I
La Noche de Año Nuevo
Hay una teoría muy popular que expresa que tu estado de ánimo durante el 1 de enero, definirá el resto de los 364 días del año. Hubiera sido muy sensato que nadie se los comunique a los cuatro jóvenes que paseaban entre las sombras, cargando un cuerpo sin vida envuelto en una alfombra roja.
Allí estaban Emir Cazenave, Ivana Océanos, Vanesa Ramírez y Darío Fresco.
No eran amigos íntimos. Sólo compañeros de entrenamiento.
Ivana, fiel a su costumbre, fue la primera en romper el silencio.
IVANA: Me quiero morir. Esto no puede estar pasando.
EMIR: Ya tenemos un muerto. No necesitamos otro.
VANESA: ¿Podrían ser más sutiles?
IVANA: Claro, porque ver a cuatro personas transportando un cadáver es el colmo de la sutileza.
VANESA: Nadie nos está viendo. Por favor, llamate al orden.
IVANA: ¡No puedo creer que me pase una cosa así a mí! ¡Finalmente soy abogada! Tardé años en esta carrera. ¿Me hicieron una nota por eso? ¡No! Me van a hacer una nota por el crimen que cometí. ¡Voy a ser conocida como la abogada homicida!
EMIR: Pero ni siquiera estás matriculada.
IVANA: Cariño, de eso la prensa no se enterará.
Los chicos llegaron hasta la camioneta de Darío.
DARIO: Vamos a ponerlo en la parte de atrás.
Ivana soltó el cuerpo y los tres restantes perdieron el equilibrio del cadáver.
IVANA: ¿Podemos pensar esto un segundo? Piensen en todo lo que vamos a perder en la cárcel. ¡El único que la va a pasar bien allí es Emir!
EMIR: ¿Por qué yo?
IVANA: Bueno, porque sos gay. Y vas a tener sexo todos los días.
EMIR: Ni siquiera puedo comenzar a explicar lo ofensivo que resulta lo que acabás de decir.
IVANA: Oh, es que estamos por deshacernos de un cuerpo. Perdón si no mido mis palabras.
EMIR: ¿Acaso siempre estás escondiendo un cuerpo?
IVANA: Piensen un segundo, por favor. No vamos a poder ejercer nunca nuestras carreras. Yo soy abogada. Vane es contadora. Emir es profesor. Darío es...
DARIO: Yo atiendo un kiosco.
IVANA: Ah, bien. Bueno. No vas a poder atenderlo desde la cárcel.
En ese momento, Vanesa dejó su parte del cadáver y se acercó hacia la chica.
VANESA: Ivana, esto me va a doler más a mí que a vos.
Y sin decir más, le dio vuelta la cara de una cachetada.
IVANA: ¡Hija de la re mil! ¡Aaaay! ¿Te está doliendo?
VANESA: No. De hecho, me siento mejor.
EMIR: Yo me siento un poco triste. ¿Puedo probar?
DARIO: Todos podremos golpear a Ivana después. Ahora vamos.
Dejaron el cuerpo en la parte de atrás de la camioneta y se dirigieron hacia las puertas de adelante. Darío se subió en el asiento de conductor mientras que Ivana elegió el asiento de acompañante. Vanesa y Emir se sentaron en los asientos de atrás.
IVANA: No habrá marcha atrás una vez que hagamos esto. Les aviso. ¡Oh, cómo extraño cuando éramos inocentes!
EMIR: ¿Por qué no va Ivana con el cadáver?
IVANA: No me pienso ir en la parte de atrás con el cuerpo.
EMIR: ¿Entonces puedo ir yo?
VANESA: Es mejor si lo custodiamos.
IVANA: ¿Pero qué piensan que va a hacer?
Pero ni Emir ni Vanesa la escucharon. Salieron del asiento y prefirieron ir en la parte de atrás. Darío arrancó la camioneta y emprendió la marcha.
II
Hace 2 Meses Atrás
Lunes, 20:53
Ivana descendió de su moto frente al gimnasio. El grupo de las 20 todavía estaba entrenando. Darío, por su parte, estaba comiendo una manzana en la vereda todavía sin estar vestido con ropa deportiva.
IVANA: ¡Darío! ¿No te vas a cambiar?
