Previamente en A las 21 en
CrossFit:
En la noche de Año Nuevo, los chicos
enterraron un cuerpo en el patio de la casa de Ariel, su entrenador. Todo
parece estar bajo control, pero Ariel les recuerda que sólo la novia de la persona
que enterraron puede causarles problemas. Lucila, por su parte, llamó a Carla para contarle lo
destruida que estaba porque Álvaro no aparecía por ningún lado.
Mientras tanto, unas
semanas antes, los chicos lograron hacerse copias de las llaves del depósito para investigar qué es lo que contenía el congelador.
I
La Noche de Año Nuevo
Con un compañero de entrenamiento, uno
genera unos lazos sumamente fuertes. Deposita en él toda su confianza para superarse día a día. Por eso, más allá de que Lucila se fue a
otro gimnasio, el lazo que tenía con Carla continuaba sumamente vigente.
CARLA: Lucila, corazón, necesito que te calmes
y que me cuentes todo lo que pasó.
LUCILA: Álvaro y yo discutimos.
CARLA: Lucy, no debería decírtelo, pero ese muchacho
nunca me cayó bien. Había algo maligno en su mirada. Lo supe desde el primer momento. Fue
mi culpa, porque tendría que habértelo dicho y no dejarme avasallar por tu abandono y traición. Pero lo cierto, es que
esto que te hizo, no es algo que me sorprenda.
LUCILA: Discutimos por mi
culpa.
CARLA: Ah.
Afortunadamente, Lucila
estaba sumergida en su angustia como para haber escuchado algo del discurso de
su amiga.
LUCILA: Lo de siempre. No
quiere entender que no siento nada por mi ex.
CARLA: Claro. Bueno. Lucy,
como buena amiga que soy, sólo me queda acompañarte en este rato de profundo malestar y dolor.
Justo en ese momento, a
Carla le llegó un mensaje al celular.
CARLA: Pero será en otro momento. Tengo
que irme.
Se incorporó para salir de la casa de
su amiga, aunque pensó que quizá debía decirles algunas palabras amables.
CARLA: Sólo quiero que sepas que no
importa que te hayas ido a otro gym. Nosotras seguimos siendo inseparables.
LUCILA: ¿Puedo
irme con vos?
CARLA: No.
La abrazó antes de marcharse.
CARLA: Suerte.
II
6 Semanas Atrás
Darío llegó unos minutos antes del
horario de entrenamiento y se encontró con Vanesa e Ivana esperando.
DARIO: ¿Cómo están, chicas?
VANESA: Bien.
IVANA: Yo estoy pasando el
peor día de mi vida, te juro. Creo que me está por venir.
A Vanesa se le encendieron
las alarmas.
VANESA: ¿Cómo que te está por venir? Mañana es la fecha en que te
viene.
IVANA: Bueno, Vane, a veces
pasa que se me adelanta.
VANESA: ¡No,
Ivana! Al menos aguantá hasta después de medianoche, así las tres seguimos teniendo el período en el mismo día.
DARIO: ¿Cómo pueden sincronizar su
período?
VANESA: El mío es sincronizado. Al de
ellas les falta disciplina.
Ivana abrazó a su amiga para
tranquilizarla.
IVANA: Tranquila. Intentaré que no me venga antes de
la medianoche.
VANESA: Eso espero. Como
forma de asegurarme de que no me mentís, quiero que te quites tu toallita y te la coloques recién después de las 12.
IVANA: Pero... Vane...
VANESA: Sin excusas,
Ivana, vamos.
Ivana, angustiada, se
retiró hacia el baño del gimnasio, al tiempo que Emir llegaba en su nueva moto.
DARIO: ¿Y
esa moto?
EMIR: Me la compré. Estoy cansado de ser un
chico de campo, así que decidí adaptarme a la ciudad.
VANESA: Es muy bonita.
EMIR: ¿Verdad
que sí? Se llama Petulancia.
VANESA: ¡Es
un hermoso nombre!
DARIO: Ustedes saben que
las motos no tienen nombres, ¿verdad?
EMIR: ¿No
tienen? ¿Entonces cómo vienen cuando las llamas?
DARIO: No vienen. Vos tenías que ir hasta ella.
EMIR: ¡Pero
qué invento inútil!
Y toda la felicidad de su
nueva compra, se evaporó en ese instante.
DARIO: ¿Sabías que Vane obliga a las
chicas a tener el período todas juntas?
EMIR: Sí. Lo intentó conmigo también, pero no tengo ovarios.
