar nada!
Todos se giraron a ver a Héctor quien, arma en alto, apuntaba directamente a Toti.
Si esto podría haber desconcertado al religioso, estaba claro que no había surtido efecto alguno, pues su sonrisa petulante continuaba vigente como si aquello le divirtiera.
TOTI: Vaya, vaya, vaya. Así que esas tenemos. ¿Tu compañerito está aquí?
HECTOR: Manos arriba, Toti. Estás arrestado.
TOTI: ¿No está Cristian? ¿Viniste solo? Pues, qué pena.
Entonces sucedió algo que Emmanuel no consideró que vivió ni en sus mejores momentos de estar bajo los efectos de estupefacientes. Los ojos de Toti adquirieron un tono amarillo que iluminaba la oscuridad que reinaba en el lugar.
De repente, el arma voló de las manos de Héctor como si alguien la hubiera empujado con fuerza. El policía no logró reaccionar a tiempo, pero acto seguido, él salió disparado hacia la pared de la iglesia.
LUCY: ¡Oh, mi Dios!
Emmanuel miró a Héctor en el piso, luego volvió a mirar a Toti, quien no había dejado de mostrar ese perturbador efecto de lo que podía hacer con sus ojos.
EMMA: Diablos, Toti... ¿Qué es lo que sos?
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