DARIO: Mientras ustedes corren.
IVANA: Pero cuando nosotros corremos, vos también deberías correr.
DARIO: No me gusta correr, por eso me cambio cuando ustedes corren.
IVANA: Ah.
DARIO: ¿Y Sergio?
IVANA: Dejá, ni me hables de él.
DARIO: Bueno.
IVANA: Es un estúpido, Darío. Todo el fin de semana estuvo enojado porque no llegaba el celular que pidió. ¡Un celular que no necesita de 20 mil pesos! Pero él quería ese celular porque el que le salió 16 mil ya estaba muy pasado de moda. Entonces estuvo actualizando la página de seguimiento cada tres minutos durante todo el fin de semana, para ver si por casualidad ponían información nueva. La cual, obvio, no lo iban a hacer porque era fin de semana y a nadie le importa realmente su producto. Y hoy finalmente llegó el puto celular y no quiso venir a entrenar porque prefería quedarse jugando con el aparatito nuevo. Entonces le dije: "¿Sabés qué?, hacé lo que quieras". Y me vine. Porque no se puede con él. Así que no me hagas hablar de eso porque estoy re caliente.
DARIO: Bueno.
En ese momento, una amiga de ambos llegó.
LUCILA: ¡Hola, chicos!
Como era característico de Lucy Love, ambos tuvieron que saludarla con un abrazo.
IVANA: Hola, Lucy.
LUCILA: Los extrañé.
DARIO: Lucy.
LUCILA: Darío, ¿no estás muy formal para entrenar?
DARIO: Ya me voy a cambiar.
LUCILA: (a Ivana) ¿Y Sergio?
IVANA: Dejá. No me hagas hablar de él porque estoy re enojada.
LUCILA: Uh, Iva. ¿Se pelearon?
IVANA: No, no nos peleamos. Él estuvo de mal humor todo el fin de semana porque...
DARIO: ¡Allá vienen los chicos!
Ivana interrumpió su soliloquio justo en el momento en que el grupo, mejor conocido como Los del Campo, llegaron. Emir, Vanesa y Carla Neuquén arribaron al gimnasio en su característica carreta tirada por dos caballos. Como siempre se turnaban para atar los potrillos, esta vez le tocaba el turno a Vanesa, así que los otros dos chicos fueron a saludar a sus amigos que ya aguardaban el horario.
CARLA: Creo que Federico está enfermo. Hace varios días que viene funcionando mal. Si se quebró o algo así, tendremos que sacrificarlo. Está viejo, de todas maneras. Me parte el alma verlo así.
IVANA: A mí me duele el tobillo.
EMIR: Tendremos que sacrificarte también.
En ese momento, mientras lamentaban el estado de salud del caballo, un muchacho que nadie conocía estacionó su moto frente al gimnasio. Como era un grupo poco sutil a los intrusos, todos se quedaron mirando al forastero sin decir ninguna palabra.
LUCILA: Bueno, ahora que estamos todos, tengo un anuncio importante que hacer. Hoy mi novio va a comenzar a entrenar con nosotros. Les presento a Álvaro.
21:00
Álvaro cordialmente saludó a todos los chicos. Carla, que era la compañera de entrenamiento de Lucila, apartó a su amiga gentilmente de la multitud.
CARLA: Que tu novio comience a entrenar en nuestro grupo, ¿significa que vas a dejar de entrenar conmigo?
LUCILA: No, tonta, claro que no. Aunque creo que tengo que ayudarlo hasta que se sienta cómodo.
CARLA: Lucila, ¿de dónde salió este chico? Me caía mejor tu novio anterior... Robus.
LUCILA: ¡Carla! ¡Robus no era mi novio, era mi hermano!
CARLA: ¿Y qué tiene?
LUCILA: ¡Qué no puedo ser la novia de mi hermano!
CARLA: ¿No se puede? Las reglas en el campo son menos estrictas. Está bien, si vas a abandonarme, me buscaré un nuevo compañero que no tenga nada que ver con vos.
Ofendida, se dirigió hacia Emir.
CARLA: De ahora en más, vas a ser mi nueva Lucy.
EMIR: ¿Por qué? ¿Porque soy gay?