VANESA: Por ahora, Emir,
por ahora.
Ivana, mucho más animada de lo que entró, salió orgullosa del baño.
IVANA: Bien, todo está en orden. Tomé un sorbo del té de hierbas que te dio ese
extraño chamán al que Vane recurrió por esta idea.
EMIR: Pensé que ese té provocaba terribles
efectos secundarios.
IVANA: ¿Qué me hace un dedo más o un dedo menos en la
espalda?
En ese entonces, una mujer
vestida de negro, con un sombrero que tenía un velo del mismo color, apareció ante ellos.
EMIR: ¿Carla?
CARLA: Así es, chicos. Como Luci
oficialmente ha dejado de pertenecer a nuestro gimnasio, he decidido llevar el
luto en su memoria. Me siento triste y desolada.
Ivana corrió a abrazarla.
IVANA: Te entiendo. Yo
tengo días así.
EMIR: Vos sos un día así.
CARLA: De verdad, siento
que nunca volveré a ser feliz.
En ese momento, salió el entrenador a la
puerta.
ARIEL: Chicos, no les daré la clase de hoy.
CARLA: ¡La
vida es una fiesta! ¡Celebremos!
III
Mientras todos ingresaron
al gimnasio, el entrenador decidió darles unas palabras de despedida.
ARIEL: Voy a estar ocupado
con un grupo de personas más importantes, así que hoy Jose les dará la clase.
EMIR: Me mojé.
Todos miraron a Emir,
quien justo estaba en el dispenser.
JOSE: ¿Te
paso una toalla?
EMIR: Siempre es lo mejor
para secarse.
ARIEL: Bueno, sé que van a estar tristes y
me van a extrañar. Pero hagan lo posible por no pasarla mal sin mí.
Silencio.
ARIEL: Si quieren que me
quede, pueden pedírmelo y yo rechazaré esta reunión por estar con ustedes.
Más silencio.
ARIEL: El momento para
impedir que los abandone es... ¡ahora!
Se podían escuchar las chicharras
desde la otra cuadra.
Ariel se giró hacia la salida, maldiciéndolos.
ARIEL: Malditos
malagradecidos. Encima que me pagan la cuota cuando quieren, se hacen los
inconformes con mi entrenamiento. Pero ya van a ver, cuando...
Finalmente, sus palabras
se perdieron con su ausencia y todos volvieron a interactuar con normalidad.
Jose, sorprendido, miró a la mujer de luto.
JOSE: ¿Vos
por qué estás de negro?
CARLA: Es que mi compañera de entrenamiento se
fue. Mi Luci, ¿entendés? Nadie la va a reemplazar. Así que si hay que hacer
parejas, haré con el Otro Ariel. Necesito algo perturbador y siniestro para
contrastar.
IVANA: No sé de cuál Ariel estás hablando.
Vanesa se acercó hacia Carla para cambiar
de tema de conversación.
VANESA: ¿Podés creer que Ivana casi
tiene su período hoy?
CARLA: ¡Pero
qué indisciplinada!
IVANA: Gracias por
ayudarme.
CARLA: No fui yo. Fue la
boca que me está saliendo en la rodilla. Yo sí tomo el té que Vane nos dio.
VANESA: Así me gusta, Carla.
CARLA: Ojalá el té ayudara con un corazón roto.
JOSE: Perder a un compañero de entrenamiento es
muy triste.
CARLA: Lo mismo le dije a
Ariel.
JOSE: ¿Y
qué te dijo él?
CARLA: Me dio su figura de
cartón para consolarme.
Jose torció la boca, aunque no emitió juicio de valor.
JOSE: Hagamos algo más significativo.
Enterremos a Lucy.
EMIR: ¿Viva?
JOSE: No, simbólicamente. Aunque hay un
sarcófago en el depósito que podemos usar. Esperen aquí. Darío, ayudame.
Le hizo señas a Darío y ambos se perdieron
escalera abajo.
EMIR: ¿Hay
un ataúd en el depósito y nosotros perdimos la cabeza por un congelador? Deberíamos haber visto un poco más de Detective Conan.
VANESA: Esto es bueno.
Porque cuando haya que guardar el sarcófago, podemos acceder al congelador sin despertar
sospechas.
IVANA: Es una suerte que
el sufrimiento de Carla venga de diez con tus planes.
VANESA: Ay, la verdad es
que sí. Aunque me parte el alma verla entrenar con el Otro Ariel.