21.03
Y en ese momento, salió Ariel Villavieja, el entrenador, a la vereda donde estaban todos.
ARIEL: ¿Necesitan una invitación formal para que entren?
IVANA: Pensamos que todavía no te desocupabas con el grupo anterior.
ARIEL: Pero ustedes no saben ver la hora. Ya pasaron tres minutos de que inició su horario. Si quieren quedarse a vagar, se hubieran quedado en sus casas. Acá se viene a entrenar.
Los chicos, acostumbrados a la mala onda del entrenador, ingresaron al gimnasio. Vanesa, que había terminado de atar los caballos, se unió a ellos.
ARIEL: Oh, Vanesa, qué suerte que estás acá. Quiero que te ocupes de la clase que tengo que hacer cosas.
VANESA: Pero yo vine a que me entrenes, no a entrenar al resto.
ARIEL: ¿Tanto te cuesta hacerme un miserable favor? Después de todo lo que yo hago por vos.
VANESA: ¿Qué es lo que hacés por mí?
ARIEL: Tantas cosas, Vane, que si te las tengo que enumerar, te vas a sentir mal. Y no quiero hacerte sentir mal porque estoy acá para motivarte. No importa, esta será la oportunidad perfecta de sacar a relucir el otro Ariel. Así que escuchen, chicos, les voy a explicar el WOD y el otro Ariel será el encargado de vigilarlos.
DARIO: ¿Qué es el otro Ariel?
EMIR: ¿Por qué hay otro Ariel en el mundo?
CARLA: Pueden haber miles de Arieles, pero sólo habrá una Lucy.
IVANA: Justo cuando pensaba que mi día no podía estar peor.
Entonces Ariel entró al pequeño depósito del gimnasio y extrajo una figura de cartón de él mismo. El Otro Ariel posaba con los brazos en forma de jarra, vestía un traje blanco de artes marciales y sonreía triunfalmente.
EMIR: ¡Crista Jesusa!
IVANA: No... Lo... Puedo... Creer.
VANESA: ¿En qué momento hiciste una cosa así?
ARIEL: Hace unos meses, pero a mi mujer no le causó gracia. Se ofendió cuando llegó antes de un viaje y me descubrió con el Otro Ariel durmiendo en la cama. Así que me obligó a que lo tire. Pero no puedo tirarlo. ¡Es tan lindo! ¿No les parece?
Nadie dijo nada.
ARIEL: Bueno, así que él los vigilará mientras yo no estoy.
LUCILA: Me voy a sentir más custodiada.
Y justo en ese momento, Álvaro abrazó a su novia. Carla, a la distancia, miró la escena y se le partió el corazón.
CARLA: Quizá tenga que hacerme una figura de cartón de Lucy.
21.53
Estaban a punto de pasar a los estiramientos cuando Emir percibió que Darío lo llamaba desde los baños del gimnasio. Se dirigió hasta su amigo.
DARIO: Tengo una curiosidad.
EMIR: ¿Una hetero-curiosidad?
DARIO: ¿Qué? No. ¿Viste que Ariel sacó al Otro Ariel del depósito? Ni siquiera sabía que teníamos un depósito aquí. Y ahora que Ariel no está, podemos investigar. Y como el Otro Ariel está controlando a los chicos, no nos va a delatar.
EMIR: ¿Sos consciente que el Otro Ariel es un pedazo de cartón, no?
Pero Darío ya no lo escuchaba, sino que se dirigió entusiasmado hacia la puerta del depósito. Emir lo siguió, sin darse cuenta que Vanesa e Ivana aparecieron detrás de él.
VANESA: ¿Qué hacen?
EMIR: Darío tenía una curiosidad.
IVANA: ¿Una hetero-curiosidad?
EMIR: No, ojalá. Quiere que entremos al depósito.
DARIO: ¡Es un sótano! Tiene escaleras.
IVANA: ¿Hay un sótano en este gimnasio? Yo pensé que no podía caer más bajo.
VANESA: Creo que debemos entrar. Esto puede tener relación con lo que les sucedió a los anteriores.
EMIR: ¿De qué estás hablando? ¿Qué anteriores?