EMIR: Y eso que no la
viste jugando al subibaja con él. Eso fue más triste aún. Ella nunca podía subir. Me partió el corazón.
Darío y Jose aparecieron en el
salón portando un ataúd de madera, aunque no tenía la tapa.
JOSE: Nos faltaría la tapa nada más.
IVANA: ¿Por
qué no está la tapa? Perdón, vamos de nuevo. ¿Por qué había un ataúd en el depósito?
JOSE: Porque Ariel lo dejó aquí. Quiere ser velado en el
gimnasio y nunca compró la tapa porque consideró que estando muerto igual iba a ser muy bonito.
IVANA: Me quedo con la
parte de que él muerto es algo muy bonito.
JOSE: No fue lo que dije.
IVANA: Fue lo que escuché y con eso me basta.
VANESA: Bueno, Emir, vamos
a ir a comprar una tapa en tu caballo azul.
DARIO: Moto.
VANESA: Lo que sea.
Aceleremos el proceso, porque me doy cuenta que en este grupo utilizan
cualquier excusa con tal de no entrenar.
Justo en el momento en que
Vanesa y Emir salieron, Emma apareció.
EMMA: ¿Qué está pasando acá? ¿A
quién velamos?
CARLA: A Lucy, Emma. A mi
pequeña Lucy.
EMMA: ¿A
Lucy? ¿Qué le pasó?
CARLA: ¡Se
nos fue!
Emma y Carla se abrazaron
a punto de echarse a llorar.
EMMA: ¡No!
¡Lucy no! ¿Por qué no se murió Mauro?
IVANA: Porque él no está en esta historia, Emma.
EMMA: ¡Lucy!
¡Yo la quería tanto!
CARLA: Todos estamos sufriendo
el mismo dolor. Así que podés llorar con confianza.
Entonces, sin retrasar sus
emociones, ambos comenzaron a llorar escandalosamente. El entrenador del
momento, Jose, miró al resto de sus alumnos.
JOSE: ¿No
deberían decirle al chico que en realidad no murió?
IVANA: Si fuéramos un grupo de personas
que dicen las cosas cuando deben, ninguna situación absurda nos pasaría.
IV
La Noche de Año Nuevo
Carla salió de la casa de su antigua
amiga y aceptó la llamada de Vanesa. Se dio cuenta al instante que la puso en el
altavoz y que todo lo que dijera, seguramente lo escucharían el resto de sus compañeros.
Pero ella estaba feliz
porque había llegado a una brillante conclusión.
CARLA: Acabo de estar con
Lucy. Después de ser su compañera durante tanto tiempo, creo que exageré un poco respecto a cómo me tomé su partida.
VANESA: ¿Vos
decís?
IVANA: ¿Un
poco?
EMIR: Y te está juzgando Ivana, ¿eh?
CARLA: ¿Qué tal ustedes?
VANESA: Ya terminamos todo
acá. ¿Vas
para la fiesta?
CARLA: Voy en breve. Antes
tengo que hacer una pequeña parada.
Y antes de que le
preguntaran donde, cortó el teléfono.
V
6 Semanas Antes
El caballo azul de Emir se
detuvo en un sonido ahogado. No volvió a encenderse de nuevo.
VANESA: Creo que se quedó sin energía.
EMIR: Es muy raro. Le di
de comer ayer.
VANESA: Ni modo. Tendremos
que ir hasta la estación de servicio.
Caminaron un par de
cuadras hasta que finalmente llegaron al lugar.
PLAYERO: ¿Cuánto van a cargar?
EMIR: Hasta que se llene y
comience a relinchar de nuevo.
El playero se mostró confundido a la hora de
ver el tanque.
PLAYERO: Tu tanque está lleno de pasto.
EMIR: Sí, esa es la boca, ¿no? Por ahí le di de comer. No quiero quedar como un idiota ante Darío. Sabía que la moto no iba a
comer por la rueda.
El playero miró a Vanesa esperando una
explicación, a lo que ella simplemente se limitó a negar con la cabeza.
VANESA: Estas cosas sólo refuerzan el
estereotipo sobre los pueblerinos. Espero que Carla sepa comportarse mejor.
Al mismo tiempo, pero en
el gimnasio...
CARLA: Y ahora, todos
elevamos nuestra pierna izquierda por encima de la cintura, elevamos el brazo
derecho y gritamos "¡Aaahhh lalalalalalala!"
como Xina.
TODOS: ¡Aaahhh
lalalalalalala!, como Xina.