VANESA: Ustedes son nuevos, no van a saberlo, pero antes de que este grupo de las 21 se forme, existía otro. Yo pertenecía también a ese grupo. Eran unos chicos muy apasionados por el CrossFit. Hasta ganaron muchos premios por competir. Pero un día, desaparecieron sin dejar rastros.
Hace 1 Año Atrás
Lunes, 21.06
Vanesa Ramirez y Juan Lunes volvieron a incorporarse a la rutina de CrossFit después de dos semanas de vacaciones en el sur del país. Juan intentaba tranquilizar a su novia, justo después de que descubrieron que aprobaron su examen para ser aviador.
JUAN: Quiero que te quedes tranquila, Vanesa. Los aviones, son como aves, pero mucho más útiles porque llevan personas.
VANESA: Sé lo que son los aviones, Juan.
JUAN: Bueno, perdón si te ofendo, después de que te quejaste de que mi auto no era tan alto como tu tractor.
Pero Vanesa ya no lo escuchaba. Se sorprendía que el horario de las 21 se encontraba vacío.
VANESA: Esto es muy extraño. No hay nadie aquí.
JUAN: Es verdad. ¿Dónde están todos? ¿Habrán ido a entrenar a alguna plaza?
Entonces escucharon un grito desde el fondo del gimnasio. Ambos entraron con preocupación y se dirigieron hacia el sector de los baños. Allí, saliendo del depósito, se toparon con el dueño, Ariel.
ARIEL: Chicos.
VANESA: ¡Ariel! ¿Qué hacés acá?
ARIEL: De ahora en más, voy a ser su entrenador.
Juan y Vanesa intercambiaron una mirada de confusión.
JUAN: ¿Vos? ¿Qué pasó con nuestro otro entrenador? ¿Y con nuestros compañeros?
ARIEL: Ellos... Se fueron. El entrenador anterior abrió un nuevo gimnasio y se los llevó a todo. De ahora en más, yo me haré cargo del horario de las 21.
VANESA: ¿Se fueron todos? ¿Al mismo tiempo?
ARIEL: No quiero hablar de eso. Vamos a entrenar.
Presente
Lunes, 21.57
Emir, Darío e Ivana escucharon en silencio la historia de Vanesa.
VANESA: A partir de ahí, nunca más supe sobre ellos. Ni supe dónde era el famoso gimnasio que en teoría abrieron.
DARIO: Yo conocía a esos chicos, aunque yo siempre venía por la siesta. Es cierta la historia de Vanesa. Un día desaparecieron y no volvieron más.
IVANA: Entonces, ¿por qué entraríamos a un sótano donde la gente desaparece?
EMIR: Tal vez sea un portal a otra dimensión. O exista una máquina que transforme a la gente en personas pequeñitas.
Todos lo miraron.
EMIR: ¿Qué pasa? Me gusta leer además de cazar gallinas para la cena.
VANESA: La verdad es que yo siempre quise descubrir qué pasó con ellos. Y creo que está relacionado con este depósito. Así que es mejor si entramos.
Los chicos descendieron por las escaleras de madera. Abajo, apenas era iluminado por un foco amarillo y la ténue luz no alcanzaba para iluminar bien el lugar. Una vez debajo, comenzaron a inspeccionar.
IVANA: Vi muchas películas de terror como para saber que nada bueno sale de esto. Y yo soy la de las super-tetas, así que seguro soy la primera en morir.
DARIO: No hay mucho para ver. Hay restos de elementos de CrossFit. Estos costales de box. Estas plantillas para...
EMIR: Y un freazer. ¿Qué hace un freazer aquí debajo?
Todos se dirigieron hacia el aparato eléctrico. Todavía funcionaba. Vanesa se acercó y vio que estaba con un candado puesto.
IVANA: Tal vez aquí esconde el agua fría que nunca nos da el dispenser.
VANESA: Emir tiene razón. Hay mucha basura acumulada, pero el freazer no tiene sentido.
IVANA: El candado tampoco.
Un ruido en la parte superior los alertó.
VANESA: Es mejor si subimos. Si Ariel llega a venir, va a notar nuestra ausencia.
IVANA: Teniendo en cuenta que hoy éramos siete, creo que lo percibirá.
Subieron las escaleras nuevamente y allí se encontraron cara a cara con El Otro Ariel.
TODOS: ¡Aaaaahhhh! ¡Tiene vida! ¡Es diabólico!
El cartón se movió, sólo para correrse unos centímetros y que se den cuenta que estaba siendo manipulado por el verdadero Ariel.
ARIEL: ¡¿Pero qué les pasa?!
TODOS: ¡Aaaaahhhh! ¡Tiene vida! ¡Es diabólico!
Lunes, 22:07
Los cuatro chicos se encontraban ya en las alturas.
ARIEL: ¿Qué hacían allá abajo?
DARIO: Yo tenía curiosidad.
EMIR: Nada gay. Sólo genuina curiosidad.
ARIEL: Ese depósito es una mugre. Ya voy a hablar con los otros entrenadores para que vengamos a limpiarlo. Se podrían haber lastimado, chicos. Pueden haber ratas allí abajo. O cosas muertas.
Todos intercambiaron una mirada mientras el dueño del local echaba llave a la puerta del depósito.
IVANA: ¿No vas a guardar al Otro Ariel?
ARIEL: Iba a hacerlo, pero me di cuenta que soy demasiado lindo para estar encerrado bajo tierra. Así que tengo un plan, se los diré a todos.
Los cuatro se unieron con Carla, Álvaro y Lucila para escuchar el nuevo plan de Ariel.
ARIEL: De ahora en adelante, voy a elegir al mejor de la semana para que pueda llevarse al Otro Ariel. ¡Sí! Van a tener un yo con ustedes por una semana. ¡Dichosos los de las 21 porque ustedes son los que van a salir beneficiados!
Todos se quedaron boquiabiertos, incapaces de responder.
ALVARO: Yo no creo que pueda participar. Yo en realidad, pertenezco a otro gimnasio.
CARLA: ¡Lo sabía!
LUCILA: Claro que lo sabías, tonta, si yo te lo dije.
CARLA: Ah, cierto.
ALVARO: Pero vine hoy porque Lucila, mi novia, me pidió que pruebe entrenando aquí. Y por más buena que sea la figura de cartón, creo que voy a continuar en mi otro gimnasio.
LUCILA: Y yo le dije que si no le gustaba, iba a irme con él.
CARLA: ¡¿Qué?!
IVANA: Eso no lo sabías, ¿no?
LUCILA: Tranquila, Carla.
CARLA: Dejame sola, Lucy. En estos momentos sólo quiero un abrazo de mi caballo.
Y Carla se fue llorando a abrazar a los potrillos mientras el resto se preparaba para marcharse. Como Álvaro y Lucila se fueron, los cuatro volvieron a quedar a solas.
VANESA: Vi dónde guardó las llaves del depósito. Es un manojo, así que seguro tiene las llaves del candado del freazer allí.
DARIO: Tenemos que venir en un momento en el que él no está.
IVANA: No sé qué me resulta más terrorífico: lo que fuera que encontremos en el freazer o ganarme por una semana al Otro Ariel.
EMIR: Bueno, creo que es mejor venir en un horario donde estén los otros entrenadores. Con ellos, va a ser más fácil.
Dos Meses Después - La Noche de Año Nuevo
La camioneta de Darío estacionó frente a una casa y los chicos descendieron de la camioneta. Vanesa se acercó a Ivana.
VANESA: ¿Estás más tranquila?
IVANA: Claro que estoy tranquila. Yo soy abogada y tengo carácter para este tipo de cosas.
Darío y Emir se dirigieron a llamar a la puerta de la vivienda que fueron a visitar.
EMIR: Ahora que lo analizo en retrospectiva, quizá no debimos hacerte caso cuando tenías una curiosidad.
DARIO: Sí, fue una mala idea.
La teoría que habla sobre tu estado de ánimo durante el resto del año, también es aplicable a las personas que ves durante ese día. Como consejo, no veas a nadie que no quieres.
Del otro lado de la puerta, escucharon los apresurados pasos de alguien que corría a abrirles. Cuando finalmente se toparon con la otra persona, notaron que estaba igual de asustados que ellos.
ARIEL: ¿Los vio alguien?
Darío y Emir negaron la cabeza.
ARIEL: Bien, pasen por el patio. Lo vamos a enterrar allí.
CONTINUARÁ...
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