Carla puso sus manos en
actitud orante.
CARLA: Y así, despedimos a nuestros
muertos en mis tierras.
IVANA: No sé cuál parte fue la que me gustó más. Si la de bailar
desnudos mientras nos azotábamos con alambre de púas o la de amasar un pato virgen para degustar su sangre.
CARLA: Y para culminar,
nos rociamos con el semen de un hombre fortachón.
Todos se quedaron en
silencio.
DARIO: De acuerdo, seré ese hombre...
IVANA: ¡Esperá un segundo!
Ivana detuvo a su amigo
antes que se bajara los pantalones.
IVANA: Tenemos dos hombres
fortachones en nuestro grupo. Darío y Jose. ¿Cómo sabremos cuál es el correcto?
EMMA: ¿Por
qué no me consideraste a mí?
Ivana parpadeó un par de veces.
IVANA: Mala mía.
JOSE: Yo creo que esto ha
ido demasiado lejos.
IVANA: ES bueno que lo
menciones, considerando que todo esto fue tu culpa.
Justo en ese instante,
Vane y Emir aparecieron con la tapa que faltaba para el sarcófago.
VANESA: Trajimos la tapa. ¿Podemos entrenar ya?
CARLA: Llegaron a la parte
final del ritual de despedida.
EMIR: ¿La
parte del semen? ¡Genial!
EMMA: No puedo creer que
Ivana no me consideró como un hombre fortachón. Emir, ¿acaso vos me considerás apto para rociarte con
mi semen?
EMIR: ¿No
me vas a invitar a comer antes?
JOSE: Creo que es una
parte que, de todos modos, nos podemos saltear.
IVANA: Por favor, ya tuve
demasiadas costumbres campestres por un día. ¡Darío! ¡Por
todos los cielos! ¡Dijimos que no lo íbamos a hacer!
JOSE: ¿Podemos
guardar el ataúd en el depósito?
EMMA: ¿En
el depósito? ¡Ustedes quieren guardar a Lucy en
el depósito! Ella no puede quedar olvidada en un sótano. Su alma era tan
noble, que lo mínimo que se merecería es que la dejemos en la vereda de nuestro gimnasio, para
que todo el mundo sepa que ella perteneció a nuestro grupo.
IVANA: Si las costumbres
del campo son raras, las de la ciudad no son mejores... ¡Darío! ¡Que
la cortes!
VANESA: Nosotros vamos a
llevar el ataúd abajo. Carla y Emma están sufriendo mucho para esto. Y además es mejor si Darío tiene las dos manos
ocupadas.
Vanesa, Ivana, Darío y Emir descendieron al
depósito y guardaron el sarcófago.
VANESA: Tengo que
contarles algo. Estábamos en la estación de servicio, alimentando a la moto de Emir...
EMIR: Con nafta, porque
darle pasto sería una estupidez.
VANESA: Cuando vi a uno de
mis viejos compañeros de entrenamiento. En efecto, el gimnasio que abrieron existe.
IVANA: ¡Entonces
están vivos! Me siento un poco decepcionada, porque pensé en encontrar los restos
de los cadáveres en el congelador.
EMIR: Aun así, no quita que el
congelador fuera muy sospechoso. Así que ya que estamos, descubramos qué había dentro.
DARIO: Ojalá pudiéramos, pero el congelador
ya no está.
Los cuatro comenzaron la búsqueda por el lugar y
descubrieron que efectivamente el gigantesco aparato eléctrico había desaparecido.
IVANA: El muy cretino lo
sacó.
VANESA: Entonces realmente
está escondiendo algo ahí.
DARIO: Pero, ¿a dónde se lo llevó?
VI
La Noche de Año Nuevo
Carla estudió el rostro asustadizo de
su compañero cuando él la dejó pasar a su casa.
CARLA: Qué conveniente tu mensaje.
Justo estaba con Lucy.
EMMA: ¿Ella
se encuentra bien?
CARLA: No, claro que no.
Su novio ha desaparecido, ¿cómo pretendés que esté bien? Sólo necesito que esta noche
termine. ¿Y bien?
Emma asintió y la dirigió hasta el garaje de su
casa.
EMMA: Está aquí.
Carla torció la boca al ver el gigante
congelador que antes estaba en el depósito del gimnasio.
CARLA: Lo tuviste todo
este tiempo.
EMMA: Los chicos no van a
pensar que soy un traidor, ¿no?
CONTINUARÁ...
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